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Caballo de Troya

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Los escándalos relacionados con la penetración de la mafia rusa en la política azotan a nuestros futuros socios del Este en víspera de su entrada en la Unión Europea. El más ruidoso se produjo en Lituania donde el mismísimo presidente fue acusado de haber hecho favores a la mafia a cambio de la financiación de su campaña electoral. Otro escándalo acaba de salir a la luz del día en Letonia. Según el periódico digital ruso Compromat.Ru, que cita artículos en la prensa y materiales de centros de estudios políticos, la mafia financió en 2002 la campaña electoral del actual primer ministro, Einar Repshe, y de su partido Tiempo Nuevo. Pero resulta que las leyes del submundo criminal obligan a la televisión, que hizo la campaña,  a devolver el 10% del importe a las bandas mafiosas. Los encargados de la TV, Yanis Azis y Edwins Inkens, no lo hicieron y, según la prensa, se refugiaron en España donde tienen bienes inmuebles. La mafia armó un escándalo mientras la oposición parlamentaria no dijo en esta ocasión ni una palabra, porque sus propias campañas, por ejemplo, la del Partido Popular del ex-primer ministro, Andres Shkele, también fueron financiadas por los criminales rusos.

¿Quienes, entonces, son los verdaderos dueños de Letonia, capaces de manipular la opinión pública y elegir políticos a su gusto? En primer lugar, todas las fuentes indican a Yuri Shefler, propietario de la empresa Latvijas Balzams, principal productor de bebidas alcohólicas en Letonia (el 85% de toda la producción). Según varias fuentes, Shefler pertenece a la todopoderosa mafia Solntsevskaya, que tiene el nombre de un barrio periférico de Moscú, cuna de los principales capos de la banda. Hoy en día, Solntsevskaya es uno de los grupos criminales más importantes del mundo, que tiene intereses en Rusia, Estados Unidos y Europa.
 
Desde julio de 2002, Shefler no puede abandonar Letonia, ya que está perseguido por la Fiscalía rusa, que le acusa de varios delitos. El segundo grupo mafioso que controla la industria petrolera y la política de Letonia es Uralmash. Se trata de una de las bandas más crueles de Rusia. Procede de la región de los Urales, donde controla la industria pesada. Uno de los capos de este grupo y diputado al parlamento ruso, Vladímir Golovliov, estuvo estrechamente vinculado con el antiguo titular letón de Exteriores, Yurkans. Donó varios millones de dólares al partido Por los Derechos Humanos en Letonia Unida, liderado por el ministro. Golovliov fue asesinado en Moscú en 2002 en una guerra sin cuartel entre las mafias. Por supuesto, estas dos bandas no son las únicas que actúan en Letonia. Los analistas nombran al capo mafioso, Jaritonov,  y a “empresarios” como Luchanski, Shabashov y Kolmogortsev. Los expertos dicen que el “nivel de penetración de las estructuras criminales rusas en la política letona no tiene precedentes” en la historia. Letonia es un verdadero caballo de Troya de las mafias en el Báltico. Estas últimas esperan, impacientes, pasaportes comunitarios que les permitirán actuar con más seguridad en Europa y en el mundo entero.

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