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Armas para dictadores y terroristas

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El hecho de la venta de armas ucranianas a regímenes dictatoriales, incluso el iraquí, y a los terroristas internacionales, ya no es ningún secreto. Estados Unidos ha suspendido recientemente su ayuda a Kiev, tras obtener información fidedigna sobre los macabros negocios ucranianos. El periódico moscovita Sovershenno Secretno (“Estrictamente Confidencial”) aporta detalles sobre los mecanismos de la venta del material bélico fabricado en Ucrania.

Todo empezó cuando la policía italiana se incautó casualmente de importantes documentos sobre el tráfico ilegal de armas en un prostíbulo de los suburbios de Milán. El escándalo lo protagonizó un hombre borracho de mediana edad, que se negaba a pagar los servicios sexuales de cuatro mujeres del local, contratadas previamente por él mismo. No obstante, el cliente era más que solvente. Llevaba consigo 150.000 dólares en efectivo, un puñado de diamantes por valor de 500.000 dólares y una gran cantida de cocaína “para uso exclusivamente personal”. Pero lo que más atrajo la atención de los agentes fue un maletín con documentos: un verdadero archivo de transacciones ilegales con todo tipo de armas.

El propietario del maletín y el protagonista de la orgía era el ciudadano ucraniano-israelí, Leonid Yefímovich Minin, aunque su verdadero apellido es Bluvshtein. Es poseedor también de pasaporte ruso, alemán, boliviano y griego. Oficialmente es propietario de la empresa suiza “Exotic Tropical Timber Enterprise” que exporta madera de Liberia. En los años noventa vivió en Alemania, Israel, España (Ibiza) e Italia. Tras los mencionados “problemas” con la justicia italiana, ha desaparecido y actualmente está buscado por la Interpol.

El archivo incautado por los italianos permitió conocer cómo fueron suministradas las armas ucranianas a los rebeldes de Sierra Leona. Estas armas les permitieron realizar la tristemente célebre operación No Living Thing (No dejar vivo a nadie) que se convirtió en un baño de sangre. Las 715 cajas con armas, dotadas de una licencia de exportación del gobierno ucraniano, llegaron, primero, a Burkina Faso. Luego, un avión BAC-111, propiedad de Minin, las transportó a Liberia. Y por fin el dictador liberiano, Charles Taylor, amigo personal del traficante ucraniano, se encargó de llevar la mercancía en camiones hasta la frontera con Sierra Leona. A Minin le pagaban con diamantes.

Según Sovershenno Secretno, las armas que utilizan, hoy en día, los rebeldes de Costa de Marfil también fueron suministradas por Minin. Esta transacción fue autorizada asimismo por el gobierno de Ucrania. Minin compró las armas de forma oficial a la compañía pública Spetstehnoexport. El comprador fue el recientemente asesinado general Robert Guei.

Pero su venta más importante fue realizada a los talibanes y al grupo terrorista Al Qaeda. Fue un negocio a largo plazo. Las armas –los “kaláshnikov” AK-47, lanzagranadas RPG, misiles “tierra-aire” y cañones anti-tanque– se transportaban por aire a Peshawar, Paquistán, y desde allí se trasladaban en camiones a Afganistán, hasta las bases de Al Qaeda.

Hasta ahora no se entiende por qué Minin, uno de los traficantes más importantes de armas y un hombre con gran experiencia en ventas ilegales, no destruyó a tiempo los documentos que le podían costar la libertad. ¿No sería porque tenía que rendir cuentas a sus jefes, a los que estaban detrás de todas estas transacciones, a los verdaderos responsables del criminal negocio? Los analistas internacionales ven en la figura de Minin un vulgar funcionario al servicio de Ucrania, un país que no respeta las normas internacionales.

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