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Serafín Fanjul

Y ahora, los monos

Es evidente que se usa a chimpancés y babuinos como señuelo diversivo, de modo paralelo al empleo desvergonzado y masivo, en todas las televisiones, de la corrupción en Marbella para distraer la atención del estatuto catalán o la supuesta tregua etarra.

Serafín Fanjul
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"Cuando se carece de problemas serios, se inventan por cualquier cosa", me comentó hace algún tiempo un amigo cubano que andaba de visita por España, a raíz de haber leído una noticia sobre una sabia sentencia judicial que reglaba y repartía entre un matrimonio divorciado los días y horarios de visita a un perro. Obviamente, mi amigo estaba pensando en su libreta de racionamiento con la cual ya no le daban casi nada, en los cortes diarios de agua en su vivienda o en los garabos que hubimos de inventar (verbo predilecto de los cubanos actuales) para que consiguiera el permiso de salida al extranjero. El estado de ánimo respecto a España del visitante caribeño termina de reflejarse en el suspiro que soltó en el Paseo del Prado, frente al Museo, y contemplando el tráfago y abundancia de coches: "Y ese Martí, ¿por qué cogería tanta lucha con la vaina de la independencia?". Pero dejemos a mi amigo y vayamos al meollo de la cuestión: la última patochada socialista –por ahora, no desesperen– a propósito de gorilas y orangutanes ha provocado carcajadas, incredulidad y hasta una airada autoinvestidura de los estupendos promotores como herederos de Galileo, Colón y no sé cuántos genios incomprendidos más de la historia. La modestia que no falte.

Si el asunto se quedara en una mamarrachada más de ecologistas pirados y bien utilizados para rebañar algunos votos de radicales de izquierda (si hoy en día eso significa algo), no valdría la pena dedicarle ninguna atención. Pero otras circunstancias del caso no nos permiten ser tan benévolos. No es sólo que coincida la "proposición no de ley" con la presentación de los cuatro millones de firmas en el Congreso o que llueva sobre muy mojado en el resbaloso suelo de la sociedad española, tan propensa a patinar con los ojos cerrados y los oídos bien cubiertos. Es evidente que se usa a chimpancés y babuinos como señuelo diversivo, de modo paralelo al empleo desvergonzado y masivo, en todas las televisiones, de la corrupción en Marbella para distraer la atención del estatuto catalán o la supuesta tregua etarra. Mas eso entra dentro de lo previsible, casi perogrullesco: ¿dónde irá el PSOE que no intente manipular hasta el graznido de los cuervos o el gorgoteo de los urinarios? Va en su naturaleza; así pues, sorpresa ninguna por ese lado.

Tal vez más preocupante sea que, junto a medidas gravísimas atentatorias contra la supervivencia del estado y la nación (estatuto catalán, rendición ante la ETA, corte del agua a Levante, arrasamiento de la enseñanza), o contra el respeto que merecen sectores amplísimos como la Iglesia, Rodríguez y su gente van acumulando una colección de leyes, proyectos y normativas –impuestos sin la menor discusión, por ellos, los del talante– cuyo denominador común permitiría incluirlos en una Nueva Floresta de Jácaras y Donaires Hispanos. O en una Antología de chascarrillos provocantes a risa, o en otra de Consejas para no dormir. Por lo menos. Pero no podemos seguir banalizando, porque en esa trivialización de todo y de todos –tan, tan española– se fundamenta la aceptación y hasta consagración como normales y loables de medidas que no pasan de disparates contrarios al Derecho, a la Historia, a leyes mínimas de la Antropología, a los sentimientos humanos o a la simple lógica formal. Demasiado pedir a Pepiño, al Bachiller Montilla o a Dixie la Anglicana. Y no digamos al erudito de la extrategia.

Yo, la verdad, no tengo ganas de frivolizar con chistes fáciles acerca de la muy plausible parentela entre esos primates y determinados socialistas, o en torno al prodigioso parecido ("es cagaíto", dicen las malas lenguas) entre algún ministro y la efigie –inteligentísima, eso sí– del bicho representado en las botellas de alguna marca de anís. Ya no me hace gracia, por mucho que nos hayamos reído con la Alianza de Civilizaciones, la proclamación de Andalucía como "realidad nacional", las bodas homosexuales, las fintas de Caldera para justificar la entrega del Archivo de Salamanca, o la pretensión de paralizar la construcción de una autovía imprescindible exhibiendo una presunta cagarruta de lince. Oigan, este país tiene mucha coña, que no vamos todos a una (ya saben: Fuenteovejuna) y matamos de una vez al comendador felón y mendaz. Metafóricamente, se entiende.

Demasiados dislates encadenados, excesivas tontunas anunciadas a bombo y platillo y con gesto grave, demasiado gasto habría que hacer del diccionario de Casares para describir tanta majadería sacralizada en el BOE o en las ondas de la tele. Ahora toca con los monos y sus derechos, tan superpoblada como está nuestra patria con esos animales en sus distintas variedades: mandriles, titíes, gorilas, etc. Y por cierto: ¿han visto ustedes a los simpáticos chimpancés, caníbales ellos, devorando a otros monos de una especie más débil? Pues yo sí y es terrorífico. ¿Será ése el fin que nos aguarda a los disidentes, una vez asimilados todos nosotros a los hábitos y monerías de esos hermanos tan caros a los socialistas?

* * *

Nota bene, cordialmente dirigida a Juan Carlos Girauta: la anécdota que recogía –tomándola de Leopoldo Lugones– sobre monos que ocultan su capacidad de hablar a fin de no ser obligados a trabajar, tiene –que yo sepa– dos antecedentes en la misma América. Fray Diego de Ocaña (circa 1600) lo refiere acerca de los monos de Panamá, que así eludirían el trabajo forzoso para los encomenderos; y el Inca Garcilaso de la Vega (nada que ver con De La Vogue) en sus Comentarios Reales (principios del XVII) narra la misma historia, más o menos y en los mismos lugares. Como el Inca no pudo conocer el texto de Ocaña por la sencilla razón de que éste no se editó hasta finales del siglo XX, cabe pensar con cierta base que esta historieta formaba parte del imaginario colectivo o la cuentística oral de conquistadores y pobladores, admirados ante los alardes de caletre de los simios: ¿andará Pepiño buscando clases particulares?

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