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Corrupción uniformada

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Un importe que equivale a la cuarta parte del presupuesto militar ruso es robado cada año por los mandos castrenses de distintos rangos y las mafias civiles que se dedican a los suministros de la tropa. Son los datos del informe de la Cámara de Cuentas (CC) que realizó una revisión detallada en diferentes circunscripciones militares. Es la primera vez que este organismo civil de control financiero, presidido hoy en día por Serguey Stepashin, el antiguo jefe de los servicios secretos rusos FSB (antes KGB), saca a la luz los desmanes en una entidad tan cerrada como son las Fuerzas Armadas en Rusia.

Los funcionarios de la CC han nombrado las principales fuentes de la corrupción en el Ejército. Son la compra-venta de combustible y de víveres, la venta y el alquiler ilegal de los pisos y apartamentos, propiedad del Ejército, a personas ajenas; el robo y la posterior venta de bienes y materiales militares: desde uniformes hasta vehículos; y también la venta ilegal de armas y municiones, especialmente, a grupos criminales.

La compra de comestibles, en la mayoría de los casos de muy mala calidad o caducados, se realiza a precios increíbles. Así, las conservas caducadas se vendieron en la circunscripción militar de San Petersburgo dos veces más caras de lo que cuestan sin caducar en el mercado de la región.

El botín es compartido entre los servicios de intendencia del Ejército y numerosos intermediarios civiles, en muchas ocasiones mafiosos. Por ejemplo, se calcula que los suministradores de víveres al pequeño contingente ruso en Kosovo han robado en un año más de medio millón de dólares (unas 95 millones de pesetas).

La venta de armas al exterior es otra fuente de ingresos ilícitos. Más de 16 millones de dólares (3.040 millones de pesetas) “se han perdido” en un año en la empresa “Rosvoorujenie”, que comercializa materiales bélicos rusos fuera de las fronteras del país.

Un truco especial está reservado exclusivamente para los jefes militares de alto rango. Piden créditos en bancos privados a nombre de sus regimientos un mes antes de jubilarse. Según las normas rusas, no tienen responsabilidad jurídica por haberse apoderado de este dinero y es el ministerio de Defensa quien tiene que devolver el crédito. Así, en los últimos dos años tuvo que pagar a los bancos unos 345 millones de dólares (65.550 millones de pesetas), desaparecidos en los bolsillos de los mandos corruptos.

El año pasado, la fiscalía militar procesó a unos 14.000 militares por delitos económicos y financieros, una mínima parte en comparación a los que roban.

Y mientras las mafias y los altos cargos de intendencia se forran de dinero, los soldados pasan hambre. Hasta los que cumplen su servicio militar obligatorio en Chechenia tienen que pedir comida a la población local. En Moscú y en otras ciudades se ven soldados por la calle pidiendo limosna. Según las estadísticas oficiales, en los cuarteles hay un colchón y una almohada para cada dos soldados. Faltan sábanas, no hay detergente para las lavanderías, ni jabón para que el personal pueda ducharse, siquiera, una vez a la semana. No hay calcetines, camisetas, ni calzoncillos. Brillan por su ausencia en las cantinas cucharas, tenedores, platos y vasos.

Según los expertos rusos, el nuevo ministro de Defensa, Serguey Ivanov, un hombre de máxima confianza de Putin, tiene que cambiar el sistema de suministro de las Fuerzas Armadas, creado en los años 90, que es parte del perverso imperio de corrupción del antiguo presidente, Boris Yeltsin.

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