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Serafín Fanjul

El vídeo

Indignación y amargura, supongo sentirían los abundantes militantes del PP que había en la sala, al revivir a dónde les condujo la moderación, el centrismo y la ingenuidad

Serafín Fanjul
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Aunque sea una precisión innecesaria, comencemos diciendo que el video famosísimo –en un día– , en realidad es un DVD y que su producción constituye un éxito propagandístico y una afirmación de postura del PP, algo que estaba haciendo mucha falta para superar el desconcierto y confusión reinantes en sus filas desde los asesinatos masivos del 11 de marzo. A continuación, fuerza es referir que en los no muchos minutos de proyección los asistentes al estreno guardábamos un silencio incómodo y seco. Sería muy pretencioso por quien esto escribe erigirse en intérprete de los sentimientos de toda la parroquia, al estilo de los grupúsculos izquierdistas –Gaspar Llamazares es un paradigma– cuando fulminan al adversario con un inapelable y totalizador “el pueblo exige…”. Naturalmente, el pueblo son ellos. Después, las urnas dicen otra cosa, pero ya se sabe que tales resultados sólo representan a la caverna, la reacción o los fachas, entes sin una naturaleza humana bien definida a los que se puede reducir a un dobermann y, por supuesto, despojar del derecho a producir las imágenes visuales que estimen convenientes.
 
Y en esas estamos: histeria desatada en las filas rojas (tan rojas como el conde de Godó y su periódico o, si me apuran, ea, tan rojos como El País y su propietario), con amenazas incluidas por atreverse a responder un poquito con unos mínimos catorce minutos al torrente de improperios y agresiones recibidos desde hace dos años. No somos traductores del estado de ánimo de todos los presentes, pero el crudo discurrir de las secuencias de agresividad, incompetencia y desvergüenza desplegadas por la otrora oposición producían un efecto de indignación sorda al contemplar tal concentración de irresponsabilidad culposa transmutada, a partir del feliz hallazgo por la SER de los suicidas que nunca existieron, en justos acusadores que querían saber. De tal guisa, Rodríguez, Caldera, Llamazares y otros sabios de menor cuantía se retrataban luciendo al “Comando Dixan”, el detergente inofensivo, los pobres islamistas inocentes despachados sin cargos por los jueces ante el infundado acoso gubernamental, las insinuaciones de prefabricar las detenciones de etarras cargados de explosivos caminito de Madrid… Y luego, la miserable actuación de Rubalcaba infringiendo la ley electoral, las partidas de la porra cercando las sedes del PP: bandas de manifestantes espontáneos que portaban numerosos e idénticos carteles, los mismos lemas y, claro, una histeria colectiva coincidente.
 
Indignación y amargura, supongo sentirían los abundantes militantes del PP que había en la sala, al revivir a dónde les condujo la moderación, el centrismo y la ingenuidad (único lujo que no puede permitirse un político) de haberse creído que la izquierda y sus cómplices separatistas habían aceptado unas normas de comportamiento cívico, no digo ya democrático. Porque si por algo se puede –y se debe– censurar a Aznar y sus ocho años de gobierno es por la extrema cautela y excesivo respeto escrupuloso en las formas de actuación, de suerte que reformas urgentísimas e imprescindibles, como la educativa, se quedaron cortas y llegaron tarde; o la de la Universidad, que dejó intactos los dos problemas centrales (selección de alumnos y endogamia profesoril). ¿Quién se acordó el 13 de marzo de la supresión del Servicio Militar obligatorio? ¿Quién tuvo la suficiente lucidez para admitir la evidencia de que España no participó en la guerra de Irak de 2003? Los compadres del Roldán, el Rubio, el Guerra, metidos hasta las cejas en la guerra sucia y en todas las Filesas y Malesas imaginables, pidiendo un gobierno que no mienta. Qué risa.
 
Todo junto y concentrado en catorce minutos. Es normal que a los actores y beneficiarios del sucísimo negocio del 11 al 13 de marzo no les guste nada el video. La imagen y la palabra (las suyas) son demasiado explícitas, no por nuevas –se trata de lances bien sabidos– sino por irrefutables. Porque no es el PP quien habla, son ellos. Así pues, quienes parieron a los suicidas no soportan que se les recuerde su superchería; los que tanto se carcajearon del “Comando Dixan” no toleran que se refresque la memoria de los españoles y quede patente su irresponsabilidad. No hay nada nuevo, pero sí el recordatorio, implícito también en el fondo, de a dónde nos conduce el gran descubrimiento de Rodríguez, la Alianza de Civilizaciones. Dicen que el video acusa al PSOE de complicidad en los atentados y no es verdad. Otra vez mienten. O yo no entiendo bien el español, o tal acusación no aparece por ninguna parte. Basta con la secuencia cinematográfica de los hechos del 12 y el 13, ésa sí es una acusación en regla. Y, para desgracia de los descarados de entonces, imposible de borrar.
 
Amables lectores, vean el video, descargándolo de Internet o como sea, y juzguen por ustedes mismos cuán moderados han sido nuevamente los del PP: ni siquiera han traído a colación aquella edificante chacota de un prohombre socialista que se jactaba y pitorreaba asegurando que “Si con el Prestige no basta, hundimos otro barco”.

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