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¿Por qué tanta admiración por dictadores populistas?

Mi pregunta a sociólogos y psicólogos es por qué tantos miles de estudiantes universitarios caen embobados ante el discurso de un dictador cuyo régimen comete crímenes espantosos con total irrespeto a derechos inalienables.

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La reciente cumbre de Mercosur en Córdoba, en la que formalmente Venezuela se integró al bloque, propició una multitudinaria tribuna al discurso del gran dictador latinoamericano Fidel Castro.

Castro supo capitalizar la cercanía a Estados Unidos, convirtiendo su revolución de hace 48 años en una lucha permanente contra el país más poderoso del mundo. Mantuvo el uniforme de combate y el lenguaje militar, se alineó con uno de los regímenes totalitarios más sanguinarios del siglo XX y al notar que quienes lucharon codo a codo con él en Sierra Maestra exigían democracia y república, inició una feroz persecución política que envió a los auténticos próceres de la revolución al paredón de fusilamiento o a la cárcel durante décadas.

Una muestra reciente de su brutalidad fue la llamada "Primavera de Cuba": el 18 de marzo de 2003 fueron detenidos simultáneamente 75 disidentes políticos, sometidos a juicios sumarios y condenados a penas de hasta 26 años de prisión. Ello provocó que varios disidentes intentaran escapar, lo que produjo dos graves episodios: uno fue el intento de desviar un avión hacia Estados Unidos, que le valió a Leudis Arce Romero, José Ángel Díaz Ortiz y Jorge Luis Pérez Puentes la condena a prisión perpetua. El otro hecho, de mayor gravedad, ocurrió el 2 de abril de ese año, cuando un grupo de personas improvisó la toma de un trasbordador en La Habana para irse hacia Miami. Fueron de inmediato detenidos, y tras un juicio sumario que con dos apelaciones incluidas duró ocho días, Bárbaro Sevilla García, Lorenzo Copello Castillo y Jorge Luis Martínez Isaac fueron condenados a muerte y fusilados. Esa orden fue confirmada por el propio Fidel Castro, como presidente del Consejo de Estado.

Entre los 75 condenados en el episodio del 18 de marzo recordamos los casos de Alfredo Felipe Fuentes, condenado a 26 años de prisión por tener material "subversivo" que incluía 45 ejemplares de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" y otros libros sobre el tema; Manuel Ubals González y Juan Carlos Herrera Acosta, condenados a 20 años de prisión por poseer ejemplares de la misma declaración y otros tantos del "Proyecto Varela", iniciativa tendiente a la apertura democrática de Cuba, la legalización de los partidos políticos y el llamado a elecciones. La sentencia que condenó a Omar Moisés Ruiz Hernández a 18 años de prisión, tras el secuestro de su biblioteca personal, señala que "la totalidad de estos materiales son publicados con la finalidad de brindar información sobre: ‘Transiciones hacia la Democracia’, ‘Derechos Humanos’ y ‘Economía de Mercado’, encaminados a provocar la subversión del orden interno del país". Blas Giraldo Rodríguez fue condenado a 25 años de prisión por protagonizar un acto "con el marcado interés de molestar la tranquilidad del pueblo revolucionario", el 10 de diciembre de 2002, aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, día en que intentaron repartir entre los asistentes a una plaza pública ejemplares de la Declaración Universal.

Buena parte de los condenados en esa ocasión, como Félix Navarro Rodríguez (25 años), Iván Hernández Carrillo (25 años), Blas Giraldo Reyes Rodríguez (25 años), Alexis Rodríguez Fernández (25 años), Ricardo Enrique Silva Gual (25 años), Pedro Argüelles Morán (20 años), Pablo Pacheco Avila (20 años), entre muchos otros, lo fueron por intentar enviar hacia el exterior artículos periodísticos con información sobre lo que ocurre en la isla. Lo curioso es que en muchos casos las propias sentencias admiten que la información no era mentira, pero atentaba contra los intereses de la Revolución. Por ejemplo, en la sentencia por la que se condena a Normando Hernández González se le imputó "haber tenido una profusa actividad como periodista en publicaciones contrarias a la Revolución desde las cuáles se dedica a difamar los logros de la Revolución Cubana". La persecución llega a un punto tal que la posesión de una tarjeta telefónica que permita hablar hacia el exterior o un fax es prueba fundamental de actividad subversiva.

Ahora, la Venezuela chavista aspira a tomar la posta totalitaria latinoamericana que Castro, ya anciano y quizá moribundo, dejará. La persecución a la oposición política, prohibición de salir del país sin autorización estatal y férreo control social señalan el camino en un país que, a diferencia de la empobrecida Cuba, cuenta con ricos recursos naturales para apuntalar el régimen.

Mi pregunta a sociólogos y psicólogos es por qué tantos miles de estudiantes universitarios caen embobados ante el discurso de un dictador cuyo régimen comete crímenes espantosos con total irrespeto a derechos inalienables. Tampoco se entiende a profesores de derecho que diariamente detallan a sus alumnos una a una las garantías de las que gozan como ciudadanos y, luego, alaban a quien no ha dejado derecho humano sin violar.

También hay que preguntarse cuál será el nuevo destino de Mercosur. Nació como un tratado tendiente a facilitar el comercio entre los países miembros, eliminando trabas y barreras, bajo el recordado lema de Bastiat: "dejad que entren las mercancías, porque sino lo harán los soldados". Ahora las severas restricciones a la libertad económica y la propiedad privada, sustituidas por el poder autoritario del Estado, vaticinan que pronto dejará de ser un mercado para que comercien las personas y pasará a ser un mercado para que comercien los gobernantes.

En sus orígenes se pensó que el Mercosur fortalecería a las democracias representativas y republicanas de los países miembros, que venían de años de gobiernos autoritarios. Con las conductas autoritarias de Chávez en la Venezuela recién incorporada, en las intenciones de incorporarse al bloque de Evo Morales y la bendición ideológica de Fidel Castro, lejos de un relanzamiento del Mercosur, lo que vivimos recientemente fue una confirmación de su muerte, al menos respecto los propósitos originales. Chávez anunció que su idea es que se convierta en un gran foro político para defender los intereses de los países de la región, lo que desnaturaliza totalmente su origen.

Es peligroso asociarse con regímenes autoritarios, pero América Latina les ofrece un ambiente propicio para su desarrollo. Los dictadores resultan populares y son aclamados, a pesar de la miseria y muertes que nos dejan.
© AIPE

Ricardo M. Rojas es juez, vicepresidente de la Fundación Hayek (Buenos Aires) y autor del libro "Los Derechos Fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba".

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