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El Rasputin de Putin

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De sobra se conoce el nombre de Grigoriy Rasputin. Este campesino analfabeto, bebedor y mujeriego, convertido en favorito de la última familia imperial rusa, se hizo famoso no sólo por las orgías que organizaba en San Petersburgo. Era un genio de la corrupción y el tráfico de influencias. Montó un gran negocio: traficaba con altos cargos del Estado, hasta vendía carteras ministeriales. Cualquiera podía obtener un "enchufe" de menor importancia comprando en la "oficina" de Rasputin, por 200 rublos, una "recomendación" del todopoderoso favorito. Actuaba en una Rusia decadente y ayudó a hundirla en vísperas de la revolución bolchevique.

La historia se repite. Así, el régimen del seníl presidente ruso, Borís Yeltsin, ha tenido su propio "Rasputin". Se llama Alexánder Voloshin y su cargo oficial es jefe de la Administración presidencial, una especie de secretaría con grandes poderes de un gobierno paralelo. Putin lo heredó junto con la presidencia. No tenía otra opción: Yeltsin insistió en que su favorito se quedara en el Kremlin.

Voloshin es más fino que su bruto antecesor de comienzos del siglo XX. Primero, ha estudiado y pone su firma en los documentos, en vez de una cruz como hacía Rasputin. Segundo, es calvo, mientras el otro fue peludo. Tercero, no admite sobornos en rublos, sino en dólares.

Aquí se acaban las diferencias. Porque el "modus operandi" es el mismo. Según el diario ruso "Press-center", Voloshin vende los cargos públicos mientras los hombres de negocios, que buscan su "protección", pagan 15.000 dólares (2,5 millones de pesetas) sólo por ser recibidos en su despacho. Luego tienen que pagar los servicios prestados.

La carrera política de este hombre de 45 años se la debe al "cardenal gris" del régimen yeltsinista, el magnate Borís Berezovski, actualmente en destierro voluntario en París. Voloshin ha sido consejero financiero de este multimillonario, su encargado en la bolsa y, especialmente, su brazo derecho en todo tipo de oscuras operaciones financieras. Gracias a estas operaciones, Berezovski, que a lo largo de toda su vida no tenía dinero ni para almorzar en condiciones, se ha convertido, en un par de años, en uno de los hombres más ricos del mundo.

En los años 90 Voloshin, bajo la tutela de Berezovski, abrió una decena de empresas fantasmas. Una de ellas, "Agropromservis", se dedicaba, en teoría, a las inversiones. No las hacía y sólo servía para recoger el dinero de los clientes atraídos por las promesas de altos intereses. Según el diario moscovita "Novaya Gazeta", el futuro administrador presidencial terminó desviando el botín y anunciando su bancarrota. Berezovski, gracias a sus relaciones privilegiadas con el poder, cerró la investigación policial sobre el caso.

Otra compañía, "Inter-EcoChernóbil", fue registrada como una empresa benéfica. Importaba alcohol y tabaco. No pagaba impuestos, ni tampoco ayudaba a los damnificados por la catástrofe de Chernóbil. El único beneficiario del negocio fue Voloshin y sus socios. Entre estos últimos figuraba el padrino de la mafia de Moscú, Otari Kvantrishvili, posteriormente asesinado en la guerra de las mafias.

Otra "famosa" operación de Volóshin, según el diario "Sovershenno Secretno" (estrictamente confidencial), fue la venta de las acciones de una compañía fantasma de Berezovski al banco "Chara". Esta operación, de 5,5 millones de dólares, arruinó, igual que en el caso de "Agropromservis", a cientos de pequeños inversores. En un intento por sacar más dinero de "Chara", el futuro "Rasputin" recurrió a la ayuda del conocido bandido y extorsionista Biacheslav Ivankov, alias el "japonesito", actualmente en una cárcel estadounidense.

Pero la operación más "brillante" fue realizada por Volóshin en su calidad de director de la "FFK", una empresa encargada de privatizaciones de bienes del Estado: se trató de la privatización de una gran empresa petrolera, "Sibneft" (el petróleo de Siberia), a favor de Berezovski por un precio dos veces menor al del mercado. Para agradecer este favor, Berezovski introdujo a su lugarteniente en la administración presidencial.

Se rumorea desde hace varios meses que Putin está harto de este "Rasputin" y que espera cualquier ocasión para deshacerse de él. No es tan fácil, porque tendrá que enfrentarse a Yeltsin que todavía apoya a Volóshin. La hija menor del ex-presidente, Tatiana, le defiende con uñas y dientes. Y no se trata sólo de sus presuntas relaciones amorosas. Según el diario digital ruso "FreeLance Bureau", la familia de Yeltsin también ha recurrido a los dudosos servicios de Voloshin para hacerse con una parte de los bienes del Estado.

En la imagen, Alexánder Voloshin, el "Rasputin" de Putin.

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