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La otra muerte de Sandra Palo

Sería injusto decir que el PP está matando por segunda vez a Sandra Palo (metafóricamente, por supuesto), pero sí está claro que la pudorosa "prisión permanente" (revisable, faltaría más) no va a recaer sobre asesinos y violadores.

Serafín Fanjul
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Simbolizo y resumo en un solo nombre la horrible desaparición de la vida de muchas niñas o muchachitas, violadas y asesinadas atrozmente por alimañas. Tal vez por la impresión que vivo siempre que veo a la madre de Sandra Palo, cuyo rostro es fiel reflejo de su desesperación y desamparo, de su pena inagotable. Siempre. Por supuesto que los padres de otras criaturas también sufren y es imposible medir quién más o quién menos, porque su dolor (el de todos ellos) es simplemente infinito.

Cuando el PP incluyó en su programa la cadena perpetua ("revisable": ¿cómo no?) para violadores y asesinos de niños, mi irrenunciable desconfianza aldeana sólo se defendió con un "ya veremos", porque mientras la nueva ley no estuviera aprobada, promulgada y en vigor no había motivo alguno para la satisfacción. "Ya veremos" –farfullé–"ni me lo creo ni me lo dejo de creer", conocedores como somos del pánico de Mariano Rajoy (y compañía) a adoptar medida alguna que pueda alborotar a la izquierda (las medidas económicas por las que tanto cacarea el PSOE habrían venido igualmente con Alfredo Pérez en el gobierno, o parecidas). Pero la autotitulada izquierda se erige en valladar sordo y ciego en la defensa de asesinos y asociales, contraviniendo incluso sus modelos ideales (Cuba, la extinta URSS, China, etc.) donde a los delincuentes comunes se les persigue de modo implacable. Y no seré yo quien lo lamente. Pero en nuestro país, políticos y juristas, para hacer carrera, deben someterse y servir sin titubeos a una imagen buenista por ellos mismos creada, en la que "to er mundo é güeno"; donde las aguas han de estar bien quietas y quien se ahogue en ellas, que se amuele; el malhechor es una víctima de la sociedad y a usted, si le han matado a una hija, por ende de manera horripilante –como eso ya no tiene remedio–, ¿ qué más le da si el asesino sale a la calle a los pocos años gracias a las argucias leguleyas y técnicas de abogados, jueces, psicólogos, políticos? Una cosa es la justicia y otra la venganza, sentencian campanudos quienes cada noche –como dijo el padre de Marta del Castillo– no sienten que falta una hija en su casa. Conclusión: la reforma de la legislación franquista (que no fue sólo de Franco, oigan, que en muchos casos venía de la II República y del siglo XIX) nos dejó churros angelicales amenazantes sobre nuestras cabezas, por completo desprotegidas y en una carrera de sacos, en la cual no sólo corrieron el PSOE o los descerebrados de IU, nos dejaron la Ley del Menor (solícita protectora de los asesinos de Sandra Palo), la Ley de Enjuiciamiento Criminal (que sirve para salvaguardar a los delincuentes en serie: da lo mismo robar un bolso que doscientos), abarató las penas que en realidad se cumplen hasta extremos de burla a las víctimas, aunque los jueces –sin el menor sentido del ridículo– siguen pronunciando condenas de cientos y miles de años (¡Qué escarnio!).

Pero llegan las elecciones y hay que contentar de boquilla a los votantes del PP. Y después del triunfo, Dios dirá. Y no ha sido Dios, sino Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia, quien ha aclarado que de "prisión permanente" (en cuanto acuden al eufemismo ya no me creo nada de ellos) para violadores asesinos, nada. Sólo para los casos de terrorismo. Y como a la vuelta de tres o cuatro años todos los terroristas ya estarán en casa, con Nanclares o sin Nanclares, no hay problema alguno: no habrá a quien aplicar la ley.

Aunque no lo dicen, se colige que el PSOE, gran defensor de bandidos ( y con buenas razones para ello) ha dicho nones y ha amenazado con exigir cambio en la Constitución y por tanto dos tercios en el Congreso para bloquear la iniciativa. Según mis recuerdos, se han introducido modificaciones constitucionales en dos ocasiones, porque convenía a PP y PSOE, aunque este último partido –con las dulces y platónicas protestas del PP como espectadoras– haya traicionado y burlado a la misma Constitución por la puerta trasera cuando quiso el Luminoso Líder (Estatuto de Cataluña). ¿Pero no sabían Rajoy y compañía que iba a suceder esto mientras largaban promesas electorales? ¿Por qué no fuerzan al PSOE a descararse ante la opinión pública votando en contra y poniéndoles en el miserable lugar que les corresponde? ¿Por qué no utilizan ellos también los trucos de rábulas que se gastan los progres? ¿Por qué no se atreven a convocar un referéndum a las claras? ¡Ah, que para eso se necesita una RTVE higienizada y no en manos de Rubalcaba y un Tribunal Constitucional no menos neutral y limpio! Y ganas de hacer algo, claro.

Sería injusto decir que el PP está matando por segunda vez a Sandra Palo (metafóricamente, por supuesto), pero sí está claro que la pudorosa "prisión permanente" (revisable, faltaría más) no va a recaer sobre asesinos y violadores. Y luego Mariano Rajoy simula extrañarse por la rabia de las víctimas del terrorismo, tan burladas como la madre de Sandra Palo. Si lo dice de buena fe, está en la luna y, de lo contrario, se califica solo. Las próximas elecciones quedan lejos –o eso cree– y se puede seguir toreando a los votantes. Podemos ser pacientes con las medidas económicas, con los engaños no. Con la cobardía tampoco.

Y un fuerte abrazo para Mar Bermúdez y todos los demás.

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