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Ideas sueltas

El senador John McCain nunca podría convencerme de que vote por él. Sólo Hillary Clinton o Barack Obama podrían hacerme votar por McCain.

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La mayor parte de los problemas de este país no son ni de lejos tan malos como las "soluciones", especialmente las soluciones que se sacan de la manga los políticos en año electoral.

Hay quien piensa de verdad que televisar las sesiones del Congreso nos informa de algo. Lo que hace realmente es ofrecer a los políticos publicidad gratuita por valor de millones de dólares, mientras interpretan una farsa frente a la cámara con el objetivo de  engañarnos.

Alfred E. Neuman, de la revista Mad, decía: "¿Qué? ¿Yo preocupado?" En todos los años de elecciones, los demócratas que se presentan a un cargo público dicen: "¿Qué? ¿Yo progresista?”

El senador John McCain nunca podría convencerme de que vote por él. Sólo Hillary Clinton o Barack Obama podrían hacerme votar por McCain.

Lo más aterrador en cualquier político o medida estatal concreta es la credulidad de la opinión pública y su disposición a contentarse con eslóganes en lugar de con argumentos serios.

Una buena manera de reducir la inmigración ilegal sería traducir algunas de nuestras publicaciones de extrema izquierda al español y regalar suscripciones a toda la población mexicana. Después de leer lo terrible que es este país, puede que muchos prefieran no venir.

Siempre que veo una de las cuidadas escenografías protagonizadas por Barack Obama, me acuerdo de un dicho de mi antiguo barrio, Harlem: "Una anguila es papel de lija comparada contigo."

La mayoría de los que son de derechas no tiene problema alguno en entender a los que son de izquierdas porque muchos de ellos, si no la mayor parte, fueron de izquierdas cuando eran más jóvenes. Pero muchas izquierdistas, quien sabe si la mayoría, encuentran inexplicable cómo alguien decente e inteligente puede ser de derechas.

Me parece asombroso que haya quien aún se tome en serio las afirmaciones de algunos candidatos de que están en contra de "los grupos de intereses especiales". Todos los políticos están en contra de los intereses especiales de sus contrincantes y a favor de los propios.

No hay mayor fraude que los llamamientos a "un diálogo sobre la raza". Quienes los hacen suelen ser tremendamente rápidos en gritar "racismo" ante cualquier crítica sincera. Lo que buscan casi siempre es un monólogo sobre asuntos raciales, que se supone que los demás deben escuchar.

Los mismos que se enfurecen cuando se descubre que alguna figura prominente pertenece a un club social masculino tienen mil excusas para justificar que Barack Obama fuera miembro de una iglesia racista y antiamericana durante 20 años.

Entre las muchas cosas inteligentes que dijo el difunto senador Daniel Patrick Moynihan está aquello de que "tiene derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos". Aún así, una cantidad increíble de personas se inventan todos los hechos que sean necesarios para respaldar aquello en que hayan decidido creer.

Rachael Ray está apareciendo en tantos lugares distintos –en diversos programas de televisión, en portadas de revistas, cajas de galletas...– que se debe plantear la pregunta: ¿estamos seguros de que no tiene alguna hermana gemela? ¿Trillizas, quizá?

La forma de conseguir votos es decirle al electorado que todos sus problemas están provocados por otras personas, y que usted impedirá que sigan haciéndolo. Pero si realmente quiere ayudar a sus votantes, entonces se les puede contar la verdad y arriesgarse a perder su apoyo.

La razón por la que se les da un puesto vitalicio a los profesores universitarios es que esto les permite hablar con mayor libertad. Pero sería difícil nombrar alguna otra profesión con un historial más cobarde que la académica, que desde los años 60 hasta hoy ha venido rindiéndose a los matones de lo políticamente correcto.

No hay duda de que Barack Obama es un tipo listo y con mucha labia. Tampoco de que algunas de las cosas más absurdas, peligrosas y espantosas llevadas a cabo en todo el mundo en los últimos cien años han sido llevadas a cabo por tipos listos y con mucha labia.

Cuando alguien es asesinado brutalmente, los medios suelen calmarnos centrándose en alabar a la víctima, en lugar de fijarse en lo que se puede hacer para impedir al asesino vuelva a hacerlo de nuevo. Mientras se da rienda suelta a tantas emociones, resulta extremadamente irritante darse cuenta de que lo más probable es que el asesino será devuelto con el tiempo a la sociedad.

Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.

© Creators Syndicate, Inc.

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