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El desguace humano

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El recluta Alexéy Bayánov, de 19 años, murió en el hospital del ministerio de Defensa “Burdenko”, en Moscú. El joven entró en este prestigioso establecimiento una semana antes con el mentón traumatizado en un accidente de tráfico. Diagnóstico leve, sin ningún peligro para la vida. Sin embargo, a sus padres les prohibieron las visitas, ya que el hospital es un “objetivo estratégico militar”. Los contactos telefónicos directos tampoco estaban permitidos aunque el padre, Alexándr Bayánov, podía hablar a diario con los médicos. Al principio todo parecía normal. El chico se recuperaba rápidamente, según el personal del hospital.

Pero al séptimo día, el padre fue informado de que su hijo falleció de úlcera. Apenas pudo dar el último adiós a Alexéy, ya que los militares, al parecer, tenían mucha prisa por enterrarle. No obstante, el padre se dio cuenta de que su hijo había sido operado y que su cadáver parecía vaciado. Los militares le contestaron que a su hijo seguramente le fue practicada una autopsia rutinaria. Pero Alexánder no quedó satisfecho con esta respuesta. Sospechó de los médicos, especialmente después de recibir el certificado oficial de defunción. Según este documento, la muerte se produjo a causa de una “apendicitis aguda”.

El padre inició su propia investigación y se enteró por boca de una de las enfermeras que su hijo fue “desguazado”, ya que “dos pacientes importantes” del mismo hospital necesitaban sus órganos. La investigación le permitió descubrir que el caso de su hijo no es el único. En el mismo centro médico mueren con cierta regularidad y de forma muy sospechosa otros jóvenes soldados.

Con estos datos en la mano, Alexánder se dirigió a la fiscalía militar, ya que la civil no es competente en asuntos del Ejército. Pedía la exhumación del cuerpo y la investigación del caso. Tras varios meses de demora, la fiscalía se negó a satisfacer esta demanda sin dar ninguna explicación. Desesperado, el padre se dirigió directamente a la Duma, Cámara baja del Parlamento, pero tampoco pudo obtener ayuda. Hoy en día, ningún político ruso se atreve a atacar al instituto de las Fuerzas Armadas, corazón del régimen putiniense. Y el único medio de comunicación que se ha atrevido a publicar esta información ha sido el periódico digital “Grani”, financiado por el proscrito magnate Berezovski, que desde su exilio en Francia sigue luchando contra el régimen.

Los rusos llaman a su Ejército “fábrica de la muerte”. El índice de mortalidad es muy alto entre los uniformados debido a la falta de disciplina, los malos tratos, las novatadas sangrientas y la insuficiente alimentación e higiene. Tampoco hay medidas necesarias de seguridad, lo que permite a los militares drogados o alcohólicos acceder con facilidad a las armas y atacar a sus compañeros.

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