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Raúl Vilas

Rajoy, el opositor

Hace tiempo que tengo la sensación de que Rajoy vive en una realidad paralela –una especie de matrix arriolesco– en la que decir chuches, guay, chachi… y escuchar a Pitingo es de lo más moderno y transgresor.

Raúl Vilas
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El PP no es el partido de la oposición, o no ejerce como tal, pero sí lo es de opositores: Rajoy, registrador de la propiedad; Soraya y Cospedal, abogadas del Estado. Esto no es bueno ni malo, pero sí podría explicar algunas cosas. A veces parece que confunden las elecciones con unas oposiciones y, lo que es peor, al rebaño ibérico con un tribunal –que tampoco es que sean modélicos en este paraíso del fraude, el enchufe y dedazos varios. Rajoy es un parlamentario notable, sus intervenciones son brillantes casi todas, aunque no estaría de más que a la hora de votar fuese consecuente. Vimos cómo en la tribuna del Congreso clamaba, con razón, contra el FROB para que después el PP lo apoyase. Lo mismo con los 400 euros, un disparate descomunal en el debate, un sí en la votación. Si hablásemos de una opinión pública desbelenestibizada semejantes incoherencias ya le habrían desacreditado como político fiable. Pero en la España actual eso es secundario. Lo que ocurre en el Congreso, en parte por méritos propios al carecer de representatividad real y por el nivel de sus inquilinos, ha ido perdiendo influencia a pasos agigantados. En la pasada legislatura, Rajoy y su grupo, con Zaplana y no Soraya –¡qué diferencia!–, machacaban al Gobierno en cada sesión, y ya vimos de qué les sirvió. 

Y en estas resulta que el líder del PP se va a encerrar una semana para preparar el debatito del próximo miércoles. Que necesite tanto entrenamiento –¿le pondrán Moragas y Lassalle la música de Rocky?– tal y como están las cosas es ya preocupante. Pero que diga que "marcará un antes y un después" y que será "aún más importante que el Debate sobre el Estado de la Nación" es alarmante porque confirma que mi paisano no está bien de la chaveta. Como todo el mundo sabe, el país se paraliza cada año para seguir el Debate sobre el Estado de la Nación. Mientras todo se va al carajo, este tipo cree que los españoles estamos en vilo ante tamaño acontecimiento. Un debate planetario que diría Pajín. Hace tiempo que tengo la sensación de que Rajoy vive en una realidad paralela –una especie de matrix arriolesco– en la que decir chuches, guay, chachi... y escuchar a Pitingo es de lo más moderno y transgresor; en la que Lisa Simpson –personaje creado deliberadamente para caricaturizar a los progres yanquis– encarna los valores del PP; en la que hacer oposición es ayudar al Gobierno; en la que, en definitiva, él será el próximo inquilino de La Moncloa. Claro que las fronteras entre lo real y lo virtual son muy difusas, cualquiera sabe.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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