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Economía de la corrupción y el crimen

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El caso YUKOS, una super-petrolera rusa perseguida por la fiscalía, ha suscitado muchísimos comentarios en Occidente. Nuestros expertos aseguran que se trata de un atentado contra la libertad, la economía de mercado, los derechos humanos, la democracia, etc. Un montón de idioteces que se deben a que seguimos mirando a Rusia como si fuese un país civilizado. Mientras tanto, no se puede atentar contra las libertades y los derechos en un país donde estos conceptos no existen. Para comprender el caso YUKOS hay que conocer la realidad de un país que pasó del régimen totalitario comunista a otro, igual de totalitario y amoral, pero además, corrupto y criminalizado.

La verdad es que Jodorkovski, el propietario de YUKOS y el hombre más rico de Rusia, como cualquier otro oligarca de aquel país no es trigo limpio. ¿Cómo un personaje mediocre, de procedencia social baja, un muerto de hambre sin oficio, ni beneficio, pudo llegar a ser, en unos pocos meses, un hombre más acaudalado que Rotshild o Rockefeller, con una fortuna personal de 4.000 millones de dólares? ¿Un milagro? No, señores, la corrupción. Una corrupción institucional que junto con el crimen organizado transformaron a Rusia en un país de cien maravillas para todo tipo de chorizos y criminales. Y una tumba abierta para millones de rusos que se quedaron, de un día a otro, sin trabajo, sin dinero, sin medicamentos, sin jubilaciones, sin casa, sin nada.

La fiscalía rusa le imputa a YUKOS por lo menos siete delitos. Se trata del presunto robo de las acciones de la empresa pública “Apatit”, fraude fiscal y cinco asesinatos o intentos de asesinato. Entre las presuntas víctimas de YUKOS figura el alcalde de Nefteyugansk (zona petrolífera de Siberia), Petujov, el director general de la empresa petrolera “Tomsk-neft-Vostok”, Berliand, y el empresario Filippov. Los tres asesinatos tuvieron lugar en 1998 cuando YUKOS luchaba por el control de los pozos petrolíferos de Siberia. A los matones del cuerpo de seguridad privado de Jodorkovski se les recrimina el homicidio de la familia Gorin, así como el intento de asesinato de una alta funcionaria del ayuntamiento de Moscú, Kostina, y el empresario Ribin.

No obstante, se sabe de sobra que todas las grandes empresas rusas, propiedad de cualquier oligarca, puede ser perseguida en cualquier momento ya que todos han utlizado y utilizan los mismos procedimientos criminales en sus actividades económicas. ¿Por qué, entonces, le toca ahora a Jodorkovski? La respuesta es muy fácil. No ha sido “buen chico” a los ojos del presidente Putin. Se ha portado mal y merece que le bajen los pantalones y le peguen en el culete.

Debe recordarse que al llegar al poder, el presidente prometió a los oligarcas no revisar su pasado a cambio de que éstos no se metieran nunca más en los asuntos del Estado tal y como lo hacían en los tiempos de Yeltsin. Pero últimamente, Jodorkovski abusó de la confianza del mandatario. Pagó muchísimo dinero a muchos políticos a cambio de promover las leyes sobre la venta de petróleo al exterior. Leyes, por supuesto, favorables a YUKOS. Dicen que Putin, al canocer el caso, se puso furioso, ya que a los “demócratas” de procedencia KGBista no les gusta compartir el poder y la influencia política con nadie.


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