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El mundo necesita una política antiterrorista seria

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Recuerdo muy bien aquella calurosa tarde del verano del año 93 cuando recibí en la delegación de la agencia Efe en El Cairo, donde trabajaba, un fax escrito en un árabe irreprochable. Un grupo islámico reivindicaba un sádico asesinato de turistas extranjeros en el sur de Egipto. Curiosamente, la mayoría de los que fueron quemados vivos en un autobús turístico procedían de la misma nación del norte de Europa de donde procedía el fax. O sea, el Estado Mayor de la banda criminal, autora del asesinato, se encontraba refugiado en este país europeo. Al parecer, actuaba legalmente, ya que, además del teléfono, el mensaje contenía la dirección postal de esta organización terrorista.

Y por si fuese poco, al día siguiente, la prensa de aquel país europeo explicaba que el fenómeno del islamismo armado en Egipto se debía a las restricciones en la vida política del país, aunque cualquiera sabía que los bandidos venían de Sudán, feudo en aquel entonces de Osama ben Laden. Y más. Los medios culpaban al presidente Mohamed Hosni Mubarak, un líder laico y prooccidental, por no ser demasiado liberal con los integristas. Y eso que las restricciones eran más que justificadas, pues el objetivo de Mubarak era no dejar a los asesinos hacerse con el poder para acabar con todo lo que huele a libertad y democracia.

¿Qué fue? ¿Un error político por conceder el asilo a cualquiera que lo pida? ¿La incomprensión de la situación en el mundo, o una ingenua suposición de que un fanático asesino se convierte en un angelito al obtener todas las libertades?

Al parecer, con los años no aprendemos nada. La falta de seriedad en el análisis del fenómeno del terrorismo explica ahora las declaraciones de ciertos políticos a favor de la proclamación urgente de un estado palestino que, presuntamente, pondría fin a la violencia islámica en la zona y en el mundo entero.

Hay que ser muy torpe e ingenuo para no comprender que el propósito del terrorismo no es la creación de un califato palestino, sino la destrucción de Israel y un nuevo holocausto de su pueblo. Por lo menos, así lo declaran abiertamente los líderes extremistas, fieles herederos del gran mufti de Jerusalén, Huseini, que en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial le acusaba a su amiguito Adolfo Hitler de ser demasiado liberal con los judíos. Así que la creación prematura de un Estado arafatiense no cambiará nada. Primero, hay que acabar con el terror y garantizarles a los israelíes el derecho a la vida. Luego, ya se verá.

Muy mal y muy lentamente reaccionamos ante el terrorismo internacional. En Occidente hubo tanta solidaridad con Bosnia, Kosovo y Chechenia que no nos dimos cuenta de que estos lugares, desde el principio, se han convertido en unas madrigueras del extremismo islámico. Ahí los criminales aprendieron a matar, cogieron el gusto al olor de la sangre. De aquellos sitios viajaban a otras regiones del mundo para sembrar la muerte.

Hoy en día se sabe de sobra que los carniceros de las Torres Gemelas pasaron por Afganistán y el Cáucaso. Se sabe también que sus “hermanos”, especialmente mercenarios árabes y chechenos, ya se trasladaron a Afganistán esperando con impaciencia, agarrados a sus kalashnikov, la ofensiva terrestre de los aliados occidentales. Se excitan a la espera de lo que, según ellos, puede ser un nuevo baño de sangre.

Pero resulta muy curioso que estos elementos perversos sigan teniendo sus simpatizantes en Europa, a pesar de lo ocurrido el 11 de septiembre. Son los mismos que, en su día, apoyaron a los violadores, secuestradores, degolladores y extirpadores chechenos, quienes se lanzan a las calles ahora en contra de la operación estadounidense en Afganistán. En España son los mismos grupos políticos y ONG. Defienden a los mismos criminales, ya que los americanos bombardean hoy a los mismos que fueron atacados ayer por la aviación rusa en Chechenia; es decir, a los miembros de la internacional terrorista.

Les podemos perdonar a los talibanes su apoyo al terrorista Ben Laden. Total, son fanáticos atrasados e idiotizados por muchos años de guerra. Pero no se lo podemos perdonar a los europeos. Y lo que es todavía más horroroso es que esta “quinta columna” del terrorismo, tras manifestarse en la calle, envía su dinero a todo tipo de fondos para apoyar al terror internacional. La cuenta de uno de estos fondos la encontramos recientemente en un banco londinense. Así lo publicó Libertad Digital este pasado domingo. Los matarifes chechenos abrieron la cuenta bancaria libremente, sin que nadie les preguntara nada en la sucursal del Lloyds Bank situada en Kensington High Street, 112-114. Al parecer, el objetivo de la cuenta de los chechenos no es otro que el de prestar aún más ayuda a sus colegas en Afganistán.

Tiene razón el presidente Bush. Llegó la hora de la verdad. Uno tiene que decidir con quien está: con el mal universal o con el mundo civilizado. Aquí no hay tercera vía.

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