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Serafín Fanjul

Lo vituperable

¡Qué listos son algunos políticos, con sus originales sugerencias que a nadie se le habían ocurrido! Pero cuando llega el momento de apoyar a musulmanes (por lo general, mujeres) para que, simplemente, puedan vivir como nosotros, empieza el escaqueo.

Serafín Fanjul
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Entre los argumentos más socorridos y utilizados por islamistas y musulmanes en general para justificar sus actos destaca el concepto coránico "al-amr bi-l-ma’ruf wa-n-nahy ‘an al-munkar" (lo que traducido viene a significar "ordenar el bien y corregir lo vituperable"), que les faculta y avala para perpetrar cualquier crimen, imposición o violencia. Naturalmente, ellos deciden qué significan "bien" o "vituperable". Dan por supuesto, como postulado fuera de discusión, que sus pautas culturales son las únicas, no ya aceptables, sino posibles. El Bien y el Mal aparecen diáfanos: sométanse (aslimû) a nuestros criterios (¡Son los de Allah!) y no tendrán problemas con nosotros. Pero, contumaces en el error como somos, andamos remoloneando para entrar por tan venturosa vereda.

Releo noticias de Libertad Digital de los últimos días, en latitudes lejanas o próximas: Marruecos expulsa a un misionero cristiano por quebrantar la fe musulmana, Una familia turca entierra viva a su hija de 16 años por salir con chicos, Libertad con fianza para los islamistas detenidos por condenar a muerte a una mujer en Valls,Maruja Torres critica a Chacón y las ministras por la alcaldesa de Cunit. De todas ellas, obviamente, la más grave es la del asesinato ritual en Turquía, acompañado de otros trescientos similares habidos en el país en el último año, aunque no todos presenten las características de horror que acapara el enterrar viva a una hija. Sin embargo, nos afectan, por su proximidad, el dictamen de un juez poniendo en libertad bajo fianza a los aspirantes a asesinos de una descarriada (¡Practicaba lo vituperable!) y la complicidad de una tal Judit Alberich, alcaldesa socialista de Cunit, con los cabecillas de la comunidad islámica de su pueblo y en contra de otra descarriada que, también, practicaba lo vituperable: no querer encasquetarse la pañoleta.

Ambos casos tienen un rasgo común gravísimo: la indefensión absoluta en que nuestro Estado –tan alegremente autocalificado "de derecho"– deja a las musulmanas (y, a veces, a los musulmanes) que deciden ejercer la libertad de vivir con arreglo a las normas abiertas y tolerantes de nuestra sociedad. Estamos hartos de oír a tantos cantamañanas, ávidos de trepar con la escala de Su Santidad el Multiculturalismo, cómo proclaman el inalienable derecho de las musulmanas a embozarse en la pañoleta y hasta en el burka para ejercer su libertad y etc. Bueno está: en no pocas ocasiones hemos denunciado que jamás les oímos hablar del derecho contrario. Y no hablamos en términos generales, sino pensando en personas muy concretas, con nombres y apellidos, eternos vendedores de su imagen de progres.

¿Dónde están los innumerables movimientos por la tolerancia, fundaciones por la pluralidad o asociaciones por la convivencia de esto y lo otro, tan generosamente pagadas con nuestros impuestos? También hemos oído y leído, hasta el bostezo, agudas propuestas sobre el apoyo que debemos prestar a los musulmanes "moderados", incluso como táctica para neutralizar a los extremistas. ¡Qué listos son algunos políticos, con sus originales sugerencias que a nadie se le habían ocurrido! Pero cuando llega el momento de apoyar a musulmanes (por lo general, mujeres) para que, simplemente, puedan vivir como nosotros, empieza el escaqueo: no me traigas problemas, eres conflictivo/a por pretender escaparte del gueto físico y moral que te impone tu cuadrilla, un mal ejemplo, en fin, y si ellos dicen que lo tuyo es vituperable, sus razones tendrán.

Así pues, señor juez de Tarragona, señora alcaldesa de Cunit –o señores jueces y alcaldes especialistas en escurrir el bulto– si a la una los salvajes terminan matándola a pedradas y a la otra la cosen a puñaladas, ustedes siempre tendrán una artimaña leguleya o administrativa para ocultarse y continuar hablando de cuán hermosa es la convivencia en pluralidad, o de qué malvados son los munícipes de Vich o Torrejón por tratar de poner un poco de lógica. ¿O de verdad creen que sus hilarantes órdenes de alejamiento van a detener al brazo justiciero de Allah?

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