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La función de gobierno

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Ofrecen seguridad social desde la cuna hasta la tumba, trabajo, transporte, viviendas, escuelas. Toman decisiones sobre las familias y a veces con respecto a la guerra y la paz. En su ausencia no podemos imaginarnos el capitalismo. No estoy hablando de los gobiernos sino de las empresas multinacionales.
 
Según datos de las Naciones Unidas, hay más de 60 mil multinacionales operando alrededor del mundo. Las 500 multinacionales más grandes tienen un papel muy similar al de los gobiernos. Doscientas de ellas conforman una cuarta parte del producto interior bruto del mundo. El crecimiento de las empresas ha sido de más de 100% desde 1990. Los ingresos anuales del minorista más grande, Wal-Mart, es el doble del PIB de Portugal, Irán o Israel.
 
La potencia de los Estados está siendo eclipsada por el poder empresarial. Compañías como Ford, Daimler-Chrysler, Shell, General Electric, Toyota, Citigroup, Allianz o IBM son más ricas que muchos gobiernos.
 
La respuesta a la pregunta "¿por qué corporaciones se han vuelto más poderosas que muchos gobiernos?" no es sencilla. Los gobiernos mantienen programas sociales, atención médica y burocracias irracionales que no funcionan. Las multinacionales operan bajo condiciones de mercado: compiten y su principal objetivo es obtener utilidades. Un Estado no es una empresa. Los gobiernos no se declaran en bancarrota. La naturaleza del Estado se basa en la coacción, razón por la cual es ineficaz e ineficiente. En el mercado, las quiebras y bancarrotas ocurren todo el tiempo, razón por la cual los gerentes trabajan duro y lo más eficientemente posible.
 
Los políticos trabajan para lograr ventajas personales y a favor de los grupos y cabilderos que representan. Las grandes empresas tienen que operar a través de fronteras y desarrollar óptimas estructuras internas. Se han convertido en repúblicas multinacionales. Los accionistas exigen rentabilidad. Por su parte, las economías excesivamente reguladas sufren de estancamiento. Algunas economías de la Unión Europea se han reducido. Las compañías a veces sufren pérdidas, pero la pérdida es algo permanente en las operaciones gubernamentales. Las empresas con pérdidas mejoran su producción y mercadeo o revisan su estrategia hasta lograr utilidades. De lo contrario desaparecen. La administración gubernamental, basada en planificación central, es inefectiva. Los políticos no son gerentes.
 
Las empresas han comenzado a involucrarse en funciones que tradicionalmente pertenecían al Estado. El capital privado emplea a más gente que los gobiernos. Las empresas ofrecen seguridad social, jardines infantiles para los hijos de sus empleados, casa, dinero y funerales. Los programas de pensiones basados en inversiones en fondos mutuales benefician mucho más a los participantes que los provistos por los gobiernos. Las empresas proveen autos, computadoras, teléfonos celulares, apartamentos y actividades para el tiempo libre. También tienen funciones educativas, entrenando y especializando a su personal. Sus trabajadores reciben beneficios médicos. Y aunque las multinacionales no son gobiernos, operan como súper Estados en el mercado mundial, con leales seguidores en varios continentes.
Si las empresas operaran como lo hace el gobierno, nos quitarían tres cuartas partes de nuestros sueldos para el pago por adelantado de servicios que nunca recibiremos.
 
Las empresas que reemplazan al gobierno en ciertas y determinadas funciones dan mejor servicio a mejores precios. Los acuerdos son voluntarios. Pero las funciones del gobierno que duplican lo que ya están haciendo las empresas no desaparecen. Gobiernos y empresas a veces colaboran en regular el mercado. Tal alianza es la mayor amenaza actual a la libertad individual. Sin ayuda gubernamental es casi imposible crear un monopolio. Pero si la empresa y el gobierno se ponen de acuerdo, el consumidor nada puede hacer. El consumidor no tiene opciones y se ve obligado a comprar productos y servicios más caros. Las personas debieran ser las beneficiarias de toda actividad. Desde la perspectiva individual, la cooperación del Estado y la empresa es negativa. Un libre mercado con ética, no sin responsabilidad moral, es la solución para un mundo mejor.
 
© AIPE
 
Tomasz Teluk, periodista polaco y analista de Tech Central Station.

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