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El fin de un sátrapa

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Pasó lo que debía pasar. El pueblo hambriento, una nación moribunda, hombres, mujeres y ancianos salieron de sus hogares arruinados, sin luz ni agua, y se lanzaron contra el poder criminal y perverso. Preferían morir a seguir viviendo sin presente ni futuro. En las primeras filas del pueblo sublevado estaban sus jóvenes líderes, la esperanza de Georgia, dispuestos a vencer o perecer en el combate. Los soldados y policías, traídos a Tbilisi por orden del dictador, se negaron a disparar contra sus hermanos.
 
¡Es una revolución, señores, un triunfo del pueblo!
 
Mientras tanto, el sátrapa declaró que nunca abandonaría el país. Fue su última mentira entre tantas que dirigió al pueblo georgiano y al mundo entero en los últimos 11 años. Porque su avión ya estaba calentando motores para llevarle al extranjero, a su nueva residencia comprada con millones de euros robados al pueblo. Una historia muy parecida a la de muchos otros dictadores criminales, derrocados por sus súbditos hartos de ser esclavos.
 
Por ejemplo, ¿cuál es la diferencia entre Shevardnadze y Idi Amin Dada, ex presidente de Uganda? ¿El primero no comía carne humana? No estamos tan seguros, porque conocemos la afición de Shevardnadze por exterminar a sus adversarios políticos con los métodos más siniestros. La única diferencia consiste en el don de este individuo de liar a la opinión pública internacional y a los dirigentes de las potencias mundiales. El déspota decía que deseaba una Georgia "europea", miembro de la OTAN y de la UE. Y el ingenuo Occidente le creía sin darse cuenta de que un país presidido por un líder mafioso, sin leyes, sin democracia, sin derechos ni moral, patrocinador del terrorismo internacional, no puede ser parte de una Europa que se llama civilizada.
 
Es de recordar a nuestros amigos lectores que Libertad Digital ha sido el único medio español que decía a lo largo de los últimos años la verdad sobre Georgia y su criminal dirigente, mientras los demás nos contaban idioteces sobre la "vocación europeísta" de Shevardnadze y sus "reformas democráticas". En los trágicos meses del secuestro en Georgia de dos empresarios españoles instábamos a sus familiares y a las autoridades españolas para que actuaran por su propia cuenta, ya que estaba clarísimo que el régimen de aquel país no hacía nada para salvar a nuestros compatriotas. En las mismas fechas, el principal rotativo polanquista nos acunaba con las "medidas" del "demócrata" Shevardnadze y sus "esfuerzos" para sacar a los españoles del cautiverio. Todos conocemos el fin de la historia. Fue tal como lo predijo Libertad Digital: las familias tuvieron que pagar el rescate.
 
Hace dos semanas también fuimos los únicos en adelantar la inminente caída del déspota en un artículo titulado "Shevardnadze gotov (acabado)". Acertamos.

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