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Un Papa santo en medio del mundo

Con este Papa el pensamiento social católico ha desarrollado un mayor enfoque hacia el hombre como individuo libre. La única limitación a la libertad es la conciencia o la moral.

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La Virgen del Camino: Éste día eligió el Señor para que su hijo fiel, S.S. Juan Pablo II, fuera a su encuentro. Y es que si una cosa en que destacaba este Papa era su amor por María.
 
La Madre de Jesús es, no sólo para los católicos sino también para el resto del mundo, un “camino itinerante” que conduce a Jesús, Hijo de Dios.
 
¡No temáis! ¡Abrid las puertas a Cristo!, han sido las palabras de Juan Pablo II que más ha pronunciado en sus viajes y en sus encuentros con todos los hombres, mujeres, jóvenes, niños y familias. Juan Pablo II se convirtió, con su ejemplo y vida, en un líder espiritual y en el punto de referencia ética más importante en nuestro tiempo.
 
El Papa, como escribía Paloma Gómez Borrero hace unos días, en sus primeros días de Pontificado dijo: “Quiero acercarme a todos, a los que rezan, donde rezan, al beduino en la estepa, a los carmelitas en sus conventos, al enfermo en su lecho de dolor, al hombre en plena actividad, a los oprimidos, a los humillados… a todas partes… ¡Querría pasar el umbral de todas las casas!” El día de su solemne entronización, el Papa se acercó a los enfermos, abrazó a los que estaban en silla de ruedas, les bendijo uno por uno. En ellos abrazó a la humanidad que sufre. Como decía el mismo, “una persona es vieja cuando vive de recuerdos y no de proyectos”.
 
Su constante relación con Dios, a través de la oración contemplativa y su trabajo, llevó al Papa a acercarse a los hombres de todo el mundo a través de una inusual (hasta entonces) humanidad. Su quehacer pastoral estaba centrado en su apuesta por la juventud, por la vida, por la dignidad del ser humano, por el valor de las personas ancianas y enfermas para acercarse y ofrecer su dolor por la paz mundial, también por la libertad. Porque si hay que destacar del mensaje de S.S. Juan Pablo II “El Magno” es su amor por la libertad de conciencia y la de los pueblos. A mi persona, este Papa me transmitió un mensaje de Esperanza, de sentirme que no estamos solos en el mundo, que Él nos quiere y perdona.
 
Supo por su doctrina que las gentes de este mundo podemos santificarnos, a través de nuestras actividades cotidianas, en el medio del mundo. Para alcanzar la santidad ya no es necesario el recluirnos en los conventos o monasterios, sino que podemos llegar a un encuentro constante con Él a través de nuestras relaciones sociales, de nuestro trabajo, de nuestro ocio. Durante su largo y fecundo Pontificado llevó su mensaje a todos los confines de la tierra. Allí donde transmitía el mensaje de Cristo, dejaba una impronta personal. Su espléndida visión del futuro y de la importancia del legado cristiano en Europa, fue un aire fresco y nos llenó de serenidad a todos en momentos de tribulación para la humanidad. Sus enseñanzas, orales y escritas, dejan también una huella en el mundo. La Iglesia gracias a este Papa inicio un diálogo permanente con otras religiones, en especial, hacia los judíos. “Nuestros hermanos mayores” como solía referirse el Papa cuando hablaba de los judíos. Éstos le recibieron en la sinagoga de Roma con los brazos abiertos. Esta visita, la primera de un Papa en la historia, supuso un antes y después en el diálogo interreligioso que, sin duda, marcará la agenda de los próximos años. Diálogo también con la religión islámica,  la anglicana, la ortodoxa y la inmensa mayoría de las religiones del mundo.
 
Seguí con un verdadero interés las cinco visitas apostólicas a nuestro país, así como los diversos mensajes que nos transmitió a todos los españoles, en especial a los que abrazamos la fe católica. Recuerdo vivamente su primera visita, aquel 31 de Octubre de 1982, en la que nos habló del “Don más grande que Cristo ha ofrecido y ofrece permanentemente a su Iglesia: La Eucaristía”. Su visita a nuestro país fue, como se ha dicho estos días, un “capricho”. Entonces iniciaba su viaje apostólico a Dominica y Puerto Rico e inaugurar los actos de preparación del V Centenario del Descubrimiento de América. Qué mejor manera de hacerlo que a “los pies de la patrona de la hispanidad”. Bajo los pies y manto de la Virgen del Pilar recordó como Cristóbal Colón descubrió el nuevo mundo y lo puso bajo la cruz de Cristo. El Papa sintió un especial afecto por España, siendo uno de los países europeos que más visitó a lo largo de su Pontificado. Sus palabras en el primer viaje estaban llenas de agradecimiento: “Vengo atraído por una historia de admirable fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma”.
 
Su último viaje apostólico de 2003 fue el viaje dedicado a las familias y, sobre todo, a los jóvenes. Como dijo el Papa en su mensaje, éste se lo dedicaba a éstos últimos, a “aquellos que están llamados a ser los protagonistas de los nuevos tiempos”. También trató un mensaje muy actual en la mente de todos: “Manteneos lejos de cualquier nacionalismo exagerado, de racismo e intolerancia”, así como “Las ideas no se imponen, sino que se proponen”.
 
El Papa mediático, como se le ha llamado, sabía el valor de la comunicación para transmitir el mensaje de Jesucristo. Sabía desenvolverse de manera natural en los diversos medios considerándolos como “un medio y no como un fin”. Cualquier medio de comunicación era válido para transmitir su mensaje de esperanza al mundo entero. Este Papa sabía moverse con soltura y, por esto, a los más mayores nos sorprendió desde los inicios de su Pontificado sus gestos, su cercanía, su apuesta por los jóvenes, y que mejor manera de acercarse a ellos que a través de Internet, la televisión, la prensa escrita y demás. Agradezco, y así lo comparten los más de 1.000 millones de católicos del mundo y los que no abrazan nuestra fe, la labor silenciosa, eficaz, discreta y serena del portavoz de la Santa Sede: Joaquín Navarro–Valls.
 
A mi entender uno de los mayores legados de Juan Pablo II fue el de la doctrina social de la Iglesia, en lo que respecta al trabajo humano. “El trabajo humano es la clave esencial de toda cuestión social” decía el Papa en su encíclica “Laborem Exercens”. Según el Papa, “los empresarios directos e indirectos deben de actuar en contra del desempleo, creando fondos de desempleo, admitiendo la iniciativa individual”. Este mensaje siempre me ha conmovido especialmente en mi actuación como directiva del Rayo Vallecano, “buscando las condiciones más aptas para crear salarios suficientes para el sostenimiento de una familia”, así como “valorando el papel de la madre en la sociedad, y para ello facilitando la conciliación en el difícil papel de madre –esposa– hija y trabajadora”.
 
El papel de la mujer en la vida laboral es cada día más latente. Compruebo en mis hijas y en las hijas de mis amigas su dificultad en compaginar su dedicación al trabajo y su deber para educar a sus hijos. A ellas, las que forman su generación, les ha tocado gestionar de la mejor manera posible estas dos obligaciones y, por esto, ¡cómo las admiro! Mi admiración hacia este Papa también pasa por su profunda devoción a la Virgen, porque con su amor mariano, ayudó a la humanidad entera a valorar profundamente la labor de nosotras, las mujeres, en una sociedad tan abierta como la nuestra. Las personas que crean empleo y las que dirigen empresas deben de velar por todos estos mensajes que el Papa nos transmitió en la “Laborem Excercens” que el hombre se dignifica con la transformación de su trabajo en una constante oración contemplativa.
 
En el contexto de la ética, Juan Pablo II, en su encíclica “Centesimus Annus” escribió: “El libre mercado es la mejor manera de promover el bienestar de las familias”. Así como que “el crecimiento de la empresa es la principal señal de buenas condiciones económicas, pero el individuo debe ser el elemento más importante en las actividades económicas”. Con este Papa el pensamiento social católico ha desarrollado un mayor enfoque hacia el hombre como individuo libre. La única limitación a la libertad es la conciencia o la moral.
 
La vida del Papa, en tránsito hacía los altares, era rica en experiencias, desde su época de estudiante, pasando por su afición al teatro, al ejercicio del deporte, a su trabajo manual (como Jesucristo desde su más tierna infancia) como obrero en una fábrica. También era rica su experiencia vital como ciudadano de un país totalitario. Sus amistades con personas pertenecientes a aquellas religiones perseguidas por estos regímenes totalitarios, su amor por la docencia, su inmenso ejercicio como pastor, primero como sacerdote, y después como párroco, obispo, cardenal y Papa.
 
La cruz en nuestras vidas es una constante, pero viéndole y conociendo su labor, nuestras pequeñas cruces no han sido nada si las comparamos con su espíritu de entrega y sacrificio en su responsabilidad por transmitir el mensaje de Cristo a todas las gentes de la tierra. Su plegaria constante y su conocimiento del sentido de su vida en y para Dios, en la que se entrego sin medida alguna, nos ayudó para aceptar la cruz de cada día. Aunque con su ejemplo, los hombres “hayamos aceptado esta cruz” no quita para sentirse más cerca de su principal magisterio: “No hay que separarse jamás de la cruz”.
 
La búsqueda de la verdad de Cristo, una constante apostólica del Papa polaco, nos ha hecho, nos hace y nos hará más libres. La parábola de su Pontificado es la parábola de su sufrimiento. La enfermedad del parkinson, que avanzó aceleradamente en sus últimos años, no le restaba mirar fijamente a Cristo, de cuya pasión dio su testimonio. Un sacerdote amigo de nuestra familia nos comentó recientemente en un viaje a Roma que cuando veía al Santo Padre acercarse con un andar cansino a dónde se encontraba él, y le insinuaba su cansancio, el Papa le contestaba: “Si el Papa a estas horas no estuviese cansado, es que no estaría trabajando para Cristo”.
 
Son tiempos trascendentales para la humanidad entera, y los católicos ahora miramos a la Ciudad Eterna y decimos: ¡Roma, Roma, Roma!. Ya rezamos por el Papa que será elegido en el Cónclave, y desde ahora le decimos: ¡Te queremos porque eres el nuevo Vicario de Cristo en la tierra!
 

¡Descanse en paz Juan Pablo II El Magno!

Teresa Rivero Sánchez – Romate
Presidenta del Rayo Vallecano

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