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¿Cuántas divisiones tiene el Papa?

Muchos no son católicos y otros han estado peleando de frente contra la Iglesia Católica. No, ellos acudieron a Roma para estar en presencia de algo que nunca lograrán tener: autoridad moral

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Stalin preguntó una vez a uno de sus asesores, con cierto desprecio: “¿Y cuántas divisiones tiene el Papa?" Si el asesor hubiera demostrado valentía, habría contestado: "¿Cuántas necesita?"
 
Viendo a tantos líderes políticos en el funeral del Papa Juan Pablo II me hizo pensar que ellos necesitan más de lo que el Papa tenía y el Papa no necesitaba nada de lo que ellos tienen.
 
Los gobiernos tienen el monopolio de la fuerza y a menudo tratan de esconderlo presentándolo como medidas necesarias para el bienestar y la seguridad de la gente. Usan la democracia como un buen cosmético, pero a la hora de la verdad utilizan más las armas y las prisiones contra aquellos que retan su poder.
 
Claro que prefieren evitar la violencia porque es muy difícil de disfrazar, aunque aseguran que la guerra es paz cuando la declaran. Si frecuentemente aplastan a los disidentes se darían a conocer por lo que suelen ser, matones con coronas o gángsteres con trajes oscuros, camisas blancas y corbatas rojas. Prefieren presentar otra cara, gentil y con las mejores intenciones. No quieren tener la imagen del guapo del barrio.
 
Buscan la legitimidad porque así llegarán más lejos y al ser muy conscientes de “dime con quién andas y te diré quién eres”, tratan de estar rodeados de gente admirada y famosa por sus múltiples virtudes. Por eso acudieron en bandadas al funeral del Papa.
 
Evidentemente que no fue la religión lo que los llevó a Roma. Muchos no son católicos y otros han estado peleando de frente contra la Iglesia Católica. No, ellos acudieron a Roma para estar en presencia de algo que nunca lograrán tener: autoridad moral. Buscaban que se les contagiara algo por estar sentados en las primeras filas y para que sus gobernados los vieran allí.
 
No creo que hayan logrado gran cosa. El contraste del adorado Papa con nuestros sucios políticos es demasiado grande. De un lado veíamos a alguien cuyo poder no se basaba en las balas y las bombas, sino en el amor eterno de Jesucristo. Y del otro, políticos intrigantes y manipuladores.
 
Lo importante fue dejarse ver en Roma. La apariencia vale mucho en la política y por eso se hace un esfuerzo tan grande en presentarlo todo desde el mejor ángulo posible y los encargados de las relaciones públicas de los gobiernos suelen tener más poder que los principales ministros.
 
Ante todo esto, la vieja pregunta de Stalin surge ahora de manera diferente: ¿cuántas divisiones tiene Bush? Aparentemente no tiene suficientes divisiones para pacificar a una sola ciudad, Bagdad, y mucho menos para pacificar a todo el Medio Oriente. Quizás ha llegado, más bien, el momento de enviarles al Papa.

© AIPE

Robert Higgs es Académico senior del Independent Institute y autor de “Crisis in Leviathan”.

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