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Serafín Fanjul

La madre de todas las desproporciones

En cuanto a la proporcionalidad, progres y exquisitas señoras de derechas tienen buen cuidado de no ponerse frente a una turbamulta de islamistas armados con barras y cuchillos, avisado proceder que los soldados de Israel no pueden permitirse.

Serafín Fanjul
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La historia militar del siglo XX –por no irnos más lejos– muestra la enorme frecuencia con que el llamado "fuego amigo" produce bajas entre las fuerzas propias; las víctimas civiles, deliberadas o por daño "colateral", se han contado por millones; las pérdidas porcentuales, según la maniobra que se realice, están calculadas también, por accidentes, enfermedades, deserciones, etc., aunque existan imponderables y excepciones. Todo esto lo conocen perfectamente los técnicos en la materia, es decir los militares. Pero en nuestros días y cada vez más, políticos y periodistas han ido ocupando terrenos que objetivamente no les corresponden y que ignoran casi por completo. Con la imagen que ellos mismos crean por única guía y la carnaza como medio para acoquinar a los timoratos, o para fulminar a quienes se defienden, los medios de comunicación occidentales hace tiempo vienen jugando un juego peligroso: servir de sostén y punta de lanza a discutibles amigos de hoy y muy posibles enemigos de mañana. O de ahora mismo.

Viene todo esto a propósito del vendaval de condenas desatado contra Israel por la intercepción del Mavi Marmara. Un tropel de periodistas, en auténtica carrera de sacos y a codazos por asomar más y mejor la justiciera boquita, se ha lanzado a todo trapo no sólo a execrar a Israel sino a elucubrar y desmenuzar los detalles de la operación como si entendieran algo del asunto. Los grandes expertos sobrevenidos por el Prestige (o por otros casos de naturaleza muy dispar), de nuevo se reconvierten y en cuestión de pocas horas –cuando todavía no se conoce toda la información– ya lo saben todo sobre Derecho Internacional, aguas territoriales y acciones de comandos helitransportados. Y opinan. Y condenan: la avalancha carroñera se realimenta a sí misma y no se paran en barras. Sobre las razones de Israel se pasa a toda velocidad, como concesión táctica en los debates y la palabra "desproporción" se usa como argumento final. ¿Quién decide, sobra la marcha, el criterio de proporcionalidad en las respuestas? ¿Cómo se fija ese criterio? ¿Qué alternativas proponen? ¿Por qué se exige a Israel una exquisitez en el trato al enemigo que deje en peligro de muerte, real, a sus propios soldados? ¿Es que no saben que en las guerras hay víctimas, incluso inocentes, lo que no era el caso de los muertos en el Marmara?

Claro que ha habido desproporción... en la prensa occidental. Un solo ejemplo: los trescientos mil asesinados (¡300.000!) en Darfur por el Gobierno islamista de Jartum, con intercepción y saqueo de caravanas de veras humanitarias, chantajes y presiones a quienes tratan de ayudar a los infelices paisanos, pasan desapercibidos en referencias minúsculas por televisiones, radios y periódicos. A nadie importan, porque de eso no se habla, no da juego, no se hace uno el progre criticando a unos moros remotos, gente progresista y bondadosa donde los haya. Y además: ¿por dónde cae Darfur? En la tarde del martes oí –en una emisora de radio que no pasa precisamente por progre– a cuatro señoras que daban instrucciones al trozo de abordaje del Tsahal sobre cómo desarrollar operaciones de asalto, amén de una colección de anatemas acerca de aguas territoriales y en torno a pérdida de vidas humanas, como si a diario no acabaran más existencias que las de los islamistas. Hay que demostrar a todo trance cuán eclécticos y equidistantes somos y de paso vender carroña a cualquier precio, porque no en vano la directora del programa es la misma que en enero de 2005 perdió su voluminoso trasero por condenar a los agresores de Bono en la manifestación en la que el superagente inmobiliario no fue agredido: es menester estar en la pomada y vender la misma mercancía que todos.

Que Israel intercepte en supuestas aguas internacionales (al parecer, dentro de las 200 millas) un mercante hostil y dispuesto a entrar ilegalmente en su territorio, no es ni mejor ni peor que cuando lo hace cualquier otro Estado. Sólo en el siglo XX, miles y miles de casos. La Marina Española, hace pocos años, asaltó –e fixo ben– un barco con misiles para Irán en el Golfo de Aden y los abordajes de buques por la Guardia Civil, en mitad del Atlántico, por sospechas de narcotráfico, han menudeado. E igualmente está bien que lo hagan.

En cuanto a la proporcionalidad, progres y exquisitas señoras de derechas tienen buen cuidado de no ponerse frente a una turbamulta de islamistas armados con barras y cuchillos, avisado proceder que los soldados de Israel no pueden permitirse.

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