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¡Cuidado, España, que vienen los de Odesa!

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Cuando hablamos de los millonarios procedentes de la antigua Unión Soviética, enseguida pensamos en la mafia. Es el “reflejo de Pavlov”, ya que los nuevos ricos rusos aparecidos tras el colapso del comunismo en su mayoría pertenecen o están estrechamente vinculados con esa estructura poco respetable. El caso de Dimitri Piterman no tiene nada que ver con el postcomunismo, ni con la mafia. Y es que tuvo la suerte de abandonar el “paraíso bolchevique” unos diez años antes de su desaparición. Tuvo esta suerte porque pertenecía a una familia judía y los judíos fueron los únicos “privilegiados” de la época brezneviana, que tras largas gestiones burocráticas, podían abandonar legalmente el país con destino a Israel, Estados Unidos, Austria, Alemania o Canadá.

Así que su dinero no se lo debe al Kremlin: ni a la corrupción, ni al tráfico de influencias –principales fuentes de las grandes fortunas en Rusia. Lo debe al “país de las oportunidades”, ya que emigró con sus padres a Estados Unidos, donde estudió en la Universidad de Berkeley, California. Posteriormente se dedicó a negocios inmobiliarios. Al parecer, ha tenido bastante éxito. Desde hace 11 años reside en España, en Tossa del Mar, Girona, donde tiene negocios hoteleros. Además es un gran aficionado al deporte. En su juventud practicó el atletismo, especialmente el triple salto. Y también es un gran admirador de Dalí: no escatima dinero para comprar cuadros de este pintor para su colección privada.

Pero lo más importante de todo es que este hombre de 39 años procede de Odesa, ciudad en el mar Negro, fundada hace dos siglos por el duque Richelieu, refugiado en la Rusia imperial tras la revolución francesa de 1789. Piterman nació y creció en esta localidad. Odesa siempre ha sido muy especial: una metrópoli alegre al bordo del mar. Una joya en el chapapote de la penuria soviética. El bolchevismo no ha podido con ella. La Odesa de toda la vida es un sitio único en el planeta, caracterizado por una mezcla de pueblos: judíos, griegos, turcos, rusos, ucranianos, moldavos, rumanos, húngaros, etc. Es única por el espíritu emprendedor de sus paisanos, listos como nadie, carismáticos, seguros de sí mismos y optimistas.

Pero el rasgo más característico de los odesitas es su profundísimo sentido del humor, a veces un poco grosero. No se callan ante nada. Así tenemos la brillante contestación de Piterman a los que le prohibieron entrenar a su equipo por no tener licencia: “Cualquier idiota puede ser presidente, pero para ser entrenador se necesita un papelucho”. Este mismo deseo de entrenar, de “controlar” personalmente su “negocio” es también muy de Odesa. Porque son los mejores en todo, y quien no lo crea que vaya a averiguarlo allí. Eso lo dicen los odesitas a quienes ponen en duda su primacía.

Hay un chiste sobre el asunto. Cuando Yuri Gagarin realizó el primer viaje al cosmos, le preguntaron a un odesita si el cosmonauta era paisano. No, contestó. El nuestro visitó el cosmos hace cien años.

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