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Serafín Fanjul

Balance en Gaza

Persisten elementos que, a corto y medio plazo, pueden obligar a Israel a repetir acciones punitivas si Egipto, la Unión Europea, Estados Unidos y los mismos palestinos no aíslan y neutralizan a las bandas de asesinos.

Serafín Fanjul
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En algo discrepamos de los mandatarios israelíes cuando, en plena crisis de Gaza y dirigiéndose a los europeos, se formulaban la pregunta retórica "¿Ustedes qué harían si su territorio fuera atacado?", queriendo significar que, al igual que ellos, los de acá defenderían a su pueblo de los terroristas. Y discrepamos porque, en el caso español, no hay ningún indicio de que Rodríguez (y compañía: no la olvidemos) tuviese la menor intención de mover un dedo para salvaguardar las vidas y haciendas de la población española. Rodríguez y su inmenso aparato de propaganda se aplicarían a convencer y halagar a su tropa con la idea de que los verdaderos culpables de los ataques eran las víctimas y quienes osáramos protestar por tal collonería. Y seguirían los atentados. No es una suposición maligna, sino mero recordatorio de las actuaciones de Rodríguez desde marzo de 2004: el culpable de los atentados de Atocha, el Gobierno de Aznar; los culpables de los crímenes de ETA, las víctimas del terrorismo (con proceso contra Alcaraz incluido); el atentado de la T-4, obviado con gallardía ejemplar para seguir negociando con la banda terrorista. Y así.

Pero esas son consideraciones de política interior española. Por lo que respecta a la situación en Israel-Palestina, cabe apuntar varios hechos incontrovertibles: Israel sólo ha utilizado una mínima parte de su capacidad militar, midiendo sus movimientos y las consecuencias de los mismos, de lo contrario el número de víctimas habría sido infinitamente mayor, caso de haber entrado en la "guerra total", como aseguraban los medios gubernamentales y carroñeros españoles, es decir casi todos; Hamás ha quedado gravemente tocado, aunque no eliminado, como habría sido de desear, por el bien de los palestinos y de la estabilidad en la zona; Israel ha reducido espectacularmente sus pérdidas (doce muertos, la mitad por errores de "fuego amigo"); Hamás –como estaba previsto– se ha proclamado vencedor por el mero hecho de que Ismael Haniye sigue vivo (no está nada claro que a Israel interese la desaparición física y total de Hamás, si se limita a la acción política, y como contrapeso a la OLP); la toma de una ciudad superpoblada implica graves problemas humanos para atacantes y atacados (a no ser que se recurra a bombardeos de exterminio como los de Dresden, Hamburgo o... Caen y St. Lô) que Israel ni quiere ni puede asumir; la retirada inmediata constituye un gesto para allanar el camino al nuevo presidente de Estados Unidos a fin de que garantice la paralización de los atentados terroristas.

El nuevo Gobierno americano, Mahmud ‘Abbas y su Autoridad Nacional Palestina son los beneficiarios del alto el fuego: ahora está por ver que unos y otros arrinconen a las bandas terroristas (que no es sólo Hamás) y se pueda continuar el tímido e incipiente proceso de paz que debe culminar –ojalá sea pronto– en la constitución de un Estado palestino que colabore con Israel, conscientes de que ésa y no otra es la salida real al conflicto. Y, sobre todo, que trabaje. Sin embargo, persisten elementos que, a corto y medio plazo, pueden obligar a Israel a repetir acciones punitivas si Egipto, la Unión Europea, Estados Unidos y los mismos palestinos no aíslan y neutralizan a las bandas de asesinos. Ni Israel es un trasunto de los reinos cruzados (error de bulto que cometen los grandes estrategas palestinos) ni los judíos del siglo XXI se van a dejar degollar. Un aspecto de la cuestión sistemáticamente desconocido por la progresía europea, incapaz de entender el mundo por vías distintas a las de sus propias inconsistencia y frivolidad.

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