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Afganistán, un futuro incierto

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Mientras prosigue sin pena ni gloria la operación antiterrorista en Afganistán, aumentan las dudas y las discrepancias sobre el futuro de este país centroasiático. Ya es evidente que Washington no se apresura a ayudar a la Alianza del Norte, formada por las minorías étnicas y religiosas. Como se sabe, la Alianza pretende tomar Kabul y restablecer el poder del presidente Rabbani.

Los estadounidenses se limitan a apoyar sólo a una parte de la guerrilla antitalibán: a la milicia uzbeka del general Rashid Dustum en sus estériles intentos de hacerse con Mazar-i-Sharif, capital del norte afgano. Según varias fuentes, Dustum, que hace unos meses disponía sólo de unos guardaespaldas personales, ha podido formar todo un ejército de varios miles de combatientes gracias a 20 millones de dólares que recibió de Estados Unidos. La apuesta de Washington por este “señor de la guerra”, sin grandes méritos militares y de reputación dudosa, no parece muy acertada. Al mismo tiempo, se sospecha que el mando estadounidense no se fía de la Alianza del Norte debido a sus estrechas relaciones con Moscú y porque en sus filas hay oficiales formados en las academias militares rusas.

Muchos analistas ven en esta postura de Washington el proyecto de su plan político para Afganistán. Al parecer, este plan prevé dotar de una amplia autonomía a los pueblos del norte, especialmente a los uzbekos, y limitar la presencia de la Alianza en el futuro gobierno de Kabul, que estaría compuesto por la mayoría pastún bajo la tutela del anciano rey y con mucha influencia paquistaní y estadounidense.

Mientras tanto, según la mayoría de los analistas, la autonomía, en las condiciones actuales, significaría de facto la partición del país. La dirección de la Alianza del Norte y los rusos se oponen a esta perspectiva. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Igor Ivanov, declaró en una reciente entrevista televisiva que “la partición de Afganistán no solucionaría el problema” y se pronunció por un gobierno de coalición donde la Alianza del Norte desempeñaría un papel clave. En cuanto a esta guerrilla, sus portavoces ya han declarado en muchas ocasiones que no tolerarán ningún plan impuesto por los americanos y los paquistaníes.

Además de todo esto, el Kremlin se opone a que Estados Unidos se quede en Asia Central durante mucho tiempo. Rusia controla la región desde hace casi 150 años. El coqueteo americano con los uzbekos afganos y con la república ex-soviética de Uzbekistán, donde ya se encuentran miles de militares americanos, no le gusta nada a Moscú. En las últimas semanas, el Kremlin intensificó los suministros militares a la Alianza. Esta última, por su parte, no cesa de repetir que no le importaría luchar muchos años más, sea contra quien sea.

Pero en el caso afgano no se trata sólo de la rivalidad de dos potencias como Estados Unidos y Rusia. Otras grandes naciones como China e Irán siguen con máxima atención los sucesos en la zona. Igual que Rusia, se oponen rotundamente al aumento de la influencia estadounidense y nadie sabe qué se les ocurrirá mañana para frenarla.

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