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El currículum del terrorista número uno

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El millonario saudí Osama ben Mohamed ben Laden, alias “jeque Muyehid” (guerrero islámico), ha declarado que está dispuesto a entregarse a la justicia si Estados Unidos “presenta suficientes pruebas sobre su culpabilidad”. Este mensaje del terrorista más buscado del mundo fue transmitido al embajador estadounidense en Islamabad, William Millan, por el enviado especial de los “talibanes” afganos, Abdul Salam Zaif. Según el diario paquistaní “Frontier Post”, Washington intenta presionar al régimen de Kabul para que entregue a Ben Laden y, de esta forma, evita las represalias por haberle dado refugio.

La promesa de Osama parece más bien una tomadura de pelo, especialmente porque reconoce sólo a la justicia islámica. Así que no se propone, bajo ninguna condición, entregarse a los “infieles”. No obstante, la Embajada americana difundió en Islamabad las acusaciones contra Ben Laden, una especie de curículum del terrorista.

Nació el 28 de junio de 1957 en Yedda, Arabia Saudí. Es el decimoséptimo hijo de un emigrante yemení, fundador de la compañía de construcción “Binladden Brothers for Contracting and Industry”. El capital de esta empresa es de 5.000 millones de dólares ( 930.000 millones de pesetas). Al morir el padre, en 1970, Osama heredó unos 300 millones de dólares (55.800 millones de pesetas). Estudió ciencias económicas en la Universidad Islámica Rey Abdel Aziz, conocida por su tradición integrista wahabí.

Las primeras actividades “profesionales” del jóven Osama están relacionadas con la guerra en Afganistán. Se instala en la ciudad paquistaní de Peshavar y se convierte en el “coordinador” de la inmensa ayuda financiera, especialmente saudí, que recibe la guerrilla afgana en su lucha contra la ocupación soviética (1979-1989). Se dedica a reclutar mercenarios, comprar armas y crear bases de entrenamiento para la guerrilla.

Tras la guerra, no fue bien recibido al regresar a casa. Al parecer, a la monarquía saudí no le gusta su radicalismo. Así que, en 1991, Osama se instala en Sudán y se dedica a los negocios. Construye carreteras y hasta vende productos agrícolas a Europa. Pero este tipo de vida aburre a Ben Laden. Su obsesión es crear un califato mundial. Y para empezar, con el beneplácito del régimen islamista sudanés, funda campamentos de terroristas internacionales y envía armas y dinero a los extremistas de Argelia y Egipto.

En los mismos años toma una verdadera manía a Estados Unidos. Se le acusa de haber preparado un atentado en el que murieron 18 militares estadounidenses del contingente de la ONU en Sudán. Hay datos de su participación en la explosión del World Trade Center de Nueva York en 1993. Dos años después mueren 5 miembros del US Army en Riad, en un atentado con coche-bomba. Poco después hay otras 19 víctimas estadounidenses, esta vez son pilotos de la base de Dahran, también en Arabia Saudí.

Estados Unidos presiona al régimen de Jartum y, en 1995, Ben Laden tiene que abandonar Sudán. Se traslada, junto con sus dos hijos y varios centenares de guardaespaldas, a Afganistán. Allí se siente como pez en el agua. En primer lugar monta su nuevo “negocio”: producción y exportación de droga, que le permite recaudar nuevos fondos, tanto para los “talibanes” como para islámistas de otras nacionalidades. Crea una verdadera internacional terrorista. En cinco bases, repartidas por el territorio afgano, reciben instrucción militar albaneses y egipcios, afganos y jordanos, argelinos e indonesios, cachemires y chechenos, uzbekos y kirguises.

En 1998, Ben Laden publica la Declaración sobre la formación del “Frente Islámico Unificado de la lucha contra los cruzados (cristianos) y judíos”. Allí proclama que el “deber de cada musulmán es matar a los norteamericanos en cualquier sitio del mundo”. El 7 de agosto del mismo año se producen los atentados contra las embajadas de EE.UU. en Tanzania y Kenia. Mueren 200 personas. Otros 17 marines fallecen en el reciente atentado contra el destructor “Cole” en el puerto yemení de Adén. Washington asegura que tiene datos para sospechar de que detrás de todos estos crímenes está el terrorista número uno.

Y, por si fuera poco, el millonario saudí declaró hace dos años que quiere fabricar su propia bomba atómica para “castigar a los enemigos del Islám”. Según fuentes rusas, se hizo con el material radioactivo, robado por su encargo, en una fábrica de uranio de Tayikistán. En vista de estos planes, Estados Unidos destruyó el mismo año la fábrica química “Al Shifa” en Sudán, propiedad de Osama ben Laden.

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