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El imperio de la droga

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Afganistán produjo el año pasado unas 110 toneladas de heroína, según la ONU. Esto es cinco veces más de lo que introdujo este país en el mercado internacional el año 2000. Además suministró al mercado grandes cantidades de opio y de hachís. El narcotráfico, tradicional negocio de la llamada Alianza del Norte, vencedora de los talibanes, prolifera hoy en día por todo el territorio nacional. Las inmensas plantaciones de amapola ocupan las mejores tierras de Afganistán: amplias llanuras al norte de Guindukush, los valles de Kabulistán, las orillas de los ríos Kabul y Logar, la meseta de Jazaradjat, las provincias de Guerat, Nangarhar y, especialmente, Helmand, donde existe un sistema de riego que proporciona una estable cosecha. Por supuesto, su cultivo da unos beneficios 10-15 veces superiores que las cosechas de cereales.

Hay datos de que el 75% de la población activa del país está relacionada con el negocio de la droga. Afganistán proporciona el 65% de la producción mundial de heroína. El 80% de esta droga que se comercializa en Europa tiene procedencia afgana, siempre según los datos de la ONU. Llega a Europa por varias vías, incluidas Turquía y Paquistán. Pero el grueso de la heroína pasa por territorio ruso y de otros países de Europa del Este, cruzando previamente Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán o Kirguizia. Según fuentes estadounidenses, los principales intermediarios de este tráfico son las mafias chechenas y kosovares. El principal destino de la droga afgana es Amberes, en Bélgica.

Las fronteras de Afganistán con los países ex-soviéticos de Asia Central son practicamente transparentes. Estos países, hundidos en la miseria y la corrupción, no son capaces de oponerse a las mafias organizadas, bien armadas y pertrechadas. Una cierta excepción es la república de Tayikistán donde la custodia de la frontera está en manos de los rusos. No obstante, los rusos confiesan que sólo logran parar el 5% del tráfico de droga ya que su mandato es bastante restringido y no pueden investigar los vínculos entre los narcotraficantes afganos y tayikos.

En Afganistán, el negocio de la droga es prácticamente legal. Por ejemplo, uno de los “señores de la guerra” más famosos, el tayiko Ismail Jan, nombrado por el gobierno de Karzai gobernador de Guerat, controla el 10% de la producción de la droga afgana. Es propietario de unos 15 laboratorios para producir la heroína más pura del mundo. Su fundamentalismo islámico no le molesta para practicar este negocio ya que la droga va para los “infieles”. Jan es famoso también por haber formado en su provincia una especie de milicia islámica para velar por la moral femenina. Esta milicia detiene a las mujeres en plena calle y las somete a revisión ginecológica. Si el médico descubre que la mujer ha tenido recientemente una relación sexual, la milicia investiga si ha sido con su marido. Si no es así la detenida pasa directamente a la cárcel.

La gran pregunta en estas circunstancias es: ¿Por qué el gobierno de Karzai, tan prooccidental, tan demócrata y tan prometedor a la hora de pedir ayudas, no hace nada contra el narcotráfico? La simple respuesta a este interrogante es que no puede hacer nada contra sus poderosos aliados, vencedores de los talibanes. Atrincherado en Kabul y custodiado por los marines estadounidenses, Karzai está “apoyado” por los caciques mientras no se meta en sus asuntos y no pretenda quitarles sus poderes. Si se enfrentara con ellos, tendría que afrontar otra guerra civil o refugiarse de nuevo en Occidente. Es la realidad afgana, un país que nunca ha reconocido un fuerte poder central. Asimismo, el periódico ruso “Zavtra” asegura que en el negocio de la droga están involucrados prácticamente todos los altos funcionarios del actual gobierno de Kabul.

El diario France Soir advertía en noviembre de 2001 sobre un inminente aumento de la producción de la droga afgana y de su avalancha en Europa. El rotativo decía también que los occidentales se encontrarían en una “posición delicada” y tendrían que cerrar los ojos ante los desmanes de sus “amigos” afganos, que derrocaron a los talibanes.

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