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Desde Rusia con horror

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El primer aviso fue en abril de 1986. Con el holocausto de Chernóbil, el podrido y moribundo sistema bolchevique avisaba de que su desaparición tendría un alto precio para la humanidad. Pero nosotros, aquí en España, no sacamos ninguna conclusión de este hecho. Todo al contrario, siendo un ingenuo producto del fracaso escolar, sin ganas de saber ni estudiar lo que pasaba fuera de nuestras fronteras, nos alegramos como niños de la caída del “telón de acero”. ¿Por qué? Porque sabíamos que el comunismo era “malo” y porque no nos podíamos imaginar que le sucederían cosas aún peores que representarían un peligro directo para nosotros. Tampoco se nos ocurrió que el famoso “telón” servía no sólo a los bolcheviques para aislarse del mundo capitalista, sino que era también un cordón sanitario para preservarnos de los males del Este.

La todopoderosa mafia rusa surgida de los escombros del comunismo aprovechó nuestra ingenuidad. La triunfal marcha de este monstruo por el mundo acaba de dejar una “pequeña” huella en las costas españolas: la catástrofe ecológica gallega. Pero no es algo importante para la mafia, que ha hecho un pequeño negocio. Ha sacado un milloncito de dólares de la aseguradora a cambio de verter un poco de fuel venenoso, sin valor ninguno, al mar. Para la mafia es simplemente una operación rutinaria... No obstante, debiéramos tener una visión un poco distinta del suceso. La torpeza de los políticos, que abren las puertas del mundo a este insaciable ogro, la vamos a pagar todos y cada vez más caro. Lo que no pudieron obtener los seniles líderes soviéticos lo consiguen ahora sus nietos mafiosos: penetrar en la sociedad occidental, corromperla y vivir a su cuenta, a nuestra cuenta.

Actúan, al parecer, sin bases ideológicas, pero con mucha eficacia y, sobre todo, sin escrúpulos. Las estructuras mafiosas rusas ya están controlando medio mundo. Ni el “padre” Stalin, obsesionado con el dominio del universo, soñaba con poseer una base financiera en Gibraltar. Es un arma económica mucho más potente que cualquier bomba nuclear. También me imagino que el “padre” hubiera condecorado a los mafiosos rusos como héroes del trabajo “estajanovista”, por ejemplo, por haber convertido la República Alpina, símbolo de la democracia europea, en una vulgar lavandería de sus opacos capitales y en una guarida delictiva desde donde controlan sus redes internacionales del crimen organizado.

Y esto es sólo el comienzo. La mafia rusa está preparada para el salto definitivo. Será dentro de poco cuando la romántica y soñadora Unión Europea abra sus puertas a los nuevos socios orientales. El gran trabajo preparativo está terminado. –¡Pero Rusia no entrará en la UE! –nos contestarán los eurooptimistas. Es cierto, pero hasta en los países considerados más adecuados para la adhesión, como por ejemplo la República Checa, la mafia rusa ya controla una buena parte de los negocios. Y no hablemos de los países bálticos, que en muchas ocasiones sirven de simple tapadera para los negocios rusos. Así que Europa ya tiene garantizada una “marea negra” que la cubrirá enteramente muy pronto y no habrá ni barreras neumáticas, ni barcos-aspiradoras para limpiarla.

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