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No aprenderán jamás

La última cosa que van a hacer en el PP es preguntarse seriamente por qué más de cuatrocientos mil andaluces que el 20 de noviembre pasado votaron a su partido, el 25 de marzo se quedaron en casa o se largaron a la playa.

Serafín Fanjul
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La última cosa que van a hacer en el PP es preguntarse seriamente por qué más de cuatrocientos mil andaluces que el 20 de noviembre pasado votaron a su partido, el 25 de marzo se quedaron en casa o se largaron a la playa: prefieren entretenerse con las encuestas y repetir la boba letanía de que ellos han ganado las elecciones (3 diputados y un punto más que el PSOE: gran cousa, que diría mi abuela) y aunque eso sea técnicamente cierto, la verdad definitiva es que gana quien gobierna. Y como remate, las patéticas declaraciones del pírrico vencedor ("diálogo, sentido de la responsabilidad", etc.), con la traca final de ofrecer un "pacto de gobernabilidad" al PSOE. Para tumbarse de risa.

Cuando se pasa de lo general (paro del 30%, analfabetismo, PER, subdesarrollo, nivel educativo de Azerbeiyán, robos y fraudes a no va más y un largo etcétera) a lo particular y se disfruta en directo del poder socialista y de progreso, se piensa que "eso" no se puede sostener un minuto más. Resulta imposible comprender cómo el PP ha dejado escapar al cocodrilo, vivo, carcajeándose y llenándose la andorga con más trinques, nuevos ERE, barra libre para perseverar en las políticas de progreso que garanticen otros treinta y dos años de atraso y vagancia. Ahora, en compañía de otros, los que proclamaban, hace unos días, un pugnaz "Rebélate", anudándose ya la servilleta al cuello y empuñando cuchillo y tenedor, con tanta hambre atrasada, porque –como me decía un paisano en Pontevedra– mantener gordo a un perro gordo cuesta cuartos, pero engordar a otro flaco, cuesta muchos más. Verán cuánto tardan en IU en olvidar eso del "Estado federado a la III República" y otras mamarrachadas del mismo jaez. Como para dejar que la procesión pase de largo. Y Arenas ofreciendo "pactos de gobernabilidad".

Pero no es cosa de extenderse ensañándose con la persona de Arenas, hablando de un pesebre llamado PER, o del voto oculto de quienes no confiesan votar al PSOE porque les da vergüenza. Todos son factores reales, coadyuvantes al indeseable resultado. Pero hay otros. Creo sinceramente que Mariano Rajoy y su gobierno están trabajando mucho y muy preocupados por mejorar la economía, si bien es necesario tiempo para percibir mejoras, sin embargo ahí terminan sus méritos. En tres meses han tenido tiempo sobrado para ir destellando y mostrando gestos y actitudes (acciones y omisiones) que brillan por su ausencia. Nos hemos pasado –un servidor y algunos ilusos más– advirtiendo, durante ochos años, a Rajoy y Cía. que hablar de "lo que de verdad interesa a los españoles", es no decir nada, por la evidencia de que nos interesan –y mucho– varias cosas serias, amén de la economía: subidos en el machito, aun nos harán menos caso.

Y ahí el gobierno de Rajoy permanece inédito, o marcando territorio en sentido contrario: temblequeos y escapismos ante las todavía suaves arremetidas de la izquierda (el último, el ministro Fernández Díaz ninguneado por la minoría en la comisión de Interior del Congreso cuando iba a mostrar su peliculita de los sucesos de Valencia, que se negaron a ver: "No la impusimos para no abrir una guerra", aclaraba la chiquita portavoz. Toreros); nombramientos mucho más que preocupantes (un tal Oyarzábal, a quien un día ridiculiza, plantándole, la Manjón, y al siguiente ofende e insulta a las "víctimas ultras y extremistas": qué comprensible es la devolución del carnet por Ortega Lara y Toñi Santiago). Y qué coherentes son los premios atropados por los gallardos ejecutores de María San Gil. Omitimos los nombres pero no los olvidamos.

Busquen también por ahí la pérdida de votos. Y digo "también", no "sólo". Pero Rajoy está aquejado de arriolitis aguda y crónica, para la cual no hay antídoto, sobre todo porque al doliente le va esa marcha. No entiende que si Esperanza Aguirre arrasa en Madrid no es sólo por inaugurar hospitales y construir infraestructuras públicas (que también), sino porque conecta con la gente, a base de gestos y actitudes que tocan al lado sentimental y emotivo de los españoles. Pero a Rajoy no le interesa lo que piense la gente –con ser buen gestor le basta, si lo es- , así pues se permite el lujo de desdeñar y auspiciar una RTVE en manos de los talibanes socialistas urdiendo marranadas noche y día contra él y contra nosotros. Pero, junto con Canal Sur (otra que tal), es la que más se ve en Andalucía. Y si no le importa la información, imaginen la cultura y sus mil y un canales que, a medio y largo plazo, suben el nivel de un país y conforman sus opiniones: ellos creen en la economía, la balsa de aceite y el encefalograma plano de los indígenas.

Por lo tanto, ¿qué pasará si –como va a pasar – la matonería sindical se apropia de las calles (como ya han hecho), la Junta de Andalucía sabotea las reformas económicas y los separatistas catalanes y vascos se lanzan, en los próximos dos años, a la yugular del Estado, tras haberse ciscado sobre la Nación? ¿Se atreverá Mariano Rajoy a ponerse al frente de una manifestación de dos millones de personas y a gritar "Viva España"? ¿Habrá alguien en el PP que lo haga? Por favor, Gallardón, demuéstranos que nos equivocamos contigo.

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