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Desde Rusia con... apoyo

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¿Qué hacía nuestro “amigo y vecino” Mohamed VI en Moscú? ¿Será que estaba harto del desierto y del calor y le apetecía disfrutar de los bosques y del frío putinienses? Por supuesto, que no. Sabemos que el monarca no es ningún gran viajero. Así que hay motivos para sospechar de que esté impulsado por cosas más sustanciales como, por ejemplo, grandes intereses políticos. Y no se trata de intercambiar opiniones sobre Arafat o Sadam. Hay un tema mucho más importante: el Sáhara Occidental.

Según fuentes diplomáticas rusas, Rabat está muy interesado en el apoyo del Kremlin a la hora de la próxima votación en la ONU sobre el destino del sufrido pueblo saharaui. Y es muy probable que reciba este apoyo, especialmente si “demuestra la voluntad política de ampliar sus relaciones con Moscú”, cediéndole, por ejemplo, el derecho de pescar en los famosos caladeros marroquíes. Por cierto, las conversaciones sobre este asunto van viento en popa, igual que el comercio bilateral y la asistencia técnica rusa a las centrales eléctricas marroquíes. Y todo esto fruto del último año, ya que en los años noventa las relaciones entre los dos países estaban prácticamente congeladas.

Hoy en día, Marruecos es el segundo socio africano de Moscú después de Egipto. Compra en grandes cantidades productos de agricultura marroquí, especialmente naranjas y tomates. Y le vende petróleo.

Al mismo tiempo, Rusia participa en varios proyectos energéticos. Ha trabajado en la construcción, en décadas anteriores, de grandes centrales eléctricas como Djerada, Maisur Eddahbi y Al Vahda. Y ahora empezó a suministrar material y todo tipo de repuestos para modernizar estas centrales. En Marruecos actúan cinco grandes empresas rusas que se dedican a la construcción de puertos pesqueros, al sumunistro de maquinaria agrícola, y a la extracción de ciertos minerales, especialmente yeso.

Por cierto, la postura de Moscú hacia el tema de Sáhara siempre ha sido “especial”. Es de destacar que, hasta los años noventa, el público soviético no sabía que existiera este problema. Y era muy raro, porque los gobernantes comunistas siempre se declaraban “partidarios de los pueblos oprimidos en lucha por su libertad”. De hecho, los medios de información soviéticos tenían vetado el tema. No había ni ayuda, ni solidaridad. Tal y como me explicó en su día, el encargado de España en la sección internacional del comité central del partido comunista de la URSS, Vladímir Pertsov, los soviéticos no se metían en el asunto saharagui por miedo a perder el mercado marroquí, especialmente el mercado para su armamento pesado.

Así que la misión del rey alauí seguramente será exitosa. La postura oficial rusa frente al problema saharaui fue expuesta por el ministro de Exteriores, Igor Ivanov: “Rusia apoya el plan de la ONU, aprobado por todas las partes del conflicto… al mismo tiempo consideramos realizables otras propuestas, especialmente el plan Baker”.

¡Una verdadera joya de la demagogia postbolchevique!

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