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El desastre ucraniano

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Extraña el interés que se presta en la prensa por las elecciones en Ucrania y por la relativa victoria en éstas de una alianza presidida por el ex-primer ministro, Víktor Yúschenko. Extraña porque se sabe de sobra que en los países como Ucrania las elecciones no tienen mucho sentido: gane quien gane, el poder siempre se queda en las manos de los que se identifican con el “partido del poder”. En Ucrania, tras la victoria de “Nuestra Ucrania” de Yuschenko, seguirán gobernando los “perdedores” de estos comicios: el presidente, Leonidas Kuchma, y los suyos, apoyados, si hace falta, por los comunistas y social-demócratas.

Mientras tanto, la influencia de los vencedores en la vida política del país será nula. El régimen presidencialista ucraniano utiliza al parlamento, la “Rada”, más bien de circo para divertir al público y para mostrar al mundo que tiene algo parecido a la democracia.

Tampoco tienen razón aquellos analistas que relacionaban el nombre de Yúschenko con la posibilidad de cambios en Ucrania. Es cierto que este personaje se presenta como “prooccidental”, “anti-ruso” y “liberal”. Pero, en realidad, sus ideas son bastante confusas. Su alianza electoral con los ultra-nacionalistas de corte nazi confirma la ambigüedad de su política. Y, además, ya fracasó como primer-ministro con una gestión económica poco adecuada para Ucrania. Por último,según la mayoría de los observadores ucranianos, es absurdo ser “antiruso” en un país cuya economía depende cien por cien de Rusia y, especialmente, ante la plena indiferencia de Occidente en cuanto a los problemas ucranianos.

Para comprender que los “prooccidentales” no tienen ningún futuro en el nuevo parlamento a pesar de su victoria basta ver la reacción de Moscú. Está eufórica. Los escasos resultados obtenidos por el partido del poder, o sea, por el propio presidente, le servirán a los rusos para aumentar sus presiones sobre Kiev y quitarle las últimas aspiraciones de llevar una política independiente. Es sabido que en cualquier momento el Kremlin puede movilizar su “quinta columna” en Ucrania, el Partido Comunista, que quedó segundo en las elecciones. Pero, sin duda, los comunistas van a apoyar al presidente, por lo menos en el futuro próximo. Esta es la voluntad del “gran hermano” kremliniano.

Es de recordar que ha sido el presidente ruso, Vladímir Putin, quien salvó, el año pasado, a su homólogo ucraniano del escándalo por un periodista opositor asesinado presuntamente por encargo de la mismísima presidencia ucraniana. Putin ha realizado varias visitas a Ucrania para reanimar la colaboración ruso-ucraniana en la producción militar. Fue recibido como un emperador.

No obstante, la sociedad ucraniana sigue estando dividida entre el este y sur prorusos y el oeste tradicionalmente prooccidental. Esta última es la minoría históricamente dominada. La división se profundiza cada año y el país se encuentra muy lejos de la estabilidad política. A todo esto se añade una gravísima crisis económica y social. Un salario de 60 euros mensuales se considera en Ucrania como “muy bueno”. No es de extrañar que millones de ucranianos emigren de su país en busca de una vida mejor. El primer país para la emigración es Rusia donde se consideran como mano de obra muy barata. En España, según nuestros cálculos, hay más de 30.000 ucranianos que trabajan en la construcción, la agricultura y la hostelería.

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