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Pablo Casado for President

Con Casado en el PP y con Rivera en Cs, la pinza entre el liberalismo conservador y el liberalismo progresista podría articular un programa que anulase lo conservador con lo progresista para quedar únicamente en liberal-liberal.

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Pablo Casado | EFE

En la entrevista que le hizo Federico Jiménez Losantos en esRadio, Pablo Casado dijo algo muy importante: "En esta radio se puede hablar de ideas". Vivimos en un país refractario al discurso intelectual. No es algo novedoso y sucede en casi todos los sitios, empezando por Estados Unidos. La democracia tiene una peligrosa tendencia a la igualación por abajo. De ahí que primen los sentimientos sobre las razones. De ahí que se hable tanto de "relatos", como si la política fuese cosa de las novelas de ficción y no de los discursos sobre hechos. De ahí que primen entre los candidatos de todos los partidos los politólogos sobre los filósofos y los abogados sobre los científicos. De ahí que un candidato se haya permitido decir en una entrevista que "la realidad no existe, solo interpretaciones de la misma" (una frase que se destruye a sí misma, porque si la realidad no existe, ¿cómo puede haber interpretaciones de algo que no existe? Serán interpretaciones de la nada. La democracia reducida a una fábrica de nada).

Volvamos al discurso de ideas que Casado se permitía tener dado que estaba en la radio de Jiménez Losantos, es decir, un medio donde lo que importa fundamentalmente son los conceptos y los principios intelectuales. Y es que el candidato a presidir el partido liberal-conservador está dispuesto a ir más allá de la tecnocracia mediocre y superficial de Rajoy y su heredera, Soraya Sáenz de Santamaría, para poner al PP a luchar en la gran batalla cultural de nuestra época: el personalismo humanista liberal contra los colectivismos (de género, de clase, de etnia) que defiende la izquierda.

Esta visión del individualismo ilustrado que defiende Casado se concreta en medidas clave como las relacionadas con la bajada de impuestos, la eliminación de trabas burocráticas, la cultura del mérito y el esfuerzo, así como el incentivo a la aventura empresarial y de innovación. A lo que habría que sumar una fuerte defensa de los valores cívicos y los derechos fundamentales, que están sufriendo el ataque de la izquierda sobre todo por lo que refiere a la presunción de inocencia y a las instituciones que garantizan la separación de poderes en España: los jueces y el monarca. La coartada de la izquierda para aniquilar la libertad pasa por una supuesta defensa de la igualdad. La igualdad de los cementerios que pone al mismo nivel a reyes y mendigos.

Es un lujo contar con un político de relevancia que menciona a Chomsky y a Gramsci, los principales referentes intelectuales de la extrema izquierda, y a Hayek y a Popper, los gigantes sobre cuyos hombros nos levantamos los que defendemos las sociedades abiertas y plurales (Jiménez Losantos apuntaba certeramente que el origen del liberalismo está en el español Juan de Mariana, lo que se suele olvidar por cierto complejo de inferioridad de los intelectuales españoles). Hay que aplaudir a alguien como Casado, capaz de citar un libro sin equivocarse, porque si bien Pablo Iglesias cree que Kant escribió una inexistente Ética de la Razón Pura, Casado se nota que sí ha leído el Homo videns de Sartori. Cabe recordar que Cristina Cifuentes osó poner en un mismo plano, para rechazarlos, a Karl Marx y a Friedrich Hayek, como si fueran iguales el fundador de una de las ideologías más criminales de la historia y el principal abanderado del liberalismo en el siglo XX. No es de extrañar que, con semejante empanada mental, la expresidenta de la Comunidad de Madrid creyese que se podía sacar un máster en una universidad como si fuesen cremas de belleza en un supermercado.

El debate que reclama Pablo Casado, y que rehuye Soraya Sáenz de Santamaría, sería clave, porque el líder liberal lo basaría en la ideología y lo programático. Un partido es un proyecto. Programa, programa, programa. Y luego ya, intereses, marketing y retórica. Con Casado en el PP y con Rivera en Ciudadanos, la pinza entre el liberalismo conservador y el liberalismo progresista podría articular un programa-programa-programa que anulase lo conservador con lo progresista para quedar únicamente en liberal-liberal. Sería una novedad en España. Y su salvación.

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