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El dinero sucio de los comunistas rusos

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Una de las preguntas periodísticas que nunca le ha gustado al Partido Comunista ruso es de donde proviene su dinero. El líder del partido, Guennady Ziugánov, suele contestar a este interrogante con una frase-cliché: “el donante es el capital de orientación nacional y patriótica”. El “camarada” Ziugánov nunca da más detalles, ni nombres de los donantes, aunque deja entender que los capitalistas de “orientación nacional” son “buenos”, mientras que los demás son “malos”.

No obstante, cualquier empresario ruso sabe de sobra que no es tan difícil adquirir la categoría de “bueno”. Cualquiera puede conseguirlo, incluso personas completamente apolíticas y de reputación más que dudosa. Porque en las relaciones con el PC no se trata de ideologías o compromisos políticos, sino de negocios puros y duros. Y es que a la “generosidad” de sus donantes, el partido responde con la oferta de sus “servicios”. Para eso controla a decenas de gobiernos autónomos en Rusia entera y goza de mucha influencia en la Duma, cámara baja del parlamento.

Los ejemplos de este tipo de “negocios” abundan. Se sabe que uno de los principales donantes del PC es el grupo privado “Rosagropromstroi”, que incluye 3.500 empresas de construcción y 1.500 firmas industriales. Al mismo grupo pertenece uno de los bancos más importantes del país. Hace 6 años, gracias a la ayuda de los comunistas en el Parlamento y en otros organismos del Estado, el grupo recibió la exclusiva para realizar el programa de reconstrucción de viviendas en Chechenia, destruidas durante la guerra. Ni una casa ha sido elevada desde entonces. Tampoco se conoce el destino de 150 millones de dólares (27.300 millones de pesetas) que recibió “Rosagropromstroi” de los fondos del Estado.

La operación “Chechenia” coincidió con la adquisición de una nueva sede por el PC en uno de los barrios más caros de Moscú y de varios “Mercedes” para los dirigentes del partido. Mientras tanto, los comunistas frenan en el Parlamento cualquier intento de investigar la malversación de fondos destinados a la reconstrucción de la república caucásica.

Con un apoyo tan poderoso, el grupo nunca devolvió su multimillonaria deuda a la entidad financiera privada “Chara Bank” que quedó arruinada. Tampoco fue sancionado por vender dólares falsos en la ciudad sureña rusa de Stávropol, región dominada por los comunistas. A pesar de múltiples quejas, el grupo sigue recibiendo, sin concurso ninguno, encargos públicos, financiados por el presupuesto. Y eso a pesar de que los precios de “Rosagropromstroi” son en un 30 por ciento más altos de los que existen en el mercado.

Otro ejemplo de las relaciones entre el PC y el capital es el caso del joven “rey de aluminio”, Mijail Zhivilo, calificado como un “mafioso de pura cepa”. Financió la última campaña electoral de los comunistas, pero no tuvo suerte con el gobernador de la provincia siberiana de Kémerovo, el carismático tránsfugo del PC, Amán Tuléev. El gobernador persiguió al mafioso por su negativa a pagar impuestos y otros delitos. Éste intentó asesinar a su enemigo. Fracasó y se refugió en Francia antes de ser detenido por una orden de busca y captura internacional.

Según los analistas rusos, el “error” de Zhivilo consistió en no obtener a tiempo el mandato de diputado de la Duma. Sus colegas más experimentados piden a los comunistas, a cambio de dinero, además del apoyo para sus negocios, un escaño en el parlamento. Esto les proporciona inmunidad ante la justicia. Hoy en día, la tercera parte de los diputados del PC ruso son grandes empresarios que nunca han sido antes militantes del Partido.

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