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Estamos en un callejón sin salida, a menos que alguien, con autoridad en el PP, se decida a cortar esta deriva suicida. Y no me pregunten nombres porque hay pocos donde elegir.

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Aunque a diario parezca mentira, el PP ganó las elecciones por mayoría absoluta, pero Mariano Rajoy se muestra obstinado en devolver el poder a los socialistas a toda prisa. Soslayando las medidas económicas, que todos padecemos y cuya efectividad sigue en veremos, aunque debamos esperar algún tiempo antes de pronunciarnos en bloque, es menester fijar la atención en gravísimos aspectos políticos de su gestión, es decir de su falta de gestión, o contradicción flagrante de cuanto prometieron antes de los comicios a la vista del arrasamiento del Estado llevado a cabo por el tándem Rodríguez-Pérez. Leyes sociales (más bien antisociales), educación, orden público, defensa, corrupción, política exterior, cohesión nacional, aparato judicial... son algunos de los terrenos en que el PSOE aplicó una política sistemática de sanguijuelas y tierra quemada mientras usaba y abusaba de los recursos económicos de forma irresponsable y fraudulenta.

Rajoy prometió cosas muy concretas y le dimos mayoría absoluta para que las cumpliera: reforma de la ley del aborto (ya empantanada en las chácharas y comisiones del Congreso); recurso presentado ante el Tribunal Constitucional por la ley del matrimonio homosexual (donde escurre el bulto con el pretexto de que los progres nombrados por Rodríguez son mayoría); legalización de Bildu, "línea roja" –aseguró un tal Basagoiti– y ya tenemos, además, Amaiur y Sortu, a un paso de hacerse con todo el País Vasco (y la ETA sin disolverse); cadena perpetua para violadores y asesinos de niños, púdicamente reconvertida en "prisión permanente" sólo para terroristas (y aun eso, ya veremos); reforma seria del Poder Judicial y ahí tenemos a Gallardón implorando consenso a los socialistas, o sea que no se hará nada de nada; reforma educativa, ya presentada en sociedad como minirreforma y pospuesta ad calendas graecas (¿dará tiempo de que entre en vigor, como la otra?); limpieza del aparato policial (infestado sine die con los chicos de Rubalcaba); higienización de RTVE (tras seis meses tocando la flauta en su torno, las murallas de Jericó siguen incólumes, y ahora montan los otros chicos de Rubalcaba la bronca, porque no van a permitir una televisión neutral del Estado: la tele es suya).

Pero hay más. Nuevo fiasco en Gibraltar: si no están dispuestos a tomar una sola medida seria, ¿para qué hacen el ridículo sacando pecho con bobadas como cancelar un viaje de la reina o enviar al rey a visitar media hora a los pescadores de Algeciras? Si no fuera mi país el implicado, me daría risa. Prosecución de la política de Rodríguez de favorecer a los asesinos etarras: "nos atendremos a la ley", gime el ministro del Interior, a sabiendas de que, con la ley en la mano, se les puede acercar o alejar, recluirles de por vida en la isla del Hierro, o soltarles con palmas y olivos, porque jueces y políticos retuercen "la ley" a su antojo y no hay Supremo ni Constitucional que se lo impida: vean a la Generalidad catalana en abierta rebelión en cuanto le viene en gana. Y nadie mueve un dedo.

Y más de Interior: el Sr. Fernández Díaz ya dejó constancia de su ciclópea talla en los microscópicos incidentes de Valencia (no repetiré lo dicho a la sazón), pero ahora –aterrorizado por el vandalismo de los mineros, o de encapuchados de su padre y su madre– añade una perla para engarzar en su ya largo collar: "Yo les pido con toda humildad (sic) que tengan mesura". Omito mayores comentarios porque este plañidero se comenta solo, pero no puedo evitar preguntarme a qué grados de indignidad y vergüenza piensan llevar la autoridad del Estado. ¿Sobre qué base moral nos cobran impuestos?¿Quién es doña Soraya para reñirnos por las facturas "sin IVA", mientras el gobierno al que pertenece no es capaz ni de garantizar el orden público, razón número uno de la existencia del Estado? Estamos como en los gloriosos tiempos de Corcuera ("Yo les diría a los violentos [por asesinos etarras] que lo que hacen no está bien...") o del indignante Camacho, protector de perroflautas.

Hay quien piensa que Rajoy, maquiavélico el tipo, consciente de no poder arreglar nada, se refugia en los impedimentos y trabas legales que le ponen los otros. Y agregan que esto es "galaico". Buena está la cosa: dejen de infamar a toda una tierra y una gente (la mía) con parvadas de chiste. El argumento se cae solo enumerando la lista interminable de gallegos que demostraron, con sus actos, determinación, valor y... claridad. Dejen los personajes de broma para cuentos, chascarrillos y rexoubas que, eso sí, en Galicia se producen buenos. La personalidad de cualquiera consta de componentes muy variados, uno de los cuales es el lugar de nacimiento o ciertas pautas culturales, más o menos presentes o cambiantes, pero el señor aludido también es, por ejemplo, registrador de la propiedad, lector de Marca (¿y qué más lee?) y político profesional desde muy temprana edad y padre de dos hijos y gasta barba... ¿A cuál de todas esas características achacaremos sus acciones y omisiones?

Por el bien de todos, mi deseo es que el gobierno actual pueda cumplir su mandato de cuatro años (sólo nos faltaría la desestabilización que acarrearía otro gobierno PP con mayoría relativa), pero si la catástrofe económica se acentúa y Rajoy convoca elecciones anticipadas, cabreados con el lector de Marca (entre los que me cuento, por lo expuesto y por algún motivo más), ojo con lo que hacéis, porque la alternativa (aun con mayoría precaria, actúan con toda desvergüenza) es la Chacón y su Barroso, nada en la sombra. Aquélla que "también es Rubianes". Estamos en un callejón sin salida, a menos que alguien, con autoridad en el PP, se decida a cortar esta deriva suicida. Y no me pregunten nombres porque hay pocos donde elegir.

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