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El dinero de los "tovarisch"

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Un escándalo relacionado con la financiación indebida sacude al PC ruso en vísperas de las elecciones legislativas. Una denuncia al respecto firmada por diputados centristas de la Duma se encuentra en la mesa del fiscal general. En el foco del escándalo se encuentra la gran constructora “Posagropromstroy” y su presidente, Víctor Vidmánov, principal donante de los comunistas. Se sospecha, entre otras cosas, que la empresa desvió grandes cantidades del erario público, dedicado a la reconstrucción de Chechenia, a las arcas del partido. Otra acusación es la presunta mediación de Vidmánov en Londres entre el PC y el oligarca fugitivo, Borís Berezovski, con el propósito de sacarle algo de dinero. Un objetivo, al parecer, inverosímil, ya que Berezovski, a lo largo del último decenio, ha sido considerado por la izquierda rusa su “enemigo público” nº 2 (El primero fue Yeltsin). Pero, Berezovski, al verse acosado por el presidente Putin, decidió seguir en la política apoyando a cualquier oposición, sea de derechas o de izquierdas.
 
Al PC no le importa de dónde proceden los fondos. “¡El dinero no huele!” Al parecer, esta consigna sustituye para los líderes comunistas a su histórico “¡Proletarios del mundo, uníos!." En una de nuestras crónicas para Libertad Digital, hemos informado de cómo venden puestos en las listas electorales a los “camaradas capitalistas”. Estos últimos buscan la inmunidad parlamentaria que les salve de la fiscalía. Los “tovarisch” recibieron también dinero del magnate-“chorizo”, Mijail Jodorkovski, que presuntamente robó al Estado más de mil millones de dólares y se encuentra, hoy en día, entre rejas.
 
¿Será la corrupción y la falta de escrúpulos a la hora de ganarse la vida algo nuevo para este partido nacido precisamente hace 100 años? Por supuesto que no. El “padre de las naciones oprimidas”, José Stalin, empezó su carrera en el partido robando bancos. En aquel entonces los bolcheviques necesitaban dinero, no sólo y no tanto para “hacer la revolución” sino para sus necesidades personales, como, por ejemplo, vivir cómodamente en el extranjero. Este “factor personal” aumentó considerablemente tras la revolución de 1917. Algunos historiadores piensan que los primeros “decretos” del poder comunista fueron para nacionalizar tierras, fábricas y bancos. No fue así. Lo primero fue asegurar la buena vida a la cúpula dirigente: proporcionarles comida y vivienda en medio del desastre y hambruna total del pueblo. Así, los comisarios bolcheviques desde el primer día de la revolución comían caviar y bebían champán mientras el pueblo saciaba su hambre con la corteza de abedules.
 
Esta situación se mantuvo prácticamente igual hasta finales de los 80, cuando la misma cúpula decidió cambiar las cosas. Estaba harta de la revolución, de caviar, de sus “dachas” en los alrededores de Moscú, de limusinas oficiales y de otros pequeños privilegios. Quería llamarse capitalista y tener fábricas y campos petrolíferos en propiedad, y también palacetes en Marbella y Niza, “jáguares”, cuentas corrientes en bancos suizos y un largo etc. Lo consiguieron.
 
Pero una parte minoritaria de la dirección del PC quedó marginada y se fue a la oposición. Por supuesto, han conservado las “gloriosas tradiciones” del partido: una lucha abnegada de clase… por el bienestar de sus dirigentes.

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