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Serafín Fanjul

La traición rentable

El problema es que Obama, con su ridículo sermón de El Cairo, de momento ha logrado afianzar a la cruel tiranía de Irán y a cuanto integrista musulmán anda suelto: ¡bingo!

Serafín Fanjul
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Desde que Juan Goytisolo escribiera, allá por 1970, su novela Reivindicación del conde don Julián el panorama social y político de España y del mundo occidental ha cambiado mucho. La propuesta de traición en aquellas páginas –queremos pensar en beneficio de Goytisolo– no pasaba de ser un motivo literario y, tal vez, el modo de sacarse el autor alguna que otra espina personal, pero el asunto carecía de mayor trascendencia, puesto que la satisfecha admiración del escritor por Marruecos (la meta propuesta al traicionar a España a través de la imaginaria vuelta de los moros) a nada nos comprometía y a nadie sino a él mismo concernía.

Sin embargo, inmediatamente después de la aparición de aquel libro, el petróleo empezó a subir de manera dramática para las economías occidentales y para bonanza de las petrotiranías árabes. La demografía galopante del mundo musulmán corrió pareja con la depauperación de la natalidad en Europa y, por último, una feroz crisis de confianza en nosotros mismos –¿por qué?, es pregunta de difícil respuesta– abrió de par en par las puertas a una autocrítica más cercana al masoquismo que a la regeneración o a la búsqueda de la verdad en nuestra relación con otras áreas culturales.

Y tampoco faltaron los avispados. Desde distintas procedencias profesionales se olfateó la pitanza: políticos, periodistas, escritores vieron el negocio que podía significar jugar a don Julián. Que algunos arabistas se sumaran al cortejo estaba cantado, autoproclamándose sacerdotes de la nueva religión del entreguismo; y que otros del mismo gremio comieran y callaran, también. En realidad, toda esta grey variopinta está inserta en lo que César Alonso de los Ríos ha denominado con atinada expresión "la traición rentable".

Él se refería a Rodríguez y su Alianza de Civilizaciones: meter el caballo de Troya dentro de nuestras murallas (metafóricas, aclaro para los inteligentes que nunca faltan), pero la metástasis se ha extendido y desde el Obama que gobierna (¿) a la primera potencia mundial hasta el recién licenciado en árabe que aspira a una beca se ha descubierto el buenismo victimista como vía para conseguir objetivos a corto plazo. El problema es que Obama, con su ridículo sermón de El Cairo, de momento ha logrado afianzar a la cruel tiranía de Irán y a cuanto integrista musulmán anda suelto: ¡bingo! Veremos si los menesterosos pedigüenos de la beca obtienen algo más que participar en una mesa redonda en la Casa Árabe que, por cierto, nos cuesta un ojo de la cara.

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