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Castro-Chávez

Almas gemelas

Los venezolanos hemos menospreciado a Hugo Chávez Frías y hemos cometido un error aún más grave: subestimar a Fidel Castro, mentor político de Chávez desde el primer día de su Gobierno.

Tal vez si nos hubiésemos interesado en estudiar seriamente el fenómeno político que Castro representa en América Latina y a nivel mundial, y hubiésemos captado el significado del pacto entre Castro y Chávez, quizá no hubiésemos tenido que esperar once largos años para entender qué es lo que nos espera.

La torpeza demostrada no es por ignorancia de los hechos, que no eran ocultos, sino más bien basada en que siempre pensamos que Venezuela no es Cuba y que el derrumbamiento del comunismo a nivel mundial impediría intentar resucitarlo aquí en Venezuela. ¡Cuán equivocados estábamos y cuán cerca estamos actualmente de esa nueva versión del comunismo que han dado en llamar eufemísticamente "socialismo del siglo XXI"!

Por ello invito a los lectores a leer el libro de Serge Raffy, Castro, el desleal, que aunque fue escrito hace lustro y medio, nos da cuenta cabal de la mentalidad del personaje y de su indudable talento y capacidad de maniobra para mantenerse medio siglo en el poder. Es la "franquicia" que ha vendido a Chávez a muy buen precio.

Es evidente que Fidel Castro interpreta como su legado personal a la región dejar a Chávez bien asentado en el poder en Venezuela y de que ha puesto toda su astucia política al servicio de su pupilo y aprendiz.

Dos generaciones diferentes, pero dos hombres obsesionados con el poder, resentidos sociales desde niños, desleales, capaces de cualquier cosa por mantenerse en la cima, almas gemelas en esas características, pero muy diferentes en otras, uno educado y culto, otro ignorante y osado, uno valiente otro cobarde, uno hijo bastardo de un rico terrateniente, otro hijo legítimo de una pareja paupérrima, uno blanco otro zambo, ambos propulsados siempre por el más profundo rencor, conocen bien sus fortalezas y sus debilidades y se complementan mutuamente, engañando sin cesar a sus pueblos e importándoles muy poco la ruina a la que llevan a sus países.

Lentamente, con esa táctica de dos pasitos hacia adelante y el siguiente para atrás, ya el terreno está preparado para crear un caos total e implantar, de una vez por todas, la nueva versión del comunismo estalinista en Venezuela.

Ya no es posible ni necesario ocultarlo por más tiempo. Es posible oír el tic tac de la bomba de relojería.

© AIPE