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Cambios en su política en Oriente Medio

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Rusia está dispuesta a cambiar su política en Oriente Medio, especialmente, su postura en el conflicto árabe-israelí, asegura el diario liberal moscovita “Grani”. En los últimos años, Moscú practicamente ha abandonado su papel mediador como uno de los copatrocinadores del proceso de paz, pero, por lo menos, demostraba su imparcialidad en el conflicto. Ahora hay síntomas de un cambio radical de esta política.

Todo indica que el presidente ruso, Vladímir Putin, en su empeño por restaurar todo lo soviético, incluso la vieja política exterior, está dispuesto a volver a utilizar Oriente Medio como “polígono de su rivalidad con Estados Unidos”, indica “Grani”. De sobra se sabe que, en aquel entonces, los “buenos” para el Kremlin siempre eran los palestinos, “víctimas inocentes de los agresores sionistas y de los imperialistas estadounidenses”.

Muy significativas, en este sentido, han sido dos recientes visitas a Moscú: de Simón Peres y de Yaser Arafat. El primero fue recibido con una frialdad absoluta y las conversaciones han tenido carácter exclusivamente protocolario. Mientras tanto, Arafat fue acogido como un héroe nacional. No es de extrañar, ha llegado su turno de volver al círculo de amigos privilegiados de Moscú, tras los líderes de Corea del Norte, Cuba, Irak e Irán. En la declaración final del encuentro ruso-palestino se escribe que “tras el fracaso americano, Rusia tiene que decir su palabra decisiva” en Oriente Medio para ayudar al pueblo palestino.

Y para que los hechos se correspondan con las promesas, el Kremlin sacó del basurero histórico un político tan odioso como es el antiguo jefe del espionaje ruso, Evgueni Primakov, todo un símbolo de la “guerra fría” y del conflicto sin fin en Oriente Medio. Este viejo e íntimo amigo de Sadam Husein y de Moamar Gadafi, ha visitado estos días Siria, Jordania, Egipto, Libia y Túnez. Israel ha estado fuera de su itinerario, ya que nunca ha sido mediador de paz, sino todo al contrario. La prensa siria publicó el mensaje de Putin que trajo Primakov. Se trata de un apoyo incondicional a la postura árabe en el conflicto.

Siguiendo la tradición bolchevique, la prensa nacionalista rusa recoge, últimamente, la paranoia propagandística palestina, que asegura que son los servicios secretos israelíes quien atentan contra los suyos para justificar las posteriores “matanzas de niños palestinos”. Mientras tanto, según “Grani”, en los instituciones más serias rusas ya se calcula cuánto se podría ganar con una nueva guerra árabe-israelí.

Por el momento, se trata de modernizar el ejercito sirio. El asunto fue concretado durante la reciente visita a Moscú del ministro sirio de Defensa, Mustafa Tlasa. El programa de modernización prevé la venta de armas por el valor de más de mil millones de dólares. Una parte de los contratos ya está firmada. Actualmente se discute el posible suministro a Siria de caza-bombarderos MIG-25 y de misiles antiaéreos C-300. La venta de estos últimos puede provocar un escándalo internacional, igual que provocó su adquisición por Chipre en 1997. Pero los escándalos ya no importan a los inquilinos del Kremlin, destaca “Grani”.

Según este diario, en los medios diplomáticos israelíes ya predomina el pesimismo y preocupación en cuanto al papel que pretenden desempeñar desde ahora los rusos.

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