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Serafín Fanjul

Papel de fumar

En este pueblo nos conocemos todos demasiado como para impresionarnos con bravatas, y padre franquista (antes o después, o siempre) lo tuvo casi todo el mundo. Y, sin embargo, sigue circulando el papel de fumar a manos llenas.

Serafín Fanjul
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La expresión, amén de conocida, es lo bastante grosera como para eludir reproducirla en su integridad. Si andamos con tiquismiquis o miramos un objeto por arriba y por abajo dejándonos llevar de un exceso de celo, de moralidad y pacatería; o si, en el fondo, no más estamos buscando pretextos para dilatar nuestras reacciones, sobrecogidos por el qué dirán, la voz popular resume bien todo eso: con papel de fumar. Partiendo del axioma que tan estupendamente dejó establecido Cela ("lo más parecido a un tonto de derechas es un tonto de izquierdas", parece que comentó a su hijo, que algo llevaba en el asunto) y del muy comprobado hecho de que a la biempensancia siniestra ha sustituido la diestra (como noción locativa) podemos asegurar que entre la llamada derecha sociológica –y no digamos en la política– se cargan toneladas de librillos de tenue papel para el consumo. A medida que los unos se han ido descarando, exhibiendo sin pudor vocación y entrañas de chequistas, los otros se han arrugado y encogido con mil y un pretextos, hasta llegar al 13 de marzo de 2004, cuando sitiaron la sede del partido en el Gobierno, con impunidad total y sin recibir, siquiera, ni un mínimo porrazo. Con papel de fumar.

Recuerdo un debate virtual en la televisón cubana, por septiembre de 2003 –y digo virtual porque allá todos lo son, sin oposición ni contraste alguno de opiniones– en que los panelistas (Alfonso Sastre, Genoveva Forest, Carlo Frabetti y algún periodista local paniaguado del régimen, objetivos y de posturas varias, como se ve) se aplicaban a definir España como una dictadura fascista, insultando con especial fruición a José María Aznar. Insultando de veras, no según ese uso que ahora se hace del verbo "insultar" referido a cualquier cosa (exabrupto, ironía, sátira, crítica dura o mera salida de malas pulgas). Los ecuánimes tertulianos –sospecho que no se habían pagado el viaje ni el hotel– acumulaban burradas y los inteligentes burócratas de la televisión cubana documentaban visualmente y probaban el carácter fascista del gobierno del PP exhibiendo copiosas imágenes de la gran manifestación montada por Prisa y el PSOE el 15 de marzo de aquel año contra el presidente del Gobierno (manifestación en la que, por cierto, picaron tantos incautos enamorados de la palabra "paz", pero éste no es el tema) a propósito de la intervención americana en Iraq.

Pregunté a los indígenas que me rodeaban si identificaban la España que conocían en cuanto allí estaban oyendo y si pensaban posible que un régimen "fascista" consentiría semejante tumulto enemigo. La respuesta, obvia y natural (estábamos en un domicilio privado) es lo de menos, lo importante es que, después del "Prestige" y las broncas a granel que regaron por toda España aperreando a concejales, diputados o lo que cuadrara del partido del Gobierno, aquella gente, los distinguidos panelistas, estaban representando muy bien a la izquierda, mientras la contestación recibida venía envuelta en... papel de fumar.

"Mira que os denuncio", "que me voy a cansar", "que si siguen quemándonos sedes y volcándonos encima carros de estiércol aquí puede pasar algo"... Y vaya que pasó. La moderación de Aznar en el encauzamiento de aquellas algaradas y disturbios fue interpretada y aprovechada como muestra de debilidad y cuando acudió a votar el 14 de marzo, él mismo y su esposa volvieron a sufrir los gritos de la chusma. Menudos fascistas. Todo normal. Como lo es que Rodríguez aun no haya articulado una sola palabra de condena de aquellos desafueros, ni menos aun de los que él ha promovido ya desde el Gobierno, con todos los mecanismos del Estado en sus manos (medios de comunicación, Policía, judicatura, poder legislativo, presupuestos), los mismos que Aznar ostentó y utilizó con tanta parsimonia.

¿Cómo extrañarnos de que el Supremo reduzca la condena del asesino De Juana a tres años? ¿Quién se sorprenderá del torvo y vengativo rictus de un ministro de Justicia que quiere "luchar contra los hijos, después de luchar contra los papás"? Que se preparen cuantos tuvieron padre franquista: María Teresa, Barrionuevo, Bono y el mismo excelentísimo que suelta la amenaza. En este pueblo nos conocemos todos demasiado como para impresionarnos con bravatas, y padre franquista (antes o después, o siempre) lo tuvo casi todo el mundo. Y, sin embargo, sigue circulando el papel de fumar a manos llenas, oferta múltiple, de venta, casi regalado, en grandes superficies, planta segunda.

Ellos y sus compis están dispuestos a todo: una vez colado el estatuto catalán no van a soltar la presa (el negoci es el negoci) y si hay que autodedicarse una mani el 13 de enero para mejor olvidar la voladura de Barajas y a los dos ecuatorianos, se organiza el guateque que sea. Alles fúr den Frieden ("Todo por la paz") me comentó con mucha coña y cara de poker un campesino en Alemania Oriental, cerquita de Dresden (verano del 86), cuando, sobre nuestras cabezas, un reactor soviético acababa de romper la barrera del sonido. Todo por la paz. Unos, prestos a exterminar al contrario, de momento amordazándolo, los otros gastando librillo y no precisamente para fumar.

Preparan el golpe de mano para neutralizar por enésima vez al Constitucional (¿cuántas van?). Pierden el trasero por oficiar de mamporreros de la ETA ante la UE (véase el muy merecido papelón del siempre eficiente Yáñez). Tragan lo que sea, a cuenta de nuestras arcas y de la dignidad de nuestros policías, ante Mauritania por un asunto que compete a ese país (salvamento y repatriación de indios y cingaleses) y sin más móvil que contentar a su galería: ¿qué dirían los tiernos progres si el Gobierno de sus amores no ejerce de nuevo la caridad con cualquiera que deambule por el mar sin papeles? Prohíben desplegar banderas españolas en Alcorcón ante la irrupción del infecto Rubianes (¿qué pensarían de sí mismos los policías que cumplieron semejante orden?, ¿es que sólo trabajan por el sueldo?). Preparan la excarcelación del criminal con argucias leguleyas y pasan de pedir 96 años de prisión a 12, para que los otros compadres terminen reduciendo la pena a tres. Todo es conocido: la Justicia en nuestro país es una burla contra las personas honradas; de tres mil años, el asesino cumple dieciocho (Contraatacan triunfales: ¡se le juzgó con el Código franquista! Pero olvidan un detalle, de ese Código abolieron lo que les convino, porque aplicándolo entero, al tal De Juana se le habría dado garrote). Releo mi artículo ¿Dura Lex? (1 de julio de 2005) y compruebo sin ninguna sorpresa que sigue siendo de la máxima actualidad: el tiempo no pasa por nosotros.

Pero no son ellos los únicos responsables. Cuando el falso incidente de Bono (enero de 2005), varios periodistas de derechas de toda la vida se apresuraron a lanzar sus más enérgicas repulsas, condenas y bla, bla, bla contra los agresores (ahora plañen por la posible muerte del matarife, eventualidad absurda donde las haya). El mismo Rajoy tampoco estuvo muy fino y picó en idéntico anzuelo, bien a mi pesar. Y sin saber lo que en realidad había sucedido. Después vinieron las detenciones ilegales y el abuso de poder, pero la metedura de pata de cabezas y voces visibles de la derecha –bien enfundadas en papel de fumar– ya no tenía remedio.

En estos días, destacados periodistas, incluso próximos, pierden el tiempo sometiendo a discusión y crítica si la grabación jocosa sobre Pepiño (otro que gasta librillo, a ratos, fingiendo mohines de doncellita herida en su intimidad) es apócrifa o no, aguzando la oreja por si en ella se percibe rumor de multitudes o murmullo de estudio de grabación de la SER. Oiga, ¡qué bobada! Con tanto papel de fumar, acaban mordiendo la carnada de los dengues mimosos del PSOE ("¡La manifestación no era de apoyo a las víctimas, sino contra el Gobierno!"). Pues claro que era contra el Gobierno: donde las dan las toman y ¿cómo apoyar a las víctimas sin condenar al Gobierno que las está traicionando, humillando y persiguiendo? Y sólo faltaría que no pudiéramos protestar contra una panda que está desguazando nuestro país, mientras se da el hociquito con los asesinos de mil españoles.

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