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Serafín Fanjul

"No me resigno"

Como Esperanza. Como muchos españoles (Coba arriba o Cobo abajo, ¿seremos diez millones?), un servidor tampoco se resigna

Serafín Fanjul
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Es una frase redonda: expresiva, de contenido fuerte y – además, tal vez lo más importante – oportuna, pronunciada en el momento justo en que se precisa. Esperanza Aguirre ha dado en el clavo con la idea y ahora sólo cabe adoptar las tres palabras como lema de resistencia ante ataques e invasiones enemigos o frente a submarinos internos. Cuando la presidenta madrileña enarbola tan contundente resolución sabe que no está sola y tampoco ignora la preocupante deriva iniciada por su partido en un tobogán suicida jaleado e impulsado por los Pepiños y Países. En efecto, si el sabio calla, malo, y si el necio aplaude, peor. Así andamos, con un Mariano Rajoy que nunca se vio en otra igual, entre las palmas y arrumacos de la inmensa máquina de propaganda a servicio del Gobierno, un Ruiz Gallardón urdiendo su golpe de palacio para burlar la opinión y expectativas de los votantes de su partido y una afición poco proclive a creer en dotes e inspiraciones sobrenaturales en los políticos, condición ultrametafísica que, por ende, cuadra poco al presidente del PP.

Como Esperanza. Como muchos españoles (Coba arriba o Cobo abajo, ¿seremos diez millones?), un servidor tampoco se resigna:

No me resigno a que el PP acepte – por mero conformismo–, cual verdad inmanente al decurso del Cosmos, que no pueden rebasar el 40 % de votos y que con más participación del 70 % en las elecciones no ganarán jamás. ¿Los sabios tabuladores, bien estabulados ellos, han calculado cuánta gente se quedó en casa por las dubitaciones y exhibiciones mansas de don Mariano durante la campaña –y antes: ausencia, por ejemplo, en la última manifestación de víctimas del terrorismo–, obsesionado con recordar el precio de las cebollas y la clase de inglés?

No me resigno a que en la dirección de ese partido sigan sin enterarse de quiénes son sus votantes. En los días pasados, la nueva y flamante portavoz presume de no ir a misa y de haberse casado sólo por lo civil. ¿Han evaluado el número de votos y los torrentes de simpatía que gana de tal suerte esta señora? ¿Considera más importante tratar de congraciarse por esta vía con los progres? Va dada la criatura y omitiremos los adjetivos.

No me resigno a que se crean propietarios de nuestros votos, persuadidos de que, hagan lo que hagan y pongan de mascarón a quien pongan, les vamos a seguir votando, al menos todos. Abusan –y mucho– del sentido de responsabilidad de sus bases y no es seguro que la paciencia sea eterna.

No me resigno a que la frase "hablar y trabajar sobre lo que interesa a la gente" no pase de muletilla cansina y gastada, que en boca de abogados del Estado y registradores de la propiedad suena a hueco, si no a chiste. Estas personas –con todos los respetos formales que les dedicamos– nacidas en la moqueta y en ella amamantadas no tienen la menor idea de cómo siente y reacciona la gente. Porque si han ido al Monte de Piedad en una ocasión, ha sido para inaugurar algo; si se relacionan con progres y ex rojos peligrosos en el bar del Congreso, desconocen las dosis de resentimiento que éstos atesoran, por encima de todo; y si una vez vieron un moro, fue en fotografía. No se enteran de nada, pero ahora han descubierto el "ábrete, Sésamo" y lo repiten encantados. No han comprendido –o les da pánico comprender– algo elemental y evidente: el PSOE ganó las elecciones de 2004 crispando e introduciendo la violencia de modo salvaje en la política, volcando a patadas la balsa de aceite que tanto gustaba al señor Arriola. Y, por añadidura, si la gente votase pensando, sobre todo, en el bolsillo (el famoso kilo de cebollas, puerros o rábanos de Rajoy, vaya), el PP habría ganado sin discusión en aquella fatídica circunstancia. Pero ahora quieren dormir con su enemigo, bien arrullados por las nanas de Pepiño do Palleiro. Y no podemos sentenciar, como buenos celtíberos, "allá ellos": el que se hunde es el barco de todos.

No me resigno a contemplar el desmoronamiento de mi país entre la golfería de unos y la pusilanimidad de otros, atentos no más al reparto de trinques o de puestos, convencidos todos de poseer una gallina de vida eterna y áureos huevos inagotables.

No me resigno a que el descubrimiento –ya era hora– de muy serios problemas, como la inmigración, se quede en flor de un día de campaña, de nuevo aterrorizados los unos y los otros ante la adopción de medidas realistas y crudas.

Y no me resigno a que los padres de Sandra Palo no tengan otro auditorio ni eco que el Parlamento de Estrasburgo; ni a que el Ejército español sea ridiculizado y despreciado dentro y fuera de España; ni a que el Tribunal Constitucional o el CGPJ funcionen a toque de corneta de los políticos; ni a que, en la práctica, se prohíba la enseñanza en español dentro de ¿nuestras? fronteras; ni a que la cultura española se reduzca al Chiquilicuatre, Ramoncín y Almodóvar; ni a que los alumnos lleguen a la Universidad en estado de burrez perfecta... Y etcétera.

En definitiva, no me resigno a que sigan vigentes las palabras de Nicolás de Azara, escritas en 1800: "Lloro únicamente los males de mi Patria, la que teniendo tanta proporción para ser feliz está reducida al estado más miserable y a representar el último papel en la Europa, y a ser quasi ignominia el nombre de español. Todo por ignorancia, avaricia, intriga, libertinaje de los que están a la cabeza del gobierno que sacrificarían diez Españas al menor interés personal (sic, en el original). Ni creo que pueda suceder diferentemente porque los buenos o huyen los empleos, o los apartan de ellos no simpatizando con las máximas corrientes; y los que se buscan para ocuparlos son homogéneos a ellos, o se hacen presto a sus mañas."

Como Esperanza, no me resigno.

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