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Serafín Fanjul

Alguacil alguacilado

puedo testimoniar donde sea necesario que la tal “agresión” en su punto de máxima tensión consistió en algunos empujones y forcejeos, sin golpes, entre algunos manifestantes y los guardaespaldas de Bono

Serafín Fanjul
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Nos hemos cansado de esperar que Rodríguez, Rubalcaba o cualquiera de los prohombres socialistas tomaran medidas disciplinarias internas (cuando estaban en la oposición), o legales (ya en el gobierno), o al menos que condenaran de boquilla la actuación de los progres que llevan dos años y medio acosando, insultando y agrediendo a diversos miembros del PP, desde el “Aznar asesino” sin ton ni son al apedreamiento de cualquier concejal de ese partido en un pueblito andaluz. Siempre han eludido el menor reproche a su carne de cañón para tenerla contenta, con los buenos resultados que les ofrendó el 14 de marzo. Carecen pues, de la mínima autoridad moral para hablar de civismo y democracia, de ruines y miserables, de salvajes y agresiones. De tan sabido como esto es, casi huelga mencionarlo. Como parece ocioso extenderse sobre la desvergonzada actuación de la TVE socialista que, en el telediario de mediodía, coló la noticia de la convocatoria de mala manera y a rebufo de un acto del PP contra el terrorismo (siempre la asociación nada inocente de este partido con las víctimas del terrorismo, como si a los demás no les concerniesen, y, tirando por elevación, con la extrema derecha) y, sin embargo, en el de la noche abrieron con la imagen de los forcejeos alrededor de Bono: Qué casualidad, justo al lado de este señor había una cámara de TVE. Y ya no ha habido más que las “agresiones” al ministro de Defensa.
 
Como da la casualidad (verdadera) de que yo me encontraba a unos cinco metros a la izquierda de donde surgió el incidente principal, puedo testimoniar donde sea necesario que la tal “agresión” en su punto de máxima tensión consistió en algunos empujones y forcejeos, sin golpes, entre algunos manifestantes y los guardaespaldas de Bono. También hicieron ondear un instante una bandera nacional sobre las cabezas del grupo que le acompañaba. Las frases que se corearon contra ese señor fueron “Fuera, fuera” y “España, España”. Si en medio del vocerío alguien gritó otra cosa yo no lo oí, pero no parece que eso sea relevante. Como tampoco parece que el señor ministro corriera riesgo efectivo ninguno. Por fortuna. Respecto a la barra de hierro con que intentaron agredirle, sólo puedo señalar que dudo mucho fuese de tal materia, sino que más bien –sólo supongo, pero con fundamento– se trataría de un palo de cepillo o escoba, como suelen usarse haciendo las veces de asta de bandera.
 
Pero los hechos ni acabaron ni empezaron aquí y como no soy la TVE socialista, debo añadir algunos extremos: Rosa Díez fue bien recibida por los manifestantes; al ministro Jorge Sevilla nadie le tosió; saludé con el afecto que merece a Gotzone Mora, que fue muy aplaudida por todo el mundo; no vi personas organizadas en grupos de acción, ni por supuesto, provistas de objetos ofensivos de ningún género; en los distintos sectores de la manifestación en que me moví sólo escuché un insulto, dirigido a la SER; las alusiones a Peces y Manjón se limitaron a preguntar dónde estaban estos ángeles de la solidaridad, pregunta, por lo demás, bien pertinente; no he conseguido ver hasta el momento ninguna foto aérea del cortejo, único modo de establecer una aproximación al número real de asistentes; los intentos de TVE y de Rubalcaba, el Rasputín de bolsillo, de responsabilizar nada indirectamente al PP y en especial a Ángel Acebes del incidente, darían risa si no fueran acompañados del uso y abuso fraudulento de los medios de comunicación del estado.
 
Pero, descartada y condenada la violencia por simple lógica cívica, también se imponen algunas reflexiones. Nunca sabremos si José Bono fue a provocar a un sector muy numeroso de españoles que desde hace diez meses está siendo agredido desde el gobierno, o si –listo que es el hombre– ha llegado a creerse que el populismo demagógico que se gastaba en cualquier aldea manchega podía valerle entre gentes que un día sí y otro también se sienten heridas en sus convicciones más profundas por quienes deberían salvaguardarlas. Tal vez Bono sea lo menos malo del gobierno actual, pero que se guarde los golpecitos en el hombro y las sonrisas paternalistas que nadie le ha pedido, sobre todo si es responsable solidario, o responsable principal, de gestos como la fuga de Irak, el ridículo potaje Tex-Mex en que convirtió el desfile del 12 de octubre o la retirada de la leyenda en la academia de suboficiales de Lérida. No queremos prédicas, queremos trigo. Y a ser posible, limpio.
 
Y al gobierno socialista es preciso recordar la gravísima responsabilidad en que están incurriendo al fomentar el enfrentamiento civil, tirando la piedra y escondiendo la mano. Sabían perfectamente lo que iba a suceder desde el instante en que su Comisionado rehusó asistir, por aquello de que es más importante tener contenta a la ETA que a sus víctimas. Por cierto, el heroico Peces, catedrático después que presidente del Congreso, no tuvo ningún empacho de encabezar una algarada callejera de rectores contra la Ley de Reforma Universitaria porque temía que lesionaba sus intereses. Y esto no empezó el 13 de marzo. El primer acoso sonado (no el primero cronológicamente) fue el que dirigió una chusma agresiva contra Ana Botella, con gran regocijo de la progresía, y a partir de ahí ya vino la cascada. Tomaron un mal camino y no podemos limitarnos a desear angelicalmente que recapaciten y sean buenos. A nadie en su sano juicio interesa un choque, aunque quizás los rasputines de turno piensen que una escalada de la tensión, debidamente controlada, puede ser útil para amedrentar aun más a la derecha y tener las manos libres para desguazar el país. Si esto fuera así, se me ocurren dos objeciones: la primera es que no está tan claro que –tan listos y competentes como son– pudieran mantener el control y la segunda, bien lamentable, es que donde las dan las toman.

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