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Piqueteros: Cifras (y otras cosas) que asustan

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El júbilo de ir contra el destino común parece ser una de las reglas del movimiento de los Piqueteros, cuya escalada es cada día más peligrosa y preocupante. Esta semana, durante seis horas (televisadas en directo, dicho sea de paso) rodearon el congreso ante la pasividad de la policía que, en Plaza de Mayo, allí al lado, permanecía impasible tras unas vallas que se instalan delante de la Casa Rosada. No reprimir, es el lema del gobierno. No importa lo que hagan con los bienes ajenos. Tanto es así, que mientras buscaban derribar una puerta del congreso y desde dentro arrojaban chorros de agua disuasorios, en las inmediaciones cayó, sobre los piqueteros, una bomba lacrimógena a la que éstos, prestamente, lanzaron dentro del lugar sitiado. Los afectados fueron naturalmente los funcionarios públicos, quienes debieron ser socorridos. Los mismos funcionarios del congreso se encargaban de apagar algunos incendios interiores mientras legisladores observaban por las ventanas la inquieta marea humana que los apedreaba en oleadas: venían, lanzaban sus piedras y objetos contundentes y retorcían; recargaban, y otra ola contundente llegaba hasta allí a descargar su ira. Las horas pasaban. Al final, se dice, se detuvieron a diez personas, y, por primera vez, se ha informado que no fueron puestas en libertad al día siguiente. Son prostitutas, travestís y algunos piqueteros, todos ellos participantes de los desmanes señalados.
 
Pero, a medida que pasan los días, se van conociendo los números de cuánto cuestan al Estado estos movimientos que acercan a la Argentina, peligrosamente, a la anarquía. Veamos, a vuelo de pájaro, algunos detalles, sin entrar demasiado en los subgrupos piqueteros, un entramado complejísimo y, eso sí, libre, porque cada cual hace lo que quiere. Las fuentes de La Nación de Buenos Aires, han dado lugar a un informe de El País de Montevideo, y que permite establecer, a grandes rasgos, estos números.
 
Entre los piqueteros que apoyan al gobierno, los oficialistas, encontramos al grupo de Luis D’Elía, un maestro de escuela y diputado provincial que tiene el control de unos 125.000 adherentes; reparte subsidios del Estado a 75.000 familias, y ha armado una red nacional con 2.000 comedores, 1.500 emprendimientos productivos (que van desde panaderías a carpinterías), tiene 100 guarderías comunitarias y 50 dispensarios sanitarios. Otro grupo oficialista, llamado “Barrios de pie y Patria libre”, que conduce Jorge Cevallos, tiene unos 60.000 simpatizantes, 800 comedores y, en materia de relaciones exteriores, estrechos contactos con el gobierno de Chávez. Dispone de 7.000 subsidios del Estado.
 
Del otro lado, entre los opositores, el grupo que comanda Raúl Castell, trostkista y el más duro de los piqueteros, moviliza cerca de 60.000 personas. En tanto el mayor aparato piquetero opositor es conocido por la sigla CCC y cuenta con unas 70 personas; de acuerdo a la militancia realizada reparte unos 50.000 subsidios del Estado, a razón de 150 pesos por mes. Dentro del mismo grupo tenemos subgrupos como el “Frente de Trabajadores combativos”, el “Polo Obrero” y, entre otros, la “Coordinadora de Unidad Barrial” cuya sigla, naturalmente, es CUBA. Tienen huertas, fábricas de velas, productos químicos.
 
El orden público, como decía, es hasta ahora la verdadera materia pendiente del gobierno de Kirchner, y, ciertamente, la responsable de la caída de diez puntos en la popularidad del presidente, para quien, al igual que sus opositores, la palabra “reprimir” le produce como un repelús.

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