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Ahora, a por Ucrania

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El reciente nombramiento del antiguo primer ministro ruso, Víctor Chernomirdin, como embajador de Moscú en Kiev, no deja dudas sobre las intenciones del Kremlin en Ucrania. Chernomirdin no es un diplomático: no sabe dialogar, ni negociar. Lo que sí sabe es mandar y someter a la gente a su voluntad. Dicen que el presidente Putin utiliza al “viejo oso”, como le llaman, en calidad de artillería pesada en sus planes de restaurar el imperio soviético.

El momento para hacerse con Ucrania es muy oportuno. Esta república ex-soviética pasa por muy malos tiempos. La poderosa oposición prorusa ha conseguido provocar una crisis política y ha logrado la dimisión del liberal primer ministro, Víktor Yuschenko, partidario de la aproximación a Occidente. La posición del presidente, Leonid Kuchma, es más débil que nunca. Está acosado por su presunta relación con el asesinato de un periodista. En estas circunstancias, Occidente, por lo que se ve, no manifiesta ni apoyo ni interés por Ucrania dejándola sola frente a las ambiciones imperialistas de Putin.

Algunos comentaristas opinan que ha sido la misma Rusia quien ha provocado la actual crisis para retornar a Ucrania en su órbita. No ha sido muy difícil debido a la trágica situación económica y social de la República. Sea como sea, lo que es evidente es que Rusia no está dispuesta a perder esta oportunidad.

El “viejo oso” es íntimo amigo de Kuchma, quizá el único que pueda decirle dándole palmadas en el hombro: “Oye, nene, o haces lo que te decimos y sigues de presidente, o te mandamos a dirigir un koljós” (cooperativa agraria de los tiempos comunistas y lugar de castigo para la “nomenclatura”). Es la manera de Chernomirdin de tratar a la gente. Según la prensa rusa, tiene “complejo de amo” o de negrero. Se siente dueño con poderes sin límites en cualquier sitio donde está, despreciando a los demás. Ahora se sentirá amo de Ucrania. Y nadie podrá con él.

Además, es “amigo” de muchos políticos y empresarios ucranianos, incluso de quienes están en la oposición. Le conocen, le respetan y le temen sabiendo de su brutalidad y la absoluta falta de escrúpulos a la hora de conseguir sus propósitos. Chernomirdin es el mayor accionista del gigante “Gasprom”, el monopolio de gas ruso. Su fortuna personal, según la revista estadounidense “Fortune”, asciende a 4.000 millones de dólares (760.000 millones de pesetas). Dicen que está muy interesado en Ucrania. Hay rumores de que ha sido él quien acabó con Yuschenko sólo por su intención de comprar el gas natural a Turkmenia en vez de a Rusia.

En cuanto a los medios rusos ya ni siquiera ocultan las pretensiones de Moscú. “Ucrania debe ser el primer socio de Rusia. Eso corresponde a los intereses vitales de los dos países y a las aspiraciones de los dos pueblos hermanos”, escribe el director del oficioso Instituto de Investigaciones Políticas, Serguey Márkov. El mérito de Putin, según el analista, consiste en reconsiderar la indiferencia hacia Ucrania de su antecesor, el presidente Yeltsin. Markov habla de la futura Unión de Europa del Este, formada por Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia. Una alianza político-militar y económica que se opondrá a la “hegemonía” de la OTAN y la UE.

Es de recordar que Minsk ya ha formado una alianza parecida con Moscú. Las autoridades comunistas de Moldavia están dispuestas a hacerlo cuanto antes. Falta Kiev. No tardará mucho. Todo el mundo sabe que el “viejo oso” es muy eficaz, especialmente cuando le nombran embajador con poderes de virrey.

Al parecer, ya hay respuesta a la pregunta que se hacían los ucranianos a lo largo de los 10 años de su independencia. ¿Con quien estaremos, con Rusia o con Europa?

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