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El “Putinjugend” entra en acción

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Cualquier régimen totalitario debe tener su organización juvenil, sus Juventudes. Es un axioma. Ningún dictador puede prescindir del “apoyo” de las jóvenes generaciones. Al parecer, esto les hace creer que sus regímenes son inmortales. Así, Adolfo Hitler tenía su Hitlerjugend, chicos de 10 a 14 años que morían por su “fuhrer” en los frentes de la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, los líderes bolcheviques soviéticos tenían al Komsomol, las Juventudes Comunistas. Una estructura similar la posee, hasta ahora, el régimen castrista, igual que sucede en Corea del Norte.

El actual presidente ruso, Vladímir Putin, obsesionado con restaurar el totalitarismo en su martirizado país no ha tardado mucho en hacerse con sus propias Juventudes. Se llaman “Los que andan juntos”, pero la prensa liberal ya las bautizó como “putinjugend”. Tienen su sede en el centro de Moscú y cuentan con decenas de miles de afiliados. Su lema es de “chicos buenos”: no beber alcohol, no consumir droga, no decir tacos y también no escuchar la música del “podrido Occidente que pretende convertirnos en idiotas”.

En el “Código Moral” de la organización aparece un llamamiento para leer las “buenas obras clásicas rusas” y “ayudar al presidente en su difícil lucha contra los enemigos de la nación”. Entre los últimos figuran los “oligarcas” (ricos empresarios), algunos gobernadores demasiado independientes y parlamentarios de la oposición. Según el Código, todos ellos “están interesados en la miseria de la Patria”. El documento pide a la juventud luchar contra “todos los que se oponen a la política de Putin y a que en Rusia haya orden”.

La organización está dirigida por Vasili Yakimenko, funcionario de la Administración presidencial. No hay problemas para la financiación. Se sospecha que el dinero proviene de esta oficina del Kremlin. Se trata de cantidades sustanciales, porque los militantes reciben por participar en mitines u otros actos públicos 50 dólares (casi 10.000 pesetas), toda una fortuna para un ruso. Además, les pagan el viaje a Moscú, ya que la mayoría de los “putinjugend” provienen de provincias lejanas y a veces tardan más de un día en llegar en tren a la capital.

El último mitin se celebró el pasado día 7 para conmemorar el primer año de la presidencia de Putin. Decenas de miles de jóvenes se reunieron a pocos metros de la muralla del Kremlin. Llevaban camisetas con el retrato de Putin. Durante varias horas dieron vivas al adorado líder y juraron su lealtad hacia él. “¡Estamos dispuestos a morir por nuestro presidente! ¡Con Putin venceremos!”, vociferaba la muchedumbre.

Luego, los líderes de las Juventudes putinienses fueron recibidos por el mismísimo presidente, que les ofreció té con dulces. Salieron entusiasmados. Desde ahora, los miembros de “putinjugend” pueden usar las instalaciones deportivas, incluso las piscinas, de forma gratuita. Tendrán subvenciones para comprar entradas de teatro, cine y conciertos.

“Los que andan juntos” celebraron recientemente otro mitin frente a la embajada estadounidense para protestar contra la “política imperialista de Bush”. Y uno más, frente a la sede de la televisión independiente NTV, para condenar a los periodistas “lacayos de Occidente”.

Es curioso, el presidente de la Cámara Alta del Parlamento –Consejo de la Federación– el veterano Yegor Stróyev, se quejó de que en Rusia no hay un “sistema para educar a los futuros cuadros directivos”. El parlamentario recordó con nostalgia que en la época soviética existía el Komsomol, la “forja de cuadros comunistas”. El senil parlamentario simplemente no estaba al tanto de que el presidente ya ha pensado en esto.

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