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El fascismo arrollador

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Mientras el presidente Putin hipnotiza a los ingenuos líderes mundiales con sus cantos sobre el auge democrático en Rusia, su país se hunde cada día más en un fascismo puro y duro. Gozando de plena libertad de acción y contando con la policía como cómplice los grupos de la ideología xenófoba actúan abiertamente: en la calle, en la prensa y hasta en Internet.

Su primer objetivo son los judíos. Últimamente los fascistas rusos han encontrado una fórmula nueva para luchar contra el “complot judeo-masónico” en la “santa madre Rusia ortodoxa”. Se trata de pancartas- bombas (o simuladores de bombas) de carácter nazi y antisemita, masivamente colocadas por toda la inmensa geografía rusa: desde Kaliningrado, en el oeste, hasta Vladivostok, en el Este. Resultado: un muerto y tres heridos graves. Israel ofreció sus servicios médicos para curar a las víctimas, todos ellas rusas, que intentaban quitar las pancartas sin darse cuenta del peligro. La investigación policial fue abierta pero no dio ningún resultado: no hay detenidos, ni sospechosos.

No sólo los judíos son objeto de odio de los fascistas rusos. Son todos los “no-rusos”: emigrantes o residentes extranjeros. Tras un reciente “pogrom” armenio en la ciudad de Krasnoarmeisk, a unos pocos kilómetros de Moscú, 30 personas de esta nacionalidad resultaron heridas, nueve de gravedad. Según testigos presenciales el “pogrom” parecía la “noche de los cristales rotos” en la Alemania nazi. Los jóvenes fascistas, borrachos y drogados, con la cruz gamada en los brazaletes, irrumpían en las viviendas donde residen los armenios y les golpeaban, sin distinguir ni la edad, ni el sexo de sus víctimas. La policía que reaccionó al día siguiente calificó los sucesos como actos inocentes y aislados del “gamberrismo juvenil” que no tienen nada que ver con el racismo y xenofobia.

Al sentirse impunes, los fascistas consideraron que ya es la hora de actuar legalmente y proclamaron la creación del Movimiento Popular Contra los Emigrantes. Protegidos por la policía, organizaron un mitin en la plaza del ayuntamiento, pidiendo la inmediata repatriación de todos los ciudadanos no rusos que todavía residen en su ciudad. Para participar en el primer acto del nuevo Movimiento llegaron desde Moscú numerosos militantes de la Unidad Nacional Rusa y del grupo “Pamiat” (Memoria), los dos agrupaciones de seguidores de Hitler más conocidas en el país. Los militantes fueron recibidos por el alcalde de Krasnoarmeisk “para establecer un diálogo social sobre el asunto de los emigrantes”.

Mientras tanto, el Movimiento publicó su manifiesto en la prensa local exigiendo al Estado la creación de “campos de concentración para los intrusos” y formación de milicias populares “de reacción rápida” para detener y recluir a todos los que no son de nacionalidad rusa. Las palizas y asesinatos de los emigrantes, según el manifiesto, son legales y no deben ser perseguidos juridicamente.

Y como si fuese poco, los fascistas de Krasnoarmeisk acaban de abrir una página web (www.voinru.hotbox.ru) para “coordinar el movimiento patriótico” en todo el país e “intercambiar” su experiencia de los “pogrom”. La página asegura que los “activistas” del Movimiento tienen aliados en todas las ciudades rusas dispuestos a buscar una “solución final del problema de los extranjeros” en Rusia.

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