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Steve H. Hanke

No es demasiado tarde para dolarizar

El más reciente argumento en contra de que Argentina dolarice a la tasa de cambio de un peso igual a un dólar es que ya no es posible hacerlo. Si eso fuera cierto, ello implicaría que el Banco Central de la República Argentina está operando ilegalmente al incumplir la Ley de Convertibilidad. A menos que tal alegato sea respaldado por hechos, debe ser considerado un disparate.

El sistema de convertibilidad está llegando al fin de su existencia. Como mi colega Kurt Schuler y yo venimos diciendo desde hace más de diez años, la convertibilidad es una mezcla no ortodoxa de una caja de conversión y un sistema de banca central. Argentina tiene dos opciones: dolarizar oficialmente —lo cual sería consistente con el espíritu de la caja de conversión— o flotar el peso, lo cual significa ampliar los poderes del Banco Central y abrigar la esperanza que estos sean sabiamente utilizados.

La experiencia argentina con un cambio flotante y demás formas de política monetaria independiente ha sido desastrosa. Desde la fundación del Banco Central en 1935 hasta 1991, la caída del peso respecto al dólar equivale a dividirlo por 3.000.000.000.000. Eso deja a la dolarización como la única opción que ofrecería estabilidad.

¿Acaso tiene que devaluarse el tipo de cambio porque Argentina no puede competir? La comprobación clásica de no ser competitivo es la caída de las exportaciones, pero las exportaciones argentinas han aumentado todos los años en los últimos diez años, con la excepción de 1999. Si el resto de la economía argentina hubiera estado creciendo a la tasa de incremento de las exportaciones —alrededor de 3% al año— Argentina no estaría en una recesión.

Si la devaluación por sí sola pudiera hacer competitiva a una nación, Argentina hubiera sido uno de los países más competitivos en los años 80, cuando su moneda se depreciaba rápidamente. Una devaluación le puede dar a los exportadores una ventaja temporal en sus costos, pero lograr que un país sea competitivo a largo plazo requiere de un sistema legal honesto y eficiente, un sistema impositivo que fomente las inversiones y su propio cumplimiento, leyes laborales flexibles y demás instituciones no relacionadas con la política monetaria. Argentina avanzó rápidamente en todas esas áreas a comienzos de los años 90, pero ha hecho muy poco desde entonces. En ciertos aspectos, como en política impositiva, más bien ha retrocedido.

¿Tiene la Argentina suficientes reservas para dolarizar a 1 peso = 1 dólar? Hay dos malentendidos acerca de las reservas necesarias para la dolarización. El primero es que la dolarización requiere reservas superiores a las necesarias para respaldar la base monetaria, es decir, los pasivos del banco central. Eso no es así. Es más, la dolarización como yo la he propuesto (véase abajo) más bien tiende a reducir las reservas requeridas por el sistema financiero argentino.

El segundo malentendido es que Argentina no cuenta actualmente con suficientes reservas para respaldar la base monetaria. Aunque es cierto que las reservas extranjeras “puras” eran de sólo 14.800 millones de pesos para el 5 de diciembre versus una base monetaria de 15.800 millones de pesos, el Banco Central cuenta además con activos nacionales por más de 11 mil millones de pesos. Contando con que el Banco Central esté reportando la realidad contable y no esté escondiendo grandes obligaciones, muy bien puede eliminar la brecha en sus reservas internacionales vendiendo algunos activos nacionales en dólares. Aún cuando la brecha fuese mayor, hay maneras de minimizar sus efectos.

Cualquier tasa de cambio que no sea 1 peso = 1 dólar provocaría graves problemas. Una devaluación dañaría a los deudores, llevando a la bancarrota a aquellos que se han endeudado en dólares. Obligar a convertir en pesos las actuales deudas denominadas en dólares dañaría a los depositantes y a otros prestamistas al devaluar el valor de sus créditos. Una conversión forzada sería la tercera que ocurre en 20 años y la lección sería que jamás se deben colocar los ahorros al alcance del gobierno argentino.

¿Acaso la dolarización aumentaría la actual pérdida de confianza en el sistema bancario? La desconfianza en el peso ha afectado a los bancos. Los depositantes no quieren ver que sus ahorros se evaporan como parte de fracasados intentos de defender la moneda con planes como el de Cavallo o el Bonex. Al eliminar el peso, la dolarización eliminaría ese temor. El Ecuador congeló los depósitos bancarios en marzo de 1999 (bajo un sistema de cambio flotante) y el gobierno le puso la mano a bancos quebrados que tenían alrededor de dos terceras partes de todos los depósitos. La moneda siguió siendo inestable y la economía se siguió derrumbando. Luego que el Ecuador dolarizó en enero de 2000, a pesar de que los bancos seguían en problemas, los depósitos fluyeron de nuevo, aumentando de 2.500 millones de dólares en diciembre de 1999 a 3.300 millones de dólares en noviembre de 2001. La dolarización ayudó el fortalecimiento de la banca ecuatoriana y lo mismo sucedería en Argentina.

Yo he propuesto que los bancos argentinos emitan sus propios billetes denominados en dólares para reemplazar a los pesos emitidos por el Banco Central y los billetes de Estados Unidos que circulan. (El texto completo de mi propuesta se puede ver en www.erols.com/kurrency/hanke.pdf. Este paso ofrece el potencial de aumentar las reservas bancarias en miles de millones de pesos, porque el público actualmente tiene en sus manos 8.300 millones de pesos emitidos por el Banco Central y unos 25 mil millones de dólares americanos. Si se puede persuadir a los argentinos a utilizar billetes emitidos por los bancos, aún en cantidades pequeñas, aumentarían en esa cantidad las reservas de los bancos que totalizaban 10.700 millones de pesos el 5 de diciembre. El reemplazo de billetes emitidos por el Banco Central por billetes emitidos por los bancos argentinos sería totalmente voluntario. A lo largo de la historia, en muchos países han circulado satisfactoriamente, libres de intrusión gubernamental, los billetes de bancos privados.

La dolarización era una buena idea cuando se debatió en 1999 y lo sigue siendo hoy en día. Con la dolarización los argentinos saben que tendrán una moneda estable, sin riesgo de devaluación. El caso sería muy diferente con un peso flotante.

©AIPE

Steve Hanke es profesor de economía en la Johns Hopkins University, académico del Cato Institute y presidente del Friedberg Mercantile Group de Nueva York.

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