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Ejemplo serbio

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La oposición democrática al régimen bielorruso del presidente Alexánder Lukashenko está dispuesta a aprovechar la experiencia y los métodos de la “revolución de terciopelo” del otoño del año 2000 en Serbia contra el dictador Slobadan Milosevic. Con este propósito varios líderes de la oposición, que representan a 16 partidos políticos y a 11 candidatos a la presidencia, se han desplazado recientemente a Belgrado para estudiar la “experiencia positiva”. Las elecciones presidenciales se celebrarán en Bielorrusia el próximo mes de septiembre, pero la campaña electoral ya está en su apogeo. El mismo presidente interviene diariamente por la televisión elogiando los resultados de los siete años de su mandato. Mientras tanto, los encargados de las empresas públicas obligan a los funcionarios a poner sus firmas en la lista presidencial. Según la ley bielorrusa, cada candidato necesita recoger previamente 100.000 firmas a su favor.

La oposición, que carece del acceso a las cámaras de la televisión, concentra sus esfuerzos en la calle. La policía quita con rabia las pegatinas con la foto de Milosevic y Lukashenko y con el lema: “¡Slobodan ya está acabado; Alexánder, prepárate para lo mismo! Otras pegatinas, que también recuerdan la lucha en Serbia, llevan sólo dos palabras: “Nos aborrece”. Los que se dedican a distribuir estos mensajes son militantes del movimiento “Zubr”, un hermano gemelo del “Otpor” serbio. La oposición reprocha al presidente la abolición de la libertad de expresión, que se tradujo en el cierre de varios periódicos y la “limpieza” en la televisión. También fueron reprimidos por la policía varios mítines de los periodistas. El presidente está acusado también de haber disuelto por fuerza el parlamento de la república y haber reformado la Constitución para hacerse con el poder absoluto.

Las críticas también le llueven a Lukashenko por haber rechazado cualquier reforma económica. La economía, sin cambios desde la época comunista, padece una profunda crisis. La mitad de las empresas industriales son deficitarias; en la agricultura son el 97 por ciento de las granjas. En los últimos dos años la producción cayó en 11,5 por ciento. Muchos trabajadores no reciben salarios durante meses. Los mostradores de las tiendas están vacías: faltan alimentos.

El presidente bielorruso es conocido también por su brutal antioccidentalismo. En 1998 echó de sus residencias a todos los embajadores extranjeros acusándoles de espionaje. Intervino el mismo año en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y acusó a sus miembros de haber creado un “sistema totalitario en Europa mucho peor que el estalinista”. Mantiene las relaciones amistosas sólo con Rusia, Irak y Libia. Pero la peor acusación contra Lukashenko es la existencia en el país de una especie de “escuadrones de la muerte” que utiliza para deshacerse de los rivales políticos del régimen. Así murieron en “circunstancias desconocidas” el antiguo vicepresidente del parlamento, Guenadi Karpenko, el ex ministro del Interior, Yuri Zajarenko, el ex presidente de la Comisión Central Electoral, Víctor Gonchar, el empresario, Anatoli Krasovski, financiero de la oposición, y el periodista, Dmitri Zavadski.

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