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Serafín Fanjul

Elecciones

En nuestro país lo provisional tiende a eternizarse y así estamos: con una ley electoral del 77, que ha demostrado su inoperancia y el riesgo que entraña para los fundamentos y la estructura misma del Estado. Pero todos contentos.

Serafín Fanjul
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Decía Borges que la democracia es un abuso de la estadística. Se refería el muy elitista y exquisito – y excelente– escritor argentino a la igualdad política y de capacidad de decisión que se otorga al voto de un analfabeto y al de... –pongamos por caso– un intelectual bonaerense de nombre Jorge Luis y apellido Borges. En términos muy generales, no carecía de alguna razón el tan apreciado autor de El Aleph, pero tratándose de un derecho básico, de igualdad entre todos los ciudadanos, mientras no se invente algo menos malo parece que este sistema nos va siendo útil, sin llegar al extremo de Agustín de Foxá –también por el Río de la Plata, en Uruguay– que, al ser interrogado por la falta de democracia en la España de su época, retrucó preguntando al preguntón cuántos habitantes y cuántas vacas había en la República Oriental y que resultaron ser dos millones los unos y cinco millones las otras. "Por consiguiente –concluyó triunfal don Agustín–, el presidente del Uruguay debe ser una vaca".

Ingeniosidades aparte, esta forma de sacar los pies del tiesto sirve para escurrir el bulto, pero no para resolver problema político ninguno. Un modo de razonar que afecta por igual a izquierdas y derechas, aunque los dos ejemplos narrados pertenezcan al segundo grupo. Por lo común, unos y otros se acuerdan de la pureza y lo meditado del voto cuando les toca, negativamente, claro. Y tal vez sí deba aquilatarse con medidas técnicas la igualación real del valor y el peso de los votos que, en España y merced a una ley electoral para salir del paso pergeñada por Suárez y tres más, está desvirtuando los resultados y empujando sistemáticamente a los gobiernos a un estrecho alero en el que sólo pueden transitar mediante el chantaje previo de separatistas, mangantes varios o izquierdos unidos cuyo único objetivo es mantener escaños y sueldos. Pero esas medidas técnicas correctoras que hicieran más eficaces y justos los resultados no entusiasman ni a PP ni a PSOE. En nuestro país lo provisional tiende a eternizarse y así estamos: con una ley electoral del 77, que ha demostrado su inoperancia y el riesgo que entraña para los fundamentos y la estructura misma del Estado. Pero todos contentos.

Tenemos a la vista unos comicios autonómicos en trece comunidades y municipales en la totalidad del territorio nacional. No son despreciables: recuérdese que por unas elecciones municipales salió corriendo Alfonso XIII, con el agravante de que, globalmente, las habían ganado los monárquicos con diferencia, lo cual da una idea sobre el carácter del monarca, pero ésa es agua ya pasada por el vetusto molino de nuestra historia. Sí nos interesa más en este instante ser conscientes de que no se dilucida sólo si el alcalde, atornillado al asiento, va a seguir o no erigiendo faraónicas horteradas, dando licencias de obras indebidas, recalificando terrenos o inventando empleíllos para los familiares de su señora. Y les juro que, por esta vez, no estaba pensando en Gallardón al enumerar este surtido de alcaldadas posibles, sino en el regidor de un pueblo del sureste español que encarna bien todos los usos y abusos de la España metida en política: ya hablaremos de él otro día.

Como ya se ha señalado, el PSOE y su caudillo tienen las cosas muy claras: si pierden pie y retroceden de manera palpable, dirán que éstas no son legislativas ni primarias, sino abocadas meramente a la construcción de atarjeas o al empleo alternativo de bocina o tamboril para los bandos, cantar el precio del género en la carnecería Eladio o informarnos de si llegó fresco en el coche de León. Si conservan, más o menos, asientos y trinques, dirán que es prueba irrefutable del apoyo ferviente de "los" españoles al Proceso de Paz, cuyo inspirador y artífice máximo es Rodríguez –ditirambos, aleluyas, panegíricos y amplias sonrisas de todos los iñakisde las teles–, ese presente que la Providencia (laica, desde luego) nos ha otorgado a los españoles.

Sin embargo, sea cual sea el resultado global, o parcial, ya conocemos la redacción de la primera noticia con que abrirá TVE el telediario: "El PSOE gana las elecciones municipales", aunque luego vengan los matices, la letra pequeña y los desmentidos, tácitos y expresos. Así pues, querido lector, antes de cerrar el sobre, piense bien lo que hace, porque nos están vendiendo en almoneda y –me temo, perdonen la suspicacia– de hecho, queda no poca gente intercambiable con las vacas de Foxá.

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