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Thomas Sowell

La retórica de Obama y Wright

¿Por qué cabría esperar que los negros jóvenes vayan a luchar para alcanzar un mínimo nivel educativo, o incluso de comportamiento, si se creen que todos sus problemas están provocados por los blancos, que todo está jugando en su contra?

Thomas Sowell
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Es penoso contemplar a los defensores de Barack Obama enredándose en su intento de esquivar lo evidente. Algunos están afirmando que el senador Obama no puede ser responsabilizado de lo que decía su pastor, Jeremiah Wright. Según su versión de los hechos, Barack Obama simplemente resultó encontrarse en el lugar equivocado en el momento erróneo; quienes intentan sacar provecho de ello no son más que gente mezquina.

Es una buena versión, pero no aguanta ni el más mínimo examen. El propio relato que escribió Barack Obama de su propia vida demuestra que buscó conscientemente la compañía de personas de extrema izquierda. En la universidad, "elegí cuidadosamente a mis amigos", contaba en su libro Dreams from my father. Estos amigos incluyeron a "profesores marxistas y feministas estructuralistas y poetas callejeros punk rock", así como "los estudiantes negros políticamente más activos". Más tarde visitaba a un antiguo miembro del grupo Weatherman, quien le dio su apoyo cuando se presentó a senador del estado.

Obama no se encontró por casualidad con Jeremiah Wright, un personaje que simplemente dice cosas muy poco convencionales. Jeremiah Wright está hecho del mismo molde que el tipo de personas que comenzó a frecuentar Barack Obama en la universidad: miembros de la contracultura izquierdista antiamericana.

En el brillante y profundo libro de Shelby Steele sobre Barack Obama, A bound man, queda dolorosamente claro que Obama era una de esas personas en busca de una identidad racial que nunca experimentó al crecer en un mundo blanco. Intentaba convertirse en un converso a lo negro y, al igual que muchos otros conversos, se pasó.

Tampoco es que Obama haya cambiado en los últimos años. Su historial de votación en el Senado lo deja más a la izquierda que cualquier otros senador. Existe una notable coherencia en todo lo que ha hecho Barack Obama a lo largo de los años, a pesar de que no case bien con lo que dice.

La ironía es que el súbito ascenso de Obama hasta el nivel de ser el favorito para hacerse con la candidatura presidencial de su partido le ha obligado a proyectar una imagen completamente distinta, la de un líder post-racial que puede curar la desunión y ponernos de acuerdo a todos. La facilidad con la que ha logrado este cambio camaleónico y hechizado tanto a demócratas blancos como a negros es un tributo a su talento y una advertencia sobre su fiabilidad.

No existe ninguna prueba de que Obama haya intentado siquiera formarse en las opiniones de quienes se encuentran en el otro extremo del espectro político, y mucho menos de que les haya tendido la mano. Se ha limitado a la izquierda y la extrema izquierda. ¿Eso es ponernos de acuerdo a todos? ¿No será más bien que define la "desunión" como discrepar con la izquierda? ¿Es que alguna vez Obama dijo de alguien de izquierdas que fomentara la desunión antes de fuera políticamente necesario para responder a las revelaciones sobre Jeremiah Wright?

Una señal del virtuosismo verbal de Obama fue la equiparación por su parte entre un comentario de pasada de su abuela –"la típica blanca", dice– con una campaña organizada de denigración pública de Estados Unidos en general y de la América blanca en particular por parte de Jeremiah Wright. Puesto que todo es lo mismo, si exceptuamos las diferencias, y diferente a excepción de las similitudes, siempre es posible hacer que las cosas parezcan equivalentes verbalmente, sin importar lo diferentes que sean en el mundo real.

Entre los muchos intentos desesperados por parte de los defensores del senador Obama y de Jeremiah Wright se encuentra la afirmación de que las palabras de Wright tienen "una gran acogida" en la comunidad negra. También hubo una época en la que las palabras del Ku Klux Klan tenían una gran acogida entre los blancos, no sólo en el Sur sino en otros estados. Algunos políticos ingresaron en el KKK con el fin de impulsar sus carreras. ¿Eso lo hacía aceptable? ¿O acaso depende simplemente del color de la piel si algo está bien o mal?

Aunque muchos blancos puedan estar molestos por las palabras de Jeremiah Wright, en cuestión de un año seguramente la mayoría lo haya olvidado. Pero muchos negros que absorben su tóxico mensaje puede que continúen creyéndoselo y sufriendo las consecuencias de hacerlo durante las próximas décadas. ¿Por qué cabría esperar que los negros jóvenes vayan a luchar para alcanzar un mínimo nivel educativo, o incluso de comportamiento, si se creen que todos sus problemas están provocados por los blancos, que todo está jugando en su contra? En última instancia ese mensaje es de desesperación, al margen del atrevimiento que pueda mostrar.
Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.

© Creators Syndicate, Inc.

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