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Serafín Fanjul

La cacería

Ni me molestaré en enumerar y comentar la lista de los patinazos de progres, buscados o no, desde "la señorita Trini" de Guerra a los orgasmos amontillados. Hay muchos más: me aburren.

Serafín Fanjul
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El fracaso histórico de la autodenominada izquierda ha pasado desapercibido ante los ojos de su parroquia: ya fuese el abandono de los postulados y objetivos del socialismo por parte de la socialdemocracia (versión blanda), o el estrepitoso hundimiento del Muro de Berlín, que acabó mostrando lo que realmente había al otro lado (versión dura). No ha bastado, pero con viejísimos lemas, mezcolanza de radicalismos ecologista y verbal y ausencia visible de proyecto, siguen exorcizando al "capitalismo", "los poderosos", "los ricos", etc. No se han enterado de nada e insisten en no hacerlo.

En España, el fracaso económico de González, junto a la corrupción y el arrasamiento del sistema educativo tampoco fueron suficientes. Ahora, Rodríguez es responsable de la bancarrota y el descrédito internacional de nuestro país, pero no basta. Conservan el dominio de la mayor parte de los medios de comunicación y a ellos se aferran para generar una realidad distinta de la palpable. Así pues, hace tiempo que lanzan campañas de intoxicación intimidatoria o de simple difamación, desde cuando intentaban cerrar el paso a José María Aznar con la cantaleta del dobermann y la amenaza de que la derecha suprimiría las pensiones: ¿se acuerdan?

Existe todo un catálogo de acusaciones, demasías y tergiversación de hechos que se repite en radio, prensa, TV, internet, etc. En grados enloquecidos y en términos inversamente proporcionales a la merma de sus expectativas en las encuestas de opinión. En román paladino, la montan. Con cualquier causa: el alcalde de Valladolid y los morritos, la bobería de la Camacho matamarcianos, los reales o supuestos desmanes sexuales de Sánchez Dragó el año catapún... Y la Memoria Histórica y la foto de las Azores y la incriminación de Aznar por los atentados del 11-M. A todo gesto, palabra o suceso mínimo se acaba dando la vuelta y termina en forma de hachazo contra Esperanza Aguirre, José María Aznar, el PP en su conjunto. Miles de veces reiterado por la legión de curritos para todo que trabaja para ellos en los medios.

En estos días le ha tocado a Isabel San Sebastián –a quien los sindicatos de clase tienen tantas ganas como a Hermann Tertsch, en lo fundamental por mantener su independencia con valor, algo inimaginable e intolerable para los pesebreros– y se han arrojado sobre ella (con el objetivo palmario de que, por elevación, salpique a Esperanza Aguirre) a propósito de los comentarios más estúpidos que soeces (y lo son mucho) de un tertuliano. Para la útil intoxicación desinformativa nada cuenta que fuese en conversación privada, que Isabel le conminase a callar o intentase rebatirle. Creen que han mordido presa y no sueltan el bocado: ¡a por ella! En nuestra opinión, la presentadora se equivocó al discutir con el maromo, en vez de reírse de él –como cumplía– porque, hasta donde sabemos de estas cosas, el hombre que se empantana en tales exhibiciones rijosas de boquilla, por lo general se come pocas roscas, o ninguna. Y cuanto mayores son los alardes y alharacas, mayor es también el agujero de las insatisfacciones. Pero ése es problema del fulano.

Lo en verdad significativo es el despliegue de comentarios, repeticiones y corolarios torcidos que acompañan a la ausencia de noticia, porque ¿qué noticia es que un botarate proclame sus frustraciones disfrazándolas de sadismo verbal? Todos a por Isabel, lo único importante en este momento. Y ni me molestaré en enumerar y comentar la lista de los patinazos de progres, buscados o no, desde "la señorita Trini" de Guerra a los orgasmos amontillados. Hay muchos más: me aburren.

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