El día de la resaca llega vacío de novedades, o casi. Afloran, aquí y allá, los errores inducidos por las proyecciones de lo confesado por los votantes. Más de uno se dejó llevar por la imprudencia: Blanco y Jiménez se llevan la palma. Viene luego el precio que quieren poner los comunistas a su apoyo en la Comunidad de Madrid. Si la pregunta que ayer nadie sabía responder era quién es Simancas, hoy todo el mundo se pregunta de dónde procede ese señor llamado Fausto. Si Simancas fue la cuota impuesta por la Federación Socalista madrileña, tradicionalmente divergente de la dirección del partido, nadie determina con claridad a qué facción de la Unida Izquierda pertenece Fernández. No se explica.
Disminuye la carga de trabajo sobre los editorialistas de El País. Ya sólo han de hacer uno de cada. El de hoy critica, con severidad, a Zapatero. Sugiere, recomienda, cambios en su equipo. No se descarta, aunque parece improbable que trascienda, que en las comunicadoras de Polanco se abra asimismo un proceso de autocrítica. Un analista traza un croquis a mano alzada: a la izquierda, un emporio monolítico de medios de comunicación que inducen a acciones dispersas de los votantes; a la derecha, unos medios desvaídos y dispersos se dirigen a un conjunto de votantes que, con leves desviaciones, apoya en masa a una sola fuerza. ¿Cómo se explica?, pregunta. Nadie responde, por ahora.
Lo de Blas Herrero –Onda Cero, con el aliento de Planeta en el cogote, deja de pagar al dueño de 70 de sus emisoras– aflora en El Confidencial. El asunto es de no creerlo hasta que alguien enseñe los papeles, esos que todos querían ver antes de comprometerse. Se dice que, hace tres años, Juan José Nieto y “Pipo” Jimeno, en nombre de Telefónica-Onda Cero, se comprometieron a pagar 3.000 pesetas por cada oyente que consiguieran las 70 emisoras de la Radio Blanca del asturiano, que no superaba los 200.000 oyentes. Hace un año, Herrero puso en marcha una fórmula de bajo costo, algo así como la radio sin palabras, la que no estorba, Kiss FM, con la que multiplicó por cinco su audiencia. Si se mantuviera lo pactado, las no ganancias del conglomerado se dispararían hasta lo insoportable a costa de la máquina de hacer dinero puesta en marcha por don Blas. Lo cual que, de ser cierto, encarecería mucho la operación Lara. Mejor será esperar hasta que alguien se haga con las pruebas y las enseñe.
También de no creer es lo que dice Casado en el mismo sitio, que el CIS hará público en los próximos días su sondeo sobre intención de voto. El principio de Peter ha alcanzado de pleno, herido de muerte la magnífica máquina funcionarial de hacer encuestas. Es tal la sincronización con la realidad que ha logrado que todo lo que produce últimamente se dirige directamente a la basura, previo trámite de presentación a cargo del jefe de la cosa, el señor Fernández Díaz, qué papelón. Los estudiosos dicen que es relativamente sencillo poner en marcha un ente público y que lo difícil, casi imposible, es detenerlo, aunque haya demostrado su inutilidad de forma irrebatible. Y venga a salir papeles, fruto de encuestas casi exhaustivas, que nos dicen qué va a hacer la gente, cuando es sabido lo que ha hecho. Un artefacto perfectamente inútil. Pero mientras RTVE siga tal cual, perdiendo dinero a mares, a océanos, el CIS y tantos otros se escudarán en el socorrido chocolate del loro.
Buñuelos de viento en El Semanal y PRnoticias a costa de lo que pasará o dejará de pasar en la radio. Lo del primero (Monseñor Rouco y Lara pactan el reparto de las "estrellas" de la COPE y Onda Cero), dejando a un lado la promoción –¿gratuita?– de ese pedazo, finstro, de comunicador que es Antonio Jiménez y la disparatada acometida de ayer contra Luis Herrero, tiene menos información que huevo hay en un flan chino. Lo del segundo, El último órdago, a propósito otra vez de Luis Herrero, suena como el Tema de Lara traducido al lenguaje de los gestos.
Pablo Sebastián anuncia que faltan cinco días para que llegue al quiosco "La Estrella" de papel. Sin que sirva de precedente, compraremos el número uno.
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