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Serafín Fanjul

Una cada día

La guinda viene de Bélgica y Francia, con el minirrevuelo periodístico suscitado por el reparto de una sopa de cerdo entre indigentes de esos países; ya tenemos a los progres de guardia y a los burócratas de turno llorando porque tal reparto es racista.

Serafín Fanjul
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Estaba cantado. Tras el lamentable espectáculo deparado por los gobiernos y las grandes corporaciones europeas en el infladísimo incidente de las caricaturas de Mahoma, la cascada de exigencias y reclamaciones airadas se ha convertido en aguacero permanente sobre nosotros. Un día sí y otro también la sensibilidad herida de losmusulmanes nos recuerda que somos sus rehenes. Gracias a empresas como Nestlé o Carrefour y a mandatarios como Solana, Chirac o Rodríguez, no hay jornada que no amanezca con una bronca organizada por muslimes que consideran intolerable ésta o aquélla insignificancia acaecida en rincones de la geografía o la sociedad de nuestro continente, los cuales habitualmente no recordamos para nada.

Bien es cierto que, en este fenómeno de saturación, gran parte del conflicto se engendra en los mismos medios de comunicación, al haber descubierto un filón inagotable para rellenar páginas de los diarios o tiempos de emisión en tertulias variopintas, sin parar mientes en la forma en que están regalando munición a un enemigo que la utilizará en la modalidad plañidera o en la amenazante según sus conveniencias. Acontecimientos de importancia menos que minúscula se magnifican de modo surrealista convertidos en grandes banderas de enganche de turbas histéricas por el fanatismo. Y si el asunto del periódico danés no debió rebasar nunca el ámbito de los tribunales de ese país, si los mahometanos de por allá –y sólo ellos– se sentían agraviados, los casos que cotidianamente se nos echan encima, en buena lógica, no deberían haber alcanzado las páginas de los periódicos.

Pero las han alcanzado y la cadena de despropósitos se estira ad infinitum. Resumimos, omitiendo piadosamente las fuentes. Los musulmanes piden a Rodríguez que la Catedral-Mezquita de Córdoba sea de uso conjunto (¿para cuándo la cesión de un espacio en la Kaaba a los cristianos para su culto?). Una empresa –española, claro– retira, despavorida, del mercado una camiseta turística porque en ella aparecía una mezquita con la leyenda "Aquí dormimos", cuando estoy harto de ver gente, musulmanes, durmiendo en las mezquitas sin que nadie se dé por enterado: aquí se alían la pudibundez y el miedo con la ignorancia. Una autotitulada Unión Demócrata Ceutí, de hecho un partido confesional musulmán, amenaza con querellarse contra los componentes de una chirigota de Ceuta, contra el letrista, contra el gobierno de esa ciudad, contra la comisión de festejos y contra el sursum corda por una letra de canción. Obviamente, junto con las garantías de nuestro ordenamiento jurídico, aprovechan el rebufo danés e ignoran el sentido del Carnaval, que es la transgresión pura desde su antecedente más remoto, las Saturnales romanas, un sentido lúdico-festivo que los musulmanes, para su desgracia, desconocen. El problema es que pretenden hacernos correr con la cuenta de sus carencias.

Pero la guinda viene de Bélgica y Francia, con el minirrevuelo periodístico suscitado por el reparto de una sopa de cerdo entre indigentes de esos países; ya tenemos a los progres de guardia y a los aterrorizados burócratas de turno llorando porque tal reparto es racista. Por descontado, a nadie obligan a tomar el caldo y parece evidente que una persona o grupo privado puede hacer caridad como le venga en gana y que quien no quiera aceptarla no tiene por qué. Pues bien, la estupidez inoculada en el ambiente por ignorantes y pusilánimes pretende que asumamos a la contra y a la fuerza los tabúes alimentarios musulmanes. ¿Qué culpa tenemos de que decidan perderse la excelentísima carne de puerco? Allá ellos con sus creencias, pero ¿cómo consumirla o repartirla puede ser tildado de racismo? Cada día descendemos un peldaño más en la escala de la necedad, mientras esperamos, vivamente emocionados, que las organizaciones humanitarias musulmanas distribuyan allende y aquende sopa de cordero, o de gallina, o de lo que sea, con sentido ecuménico, para que de ella sorban encantados todos, musulmanes, cristianos y shintoístas. Sopa para todos, vaya, un gesto universalista y de veras fraterno que no hemos visto jamás de ese lado.

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