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Raúl Rivero

Puro teatro

Por su interés, reproducimos este artículo del conocido disidente cubano Raúl Rivero, publicado originalmente en cubaencuentro.com


Me han contado que en el mundo, entre las ruinas de la guerra fría, funciona una red de comunicación que permite a millones de personas leer los diarios de otros países, debatir temas, conocer holgadas fuentes de avances científicos y, en una palabra, enterarse de todo.

Me contaron también que hay un invento que llaman correo electrónico con el que se intercambian mensajes de un confín a otro del universo.

Y en ese desfile de obsequiosas confidencias supe que, en la mayoría de las naciones del planeta, las personas pueden viajar y volver a su patria, se les permite salir de vacaciones, asistir a eventos y visitar a sus amigos tanto en el extranjero como en el interior del país.

Me dijeron que por aquellos parajes se respeta el albedrío personal y que, por tanto, un hombre, cualquier hombre, puede expresar y publicar sus opiniones políticas, puede exponer su filosofía de la vida, puede reunirse con otros que piensen como él y fundar una revista o una institución.

Se dice que allá afuera hay sitios donde los padres pueden elegir qué tipo de educación recibirán sus hijos y que familias enteras tienen, incluso, un negocio particular sin que el gobierno o los gobiernos intervengan.

Llegan rumores a estas playas sobre algo así como elecciones cada cierto tiempo donde la gente puede cambiar los gobernantes de más alto nivel y los alcaldes y los parlamentarios.

Se insiste en que los medios de comunicación escriben -ya eso cuesta más trabajo creerlo- en ocasiones, críticas al partido en el poder y enjuician la labor de los ministros y funcionarios, meten en sus páginas graves asuntos sociales, los problemas de las minorías, de los marginales y reseñan paros obreros y protestas cívicas.

Se comenta que hay países donde los nacionales pueden entrar a los hoteles igual que los extranjeros y, en esos extraños pueblos, los ciudadanos tienen derecho a visitar centros turísticos.

¡El colmo!, me aseguran que en casi todo el mundo se puede disentir de las autoridades sin ir al exilio ni a la cárcel y que hay partidos y grupos de oposición que tienen medios de prensa que defienden sus puntos de vista y no se les considera propaganda enemiga, ni siquiera se les acusa de estar al servicio de una potencia extranjera.

Ahora, oigan esto: dicen que por allá se puede hacer críticas al gobierno y no por eso se considera al individuo un traidor a su patria o un mercenario. Ah, y que si alguien lo ataca puede echar mano de un asunto que definen como derecho de réplica.

Bueno se dicen muchas cosas. Yo soy escéptico y como el gobierno no me deja salir no tengo oportunidad de verificar esas versiones delirantes sobre la libertad y los derechos.

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